Mundo Obrero

LA "BATALLA" ELECTORAL

Escándalo en Comercio: globos amarillos y un curso express de “modelo sindical peronista”

La interna del PRO se coló en la elección sindical más grande del país. Carpetazos, jueces amigos, clausuras, patotas, padrones con miles de muertos, trolls. Lecciones de la "asamblea" en Tierra Santa.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 11 de julio | 19:56

En momentos que escribíamos esta nota se estaba desarrollando la “asamblea” extraordinaria del Sindicato de Empleados de Comercio, donde se eligiría la junta electoral. Una “asamblea” que fue anulada por la justicia horas antes de su inicio y, mientras se desarrollaba, el predio donde fue citada recibió una faja de clausura de la Secretaría de Seguridad del gobierno porteño. Tal como era de imaginar, antes que se oculte el sol, una voz aturdidora anunciaría “el exitoso final del proceso democrático”. Todo, ante la atenta mirada de los “veedores” de Jorge Triaca.

El debate sobre la validez de la “asamblea” ya estaba abierto.

Es que las elecciones de Comercio (SEC) se han convertido en una telenovela. O un policial. Pero también una posibilidad de hacer un curso acelerado sobre cómo funciona el “modelo sindical” en nuestro país. Aproveche que es gratuito y quedan pocas vacantes.

Todo comenzó cuando Ramón Muerza, secretario de organización, amigo de Alfredo Coto y hasta hace poco ladero de Cavalieri, decidió armar una lista opositora al eterno “Gitano”. El desafío retumbó en la CGT: Comercio es el sindicato más grande de Latinoamérica, con 1,2 millones de trabajadores bajo convenio, 430 mil afiliados, 2 millones de beneficiarios en la Obra Social. Pero también retumbó en las huestes del PRO. Desde el principio, el ministro de Trabajo se alineó con el viejo amigo de su padre, así como otros ministros de peso. En cambio, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal le dieron respaldo a Muerza. Las cadenas supermercadistas y comerciales también ponen sus fichas.

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A partir de allí se desató una guerra que incluyó todo tipo de carpetazos, acusaciones y maniobras.

La primera entrega del curso se podría llamar “Las obras sociales como botín”. En marzo un allanamiento irrumpió en la sede sindical. Cavalieri y los directivos de Osecac fueron acusados por una maniobra para defraudar a la obra social de los trabajadores mercantiles, en por lo menos 50 millones de pesos. Para muchos fue el primer coletazo de la interna pero también de la disputa por la caja más grande.

La segunda se titula “Carrefour: el ajuste express”. En abril la cadena francesa anunció su decisión de desprenderse de locales y trabajadores. Cavalieri anunció un acuerdo que implicaba 1000 retiros voluntarios y perjuicios salariales. Muerza aprovechó para iniciar un conflicto que lo mostrara opositor, pero el acuerdo fue aprobado con pequeños cambios. Desde ese momento, se cerraron 8 sucursales de la cadena francesa. Nadie hizo nada.

"Personal" del Sindicato de Comercio entrando hoy a la "asamblea" en Parque Norte

Pero la parte más interesante del curso se está dando en estos días. El tercer módulo es “Sindicalismo de barras y tribunales”. Todo comenzó con un cruce de denuncias: la oposición aseguró que Cavalieri realizaba la asamblea en Parque Norte para que no ingresen muchos afiliados y había contratado patovicas y barras de Boca. El oficialismo aseguraba que, por el contrario, era “la banda de Ramón” quien llevaría barras de All Boys y River y causaría incidentes. Pero no llegaron a las manos, definieron los expedientes. Este lunes, el Juez Fernando Alfredo Vilarullo le dio curso a una medida cautelar presentado por Ramón Muerza ante la realización de la “asamblea extraordinaria”. Para el Juzgado Laboral N° 76, Parque Norte no reunía las condiciones para realizarla, ya que no entraban la cantidad de afiliados previstos. Además, el fiscal Guillermo Marijuán difundió una causa en la que investiga la presencia de 5488 muertos en el padrón que se usaría para las elecciones. El oficialismo. sin embargo, consiguió en tiempo récord un rechazo a la suspensión por parte de la jueza Cecilia Mónica Lourido y otro del Ministerio de Trabajo. Según lo que pudo saber La Izquierda Diario Alberto Tomassone, abogado de Cavalieri, ayer se mostraba confiado en la batalla judicial, pero desde la oposición insistían que "Armando está en la ilegalidad".

En las últimas horas, estamos presenciando una de las clases magistrales del breve curso que nos brinda el SEC: “La pesada mano del Estado”. El mismo miércoles por la mañana, Cavalieri trasladó la asamblea a Tierra Santa, un parque temático que construyó en los 90 con la ayuda de varias empresas y la bendición del Episcopado. Al enterarse que la asamblea se realizaría igual, Muerza habló con sus amistades en el Gobierno de la Ciudad. Entonces la Secretaría de Seguridad (¿relación con una asamblea sindical?) clausuró el predio del gremio “por obstrucción de un procedimiento”. Pero la maniobra ya estaba en marcha. Allí estaba todo el aparato de los “azules”, los empleados del sindicato, los delegados que responden al oficialismo y trabajadores que no tenían muy claro de qué se trataba la cosa. Además, el Gitano también había pegado un “tubazo” a sus amigos del PRO. Jorge Triaca envió a los veedores del Ministerio para otorgarle “legalidad” a la elección de junta, que finalmente serán todos hombres del cavalierismo.

En tanta rosca nadie piensa en los cientos de miles de trabajadores y trabajadoras de supermercados, tiendas, call centers o tercerizados del gremio.

Ahora vienen, sin dudas, nuevas batallas en los pasillos de los tribunales, los ministerios y los celulares del PRO. Pero también una oportunidad para entender mejor cómo funciona el modelo sindical peronista sostenido por todos los gobiernos de turno.

Un modelo sindical donde las cúpulas están cada vez más alejadas de los intereses y las condiciones de vida de sus representados. Con hombres como Cavalieri, o tantos dirigentes de la CGT, que gana en un mes lo mismo que gana una cajera o una empleada de un call center en 2 años.

Un modelo sindical donde “Don Armando” se puede perpetuar en su sillón 35 años, pero lo mismo hacen y buscan sus opositores.

Un modelo sindical donde "el ajuste se negocia", como en Carrefour, o sea que los platos rotos los pagan siempre los trabajadores.

Un modelo sindical donde no existe la democracia obrera, porque las minorías no tienen representación, los sectores combativos pasan a ser parte de las “listas negras” de los burócratas y los gerentes de recursos humanos, no existen las asambleas para discutir cuánto pedir de salario o cómo enfrentar los despidos.

Un modelo sindical que cruza carpetazos en tribunales para dirimir sus internas. O recluta patotas por si las cautelares no alcanzan, lo mismo que hacen para apretar a cualquier activista que no responda a sus mandatos.

Un modelo sindical donde el Estado regimenta la vida de las organizaciones gremiales, distribuyendo los fondos de las obras sociales, validando o no sus “asambleas” y estatutos, otorgándoles o no su personería, metiéndose en sus elecciones y apretándolas económicamente o con resoluciones ministeriales.

Un modelo sindical que no va más.







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