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"Faltamos en la radio": a un siglo de su creación, el lugar de las mujeres y la diversidad

La radiofonía es uno de los fenómenos culturales más importantes del siglo XX, y por eso importa pensar en la participación que tenemos en ella las mujeres y disidencias. Un repaso por los orígenes y por la situación hoy.

Sol Bajar

@Sol_Bajar

Viernes 28 de agosto | 19:17

Foto: archivo Radio Nacional

La radiofonía es uno de los fenómenos culturales más importantes del siglo XX, y por eso importa pensar en la participación que tenemos y hemos tenido en ella las mujeres y disidencias.

A 100 años de su creación, de esa primera aparición de "los locos de la azotea" en el techo del Teatro Coliseo, nuestra participación fue creciendo, ganando espacios, aunque en determinados puestos y con determinados alcances.

Este jueves, en Alerta Spoiler, Agustín Espada hablaba entre otras cosas de su historia y su actualidad, y señalaba, con justeza, que la radio es un medio "humilde y generoso", que se reconoce a sí mismo como un medio "que acompaña". Y es cierto...y aunque comparto, confieso que la expresión me quedó resonando.

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Las primeras

Por un lado, porque pensaba en cómo fue y cómo sigue siendo el acceso de las mujeres a la radio; qué pasó en estos años de desarrollo del movimiento feminista, de la marea verde, porque además recordemos que el #NiUnaMenos vino de ahí, de radialistas como Marcela Ojeda, que un día se encontraron en la calle, cubriendo otro femicidio, y expresaron su bronca diciendo Ni Una menos. Poniendole voz a un hartazgo que en los medios permanecía camuflado en secciones de poliaciales.

Pero la historia de las mujeres en la radio, obviamente no es nueva, no se limita a Argentina y tampoco a sus figuras. Aunque si hay que hablar de las pioneras, es ineludible mencionar a Paloma Efron, una joven entrerriana precursora en la conducción y en la producción radial, que nació en 1912 y que a los 21 años incursionaba en la radio, dos años después de su creación, y luego de iniciar su carrera como cantante de jazz.

Blackie, como la llamaban, fue una mujer que aún con contradicciones y polémicas, desafió todos los mandatos que en esas primeras épocas se imponían para las mujeres en los (pocos) casos en que lograban acceder al mundo de la radio, y luego, de la televisión. Allí donde solían aparecer como cantantes, como actrices de radioteatro, como locutoras, como lectoras de las tandas publicitarias, pero nunca, nunca, como conductoras de programas. Y a Blackie, eso, no le gustaba.

"Como autodidacta, llegó a dominar, además del español, el idish, el hebreo, el inglés, el francés, el italiano, el portugués y el alemán. Le interesaron la música y la actuación, y a los 20 años se fue a vivir sola", cuenta Myriam Escliar en una entrevista a Página 12 del año 2008.

La autora de "Blackie, con todo respeto", una biografía novelada que se mete en la intimidad de esta mujer de familia judía y anteojos oscuros, destaca un rasgo de mucha actualidad para quienes se animan a meterse en el mundo de la radio: "estaba todo el tiempo rompiendo barreras, y con eso les abrió las puertas y sobre todo los ojos a muchas mujeres de la época. A fin de cuenta, si ella, en su doble calidad de mujer y judía, había podido, las demás también podíamos.”

Hinde Pomeraniec le dedicó un libro, "Blackie, la dama que hizo hablar al país", y Alberto Ponce, realizador de Concordia (Entre Ríos, donde nació Paloma), le dedicó un documental: "Blackie, una vida en blanco y negro", que la recuerda destacando una de sus habilidades para la conversación, de la que hay pocos registros. La que protagoniza el documental, que combina testimonios con recreaciones y material de archivo, cruzando lenguajes y líneas temporales para reconstruir la vida de esta mujer, es Dora Baret.

Pero ella es una de las que llegó. Y ese es un aspecto. El otro, porque es verdad también que la radio es “segunda”, o “hace la segunda”, es el que hace a la radio como compañía de muchas mujeres, sobre todo en el trabajo en el hogar (propio o ajeno), desde hace 100 años. La radio les hace "la segunda".

Pero las mujeres, que todavía hoy son una de las principales oyentes matutinas de la radio, tienen escasa participación en el medio que las busca como uno de sus públicos matutinos predilectos.

Faltamos en la radio

Según el segundo informe de la productora de contenidos feministas "Nos quemaron por brujas" (NQPB), que se titula "Faltamos en la radio 2020", los programas de la primera mañana más escuchados de acuerdo a IVOPE, en las emisoras AM y FM de la Ciudad de Buenos Aires, pertmite concluir que la subrepresentación de mujeres, de las personas trans, lesbianas y travestis en la radio, es enorme, y esa también es una forma de violencia y de discriminación que persiste.

"Analizamos los programas más escuchados y el resultado fue que por ejemplo en la conducción, las personas que estaban al frente de esas emisiones son mayoritariamente varoines: en 2017 el porcentaje era del 69%, en 2020 el porcenate auentó y es del 78%, así que ese es uno de los datos que nos muestran una foto de lo que está sucediendo", dice Jesica Farias, integrante de "Nos quemaron por brujas".

Pero hay un dato contundente: hoy mismo, no 100 años atrás, el 78 % de las personas que conducen programas radiales son varones, es decir, un 22 % está a cargo de mujeres, lo que evidencia cómo son las trayectorias profesionales en el medio.

Pero igual recordemos que estamos hablando de Ciudad de Buenos Aires, porque en Mendoza, por dar un ejemplo, la situación es muy distinta: las mujeres se concentran en “espectáculos” y “locución”.

El Informe de NQPB muestra que hay áreas del trabajo radial donde las mujeres y personas trans directamente están ausentes, como en la operación y los deportes.

Natalia Bravo, de Operadoras Autoconvocadas, muestra otra cara de esta situación. "Nos dimos cuenta que en nuestros lugares de trabajo éramos una minoría abismal".

"Las condiciones de trabajo en las cuales nos desarrollábamos son muy injustas y hay en situaciones mucha violencia o mucha exclusión solo por nuestro género, y no es casual. Entonces decididmos hacer un relevamiento para tener datos, que se visibilice, porque no es ninguna casualidad que haya un 17% de mujeres en la operación técnica, en la edición". "En pocas ocaciones opcupan lugares centraes, siempre somos suplentes o estamos en lugares difíciles", cuenta.

Esto, por supuesto, no habla solo de la situación de las mujeres en la radio, también de las trayectorias “permitidas” para las mujeres en general. De los mundos a los que podemos acceder o no, aún en pleno siglo XXI, y si accedemos, de cómo accedemos. Algunas corrientes del feminismo hablan por eso de “techos de cristal” y de “paredes” de cristal.

Otro dato que surge del informe: donde sí tenemos más presencia es en la locución. Según los viejos manuales de radio, las voces “dulces”, “suaves”, podríamos agregar “erotizadas” de las mujeres, siempre son muy necesarias para embellecer el aire
de una radio.

Contra muchos pronósticos, tampoco estamos en la producción periodística en la misma proporción que los varones, o en la coordinación del aire. Y ni hablar, como decía, de los lugares de decisión.

En cien años, ¿cuánto cambió la participación de las mujeres en la radio? ¿cuánto se reproduce ese imaginario en otros ámbitos? ¿Y dónde se espera que estemos, si siempre estamos detrás de la escena?

Como señalaban ayer desde NQPB, “no ejercemos con plenitud nuestro derecho a la libre expresión y la comunicación si apenas somos el 30% de les laburantes de los medios”, y por supuesto que adherimos.







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