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MEDIO ORIENTE

Estados Unidos estuvo a diez minutos de lanzar una guerra contra Irán

Trump aseguró este viernes que estuvo a punto de lanzar un ataque contra Irán, que fue suspendido cuando los aviones ya estaban en el aire. Aumenta la tensión y las posibilidades de terminar desatando un conflicto, que aunque indeseado termine siendo inevitable.

Viernes 21 de junio | 14:52

En la noche del jueves 20 de junio, Estados Unidos estuvo a unos escasos 10 minutos de iniciar una guerra con Irán. La escalada había pegado un salto luego del ataque contra dos buques petroleros comerciales en el Golfo de Omán por la cual el gobierno norteamericano responsabilizó a Irán.

El segundo acto fue el derribo por parte de la Guardia Revolucionaria iraní de un dron espía de Estados Unidos que estaba violando su espacio aéreo.

El presidente Trump dio la orden de responder con un ataque militar limitado contra radares y baterías de misiles. Pero retrocedió minutos antes de iniciar el ataque, supuestamente porque le informaron que podrían morir unas 150 personas en el bombardeo. Trump adujo entonces una razón de proporcionalidad: un dron por 150 bajas le pareció too much y aclaró que Estados Unidos tenía todo el tiempo –y los recursos militares- del mundo para atacar a Irán.

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En este primer round el régimen iraní se anotó un punto. Apareció desafiando las sanciones, anunció que intensificará el ritmo de su programa nuclear y envió un mensaje hacia Washignton pero también hacia sus “aliados” que todavía apuestan por el acuerdo nuclear: que va a responder ante cualquier incursión militar en su territorio. Para los buenos entendedores, que va a aguantar la presión de las sanciones y no le hace asco a una guerra asimétrica.

A diferencia de los ataques contra los buques, negados por Teherán, esta fue una acción reivindicada públicamente como un acto de estado por parte de la Guardia Revolucionaria Iraní. Sin embargo, nadie puede decir con claridad qué significan estas pequeñas señales de ventaja táctica en el marco de que no ha podido quebrar el cerco de las sanciones con el que Estados Unidos espera privar a Irán prácticamente de comerciar su petróleo y así someterlo a sus designios.

El objetivo de Estados Unidos y sus aliados –Arabia Saudita e Israel- no es solo el programa nuclear, sino sobre todo hacer retroceder la influencia regional de Irán que fue incrementándose luego de que Estados Unidos derrocara al régimen de Saddam Hussein en Irak, y hoy llega hasta el Líbano, Siria y Yemen, en estos dos últimos países, envueltos en guerras sangrientas y prolongadas que los llevan a aceptar el apoyo de la república islámica.

Estas 24 horas vertiginosas dejaron en claro que Estados Unidos no tiene una estrategia coherente, más allá del estrangulamiento económico, después de haber abandonado la estrategia de apriete multilateral que había ideado Obama para mantener a raya al régimen de los ayatolas.

Trump osciló entre amenazar a Irán con ataques punitivos y sugerir, contra toda evidencia, que el derribo del dron no había sido intencional. Esta política errática expresa las divisiones en la Casa Blanca y el aparato estatal entre los neoconservadores –Bolton y Pompeo- que empujan por una política abiertamente guerrerista; y el ala más realista –principalmente el Pentágono- que ve que sería una aventura militar con un costo mucho mayor al de la guerra y ocupación de Irak.

Trump dice que no quiere una guerra, que intuye impopular para su campaña por la reelección, en la que según los medios, arranca desde atrás. Pero la escalada puede desarrollar su propia lógica y terminar desatando un conflicto que de indeseado se transforme en inevitable. Esta semana pareció acercarse peligrosamente.







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