Cultura

TRIBUNA ABIERTA / MÚSICA

Fin de tu fetichismo beatle

Quisieras haber sido el quinto. Componer con John y Paul. Tocar en la azotea. Ser la morsa. Cantar al mundo que amor es todo lo que necesitamos. Cruzar Abbey Road. Meditar en la India. Que te ensordezca el griterío de un estadio repleto de fans enajenadas. Meter #1 en las listas. Que tu música cambie la cultura. Vivir el sueño…Lo siento…No hay cuentos de hadas en la industria cultural capitalista.

Viernes 15 de mayo de 2015 | Edición del día

O me decís que sos capaz de escucharte de corrido de “Beatles for sale” a “Let it be”. Que aprendiste inglés escuchándolos. Que la japonesa tuvo la culpa. Que son la mejor banda de rock n’ roll de la historia, o aunque no lo fuesen no te importa, porque ponés cualquier tema (o ESE que tanto te gusta) y flotás. Te hacen olvidar cualquier problema, empezar el día con una sonrisa o ver todo con más optimismo, con esa su particular magia que llegaste a adorar, el instantáneo endulzamiento de sus melodías mientras te besan el oído. Que llegaste a conocerlos tan bien. El romanticón y simpático Paul. El irónico y talentoso John. El serio y filosófico George. El sentimental Ringo. ¡No te extraña que otros quieran vivir sus vidas! Fue raro, pero al menos una vez fuiste a ver a Los Beats. Al menos para sentir su música en vivo. Leés sobre ellos, te sabés las historias detrás de cada canción, viste sus películas y todos los capítulos de la “Antología”. Escuchando “¡Socorro!” por vigésimo segunda vez soñás despierta con lo fabuloso que habrá sido vivir todo aquello, ser parte de ese excepcional estado de gracia que diera como producto tantas hermosas canciones que fascinarán y gratificarán todavía a muchas generaciones más. Te gusta imaginar que fue obra del destino, que los cuatro fueron tocados por esa buena estrella, que coincidieron en el lugar y momento justos para obsequiarnos a todos esta maravillosa música, que desde el 60’ hasta el 70’ fue un interrumpido vivir en-sueño. ¿Cómo podría ser de otra manera, escuchando lo que les escuchás? Ni se te ocurre suponer una manchita en el idilio.

Ay, baby….

Ahora me toca hacer del malo. Ser el que le dice a los chicos que Papá Noel no existe. A un kirchnerista que Perón ídem. A un comunista que Fidel ídem. Justo a vos piba, que empezaste una banda, que lo primero que aprendiste a tocar fue “Yes it is”. Justo a vos pibe, que te colgaste sus pósters. Pero si se trata de entender todavía más cómo la música y sus artistas bajo el capitalismo no son más que otra mercancía vendible, imaginario popular aparte. Si se trata de descorrer la ornamentada apariencia para ver los granos debajo de la industria musical, debemos poder hacerlo aún con sus productos que nos sean más caros y más nos gusten, los que más hayamos disfrutado, inocentemente obnubilados. Tour de forcé, hacerlo con tus Beatles te puede sellar el concepto, a coste de unos renglones de fea presión. Quien quiera conservar las pre-imágenes de lo que tomaba ser un beatle con las que entró, debería dejar de leer AHORA.

Porque mucho se ha escrito y leído sobre los conflictos internos de los mop-tops, sus rencillas personales, quién opacaba a quién, qué ego se imponía, cuánto rarificaba los ánimos en el estudio la intransigente simbiosis de John con Yoko, etcétera, etcétera. Al grado de crearnos la concepción de que dichas conflictividades, de carácter personal (inevitables en cualquier grupo social que comparte una década de trabajo interrumpido) eran el único tipo de problemática que su situación privilegiada podía exudar. En una palabra: los Beatles vivían en una burbuja primorosa, su propia creatividad era su única preocupación y ocupación, y lo único que podía resquebrajar esa burbuja eran las miserias y enemistades personales.

Menos (o más bien, poco) hemos escrito o leído sobre la disconformidad de los mismos Beatles para con el sistema en el que se vieron envueltos. Probablemente no sea casualidad que se hayan popularizado más las críticas que se escupían entre ellos que aquellas destinadas al sistema de producción o “escena musical” con las que tuvieron que transar para tener el éxito que tuvieron. Esta coptación fue en su momento reflejada, por la positiva, por Lennon al decir que “es más fácil componer sentado sobre almohadones que sobre el suelo”; habían dejado de ser la bandita de pibes ingleses que tocaba en el distrito rojo de Hamburgo o en el humilde Cavern Club; ahora una discográfica los apadrinaba. Sería Lennon himself, no obstante, quien años después sacaría los trapos sucios al sol, toda la vieja porquería de la podredumbre del medio con el que tuvo que convivir durante su etapa beatle. El veneno que derrama su crítica y autocrítica nos dejan brutalmente en claro que, internas hubo, pero lo que los rodeaba no era para nada “mágico”.

Lennon nos da un poco de (cruda) verdad

Ya previamente en La Izquierda Diario se ha tocado el costado político y contestatario del compositor de “Revolución”, “La mujer es la negra (nigger) del mundo” y “Poder para el pueblo”, en la entrevista más política a John Lennon. Lo que aquella tuvo de enfoque político, la que citaremos a continuación lo tiene de honestidad brutal. El marco fue una entrevista de Jann Wenner en enero de 1971.

Mañana publicaremos la segunda parte de la nota con extractos de la mítica entrevista.







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