Cultura

TRIBUNA ABIERTA // MÚSICA

Fin de tu fetichismo Beatle, segunda parte

Sábado 16 de mayo de 2015 | Edición del día

Ayer comenzábamos la primera parte de este artículo diciendo: “Quisieras haber sido el quinto. Componer con John y Paul. Tocar en la azotea. Ser la morsa. Cantar al mundo que amor es todo lo que necesitamos. Cruzar Abbey Road. Meditar en la India. Que te ensordezca el griterío de un estadio repleto de fans enajenadas. Meter #1 en las listas. Que tu música cambie la cultura. Vivir el sueño…Lo siento…No hay cuentos de hadas en la industria cultural capitalista.” . Prosigamos.

Lennon nos da un poco de (cruda) verdad

Ya previamente en La Izquierda Diario se ha tocado el costado político y contestatario del compositor de “Revolución”, “La mujer es la negra (nigger) del mundo” y “Poder para el pueblo”, en La entrevista más política a John Lennon.

Lo que aquélla tuvo de enfoque político, la que citaremos a continuación lo tiene de honestidad brutal. El marco fue una entrevista realizada por Jann Wenner en enero de 1971. Pese a que en varias ocasiones el ex – Beatle, débilmente, repite que “no quiere hablar sobre estas cosas”, concluiría por desembuchar sin duda una de las entrevistas más duras que se le recuerdan. Apenas un año lo separaban de la ruptura oficial de los Beatles, y sabiendo que Lennon podía ser cruel cuando se lo proponía, la virulencia de sus palabras pudo ser tanto incidental como catártica. Ustedes decidan. En toda su extensión, palos a Paul y a muchos otros no escasean, pero nos limitaremos a reproducir aquéllos fragmentos en los que despotrica sin filtro contra las condiciones y contradicciones del medio que los hizo Beatles con el mismo rigor con el que se reprueba esa connivencia grupal. Adoradores in-condición-ales de los Beatles, les recomiendo que dejen de leer AHORA.
Sin más advertencias, Lennon, en su propia lengua:

Lennon: […] los Beatles son otro mito […] nosotros nos creímos el mito beatle también. No sé si los otros todavía se lo creen. Éramos cuatro tipos. Sólo fuimos una banda que “lo logró” y la hizo muy, muy en grande, sólo eso. Nuestro mejor trabajo nunca fue grabado.

Wenner: ¿Por qué?

L: Porque éramos músicos para escuchar en vivo, en Liverpool, en Hamburgo y en otros lugares de baile. Lo que generábamos era fantástico cuando sólo tocábamos rock y nadie nos conocía en Inglaterra. Apenas la pegamos, la pegamos, pero el centro se nos movió. Pasó que Brian (Epstein, descubridor y mánager de los Beatles) nos hizo usar trajes y todo eso y la hicimos muy, muy en grande. Pero nos vendimos, ¿sabes? La música ya estaba muerta antes de que saliéramos de tour por Inglaterra. Ya nos sentíamos para la mierda porque tuvimos que acortar el concierto de una hora o dos a veinte minutos, que en cierta medida nos alegraba, pero salíamos a repetir los mismos veinte minutos todas las noches. La música beatle murió entonces, como músicos. Por eso nunca mejoramos como músicos. En ese momento nos suicidamos, para poder pegarla. Y ahí se acabó. George y yo somos más propensos a decirlo; siempre extrañamos los clubes porque ahí era cuando estábamos tocando música, después nos volvimos artistas técnicamente-eficientes que grababan, que es otra cosa diferente. Éramos gente competente, que en cualquier medio que nos pusieran hacíamos algo que valía la pena
[…] En “Hard Day’s Night” estaba empastillado. Es una droga más fuerte que la marihuana. Empecé con las pastillas desde los 15, no, desde los 17, desde que me hice músico. La única forma de sobrevivir en Hamburgo, de tocar ocho horas todas las noches, era con pastillas. Los mozos te daban pastillas y alcohol. En la escuela de arte me la pasaba borracho. Siempre necesité una droga para sobrevivir. Los otros también, pero yo siempre tomé más, más pastillas, más de todo, probablemente porque estoy más loco […]

W: En el libro de Hunter Davies, la “biografía autorizada”, dice que…

L: No quedó escrito ningún hecho real de mi hogar. Mi tía escamoteó los hechos verdaderos de mi infancia y de mi madre, y yo se lo permití. No quedó nada de las orgías o de la porquería que sucedía mientras estábamos de gira. Yo quería que saliera un libro real, pero todos teníamos esposas y no queríamos herirlas. No hablo más. Porque todavía tienen esposas. Los tours de los Beatles eran como la película de Fellini “Satyricon”. Teníamos esa imagen. Nuestros tours eran algo aparte. Sí que eran “Satyricon”

W: Iban a una ciudad…o a un hotel y…

L: Adondequiera que fuésemos, siempre se armaba algo, teníamos cuatro cuartos separados. Tratábamos de mantenerlas fuera del cuarto. Los cuartos de Derek (Taylor, agente de prensa de los Beatles) y Neil (Aspinall, manager durante las giras) estaban siempre llenos de basura y prostitutas y quién sabe qué más, y además policías. ¡“Satyricon”! Teníamos que hacer algo. ¿Qué más podés hacer cuando el efecto de las pastillas no se te baja y es hora de irse? Solía mantenerme despierto toda la noche con Derek, nunca podía dormir, era un ambiente muy pesado. No las llamaban “groupies” en esos tiempos, las llamaban de otra forma, y si no nos conseguíamos groupies, traíamos prostitutas o lo que sea.

W: ¿Quién arreglaba todo eso?

L: Derek y Neil, ése era su trabajo, y el de Mal (Evans, asistente de los Beatles) pero no voy a profundizar en eso.

W: Como empresarios en una convención.

L: Cuando caíamos en una ciudad, caíamos de verdad. Hay fotos mías saliendo de burdeles en Amsterdam, y cosas así. La policía me escoltaba a esos lugares, porque no querían que se arme un escándalo, ¿sabés? En verdad no quiero hablar sobre eso porque va a lastimar a Yoko. Y no es justo. Suficiente con decir que las giras eran como “Satyricon” […]

Hay un libro mejor acerca de los Beatles, de Michael Brown, “Love me do”. Ése fue un libro genuino. Él nos describió como realmente éramos, unos bastardos. No podés ser de otra forma en una situación así con tanta presión, y nos desquitábamos con gente como Neil, Derek y Mal. Tuvieron que aguantar mucha mierda de nosotros, porque estábamos en una posición tan de mierda. Esas cosas Davies las dejó afuera, acerca de cuán bastardos éramos. Bastardos famosísimos, eso eran los Beatles. Tenés que ser un bastardo para pegarla, es un hecho, y los Beatles son los bastardos más grandes sobre la Tierra.

Yoko Ono: ¿Cómo se las arreglaron para mantener una imagen tan limpia? Es increíble.

L: Todos quieren que “la imagen” continúe. Vos querés que continúe. La prensa alrededor también, porque quieren la bebida gratis y las prostitutas gratis y la diversión; todos quieren mantener el tren andando. Nosotros éramos los Césares; ¿quién nos iba a derribar cuando todavía podíamos hacer un millón de libras más?

Toda la corrupción, las coimas, la policía, la propaganda mediática. Todos querían un pedazo, es por eso que algunos todavía quieren aferrarse a ello: “No nos quiten Roma, no una Roma portátil en la que todos podemos tener nuestras casas y nuestros autos y nuestras amantes y nuestras esposas y nuestras secretarias y fiestas y alcohol y drogas, no nos lo saquen, o si no estás loco John, estás loco, el tonto de John que nos quiere sacar todo” […]

W: ¿Cómo era salir de gira? Tenían a inválidos que se les tiraban encima.

L: Eso era por lo que teníamos que pasar. La gente nos tocaba mientras pasábamos a su lado, ese tipo de cosas. Adondequiera que fuésemos, se suponía que no teníamos que ser normales y se suponía que teníamos que soportar todo tipo de mierda de gobernadores y sus esposas, que nos toquen o arañen como en “Hard Day’s Night”, un millón de veces más, como en la embajada norteamericana o la embajada británica en Washington o dónde fuera, en la que un maldito animal le cortó el pelo a Ringo. Yo me salí de todo eso. Ya me olvidé, ¿cuál erala pregunta?
W: Los inválidos...

L: Adondequiera que fuésemos de gira, ya sea en Inglaterra o adónde fuésemos, siempre había reservados unos asientos para los inválidos o gente en silla de ruedas. Porque éramos famosos, se suponía que teníamos que recibir a epilépticos o lo que fuera en nuestros camerinos todo el tiempo. Se suponía que teníamos que ser “buenos”, y en verdad lo único que querés es estar solo. No sabés que decir, porque casi siempre te dicen “Tengo tu disco” o no pueden hablar y sólo quieren tocarte. Siempre es la madre o la enfermera quienes los fuerzan, si fuera por ellos te dirían hola y se irían pero las madres te los arrojan encima como si fueras Cristo o algo, como si vos tuvieras un aura que pudiera pegárseles. Simplemente se volvió así y nosotros solíamos reservárnoslo. Era simplemente terrible: salías al escenario cada noche y en vez de ver pibes veías una primera fila llena de discapacitados. Parecía que estábamos rodeados de inválidos y ciegos todo el tiempo y cuando íbamos por los corredores todos ellos nos tocaban y ese tipo de cosas. Era espantoso […]

W: ¿No te aturdió en ese momento que se suponía que debían poder hacer al inválido caminar y al ciego ver?

L: La broma interna era que se suponía que debíamos curarlos; el tipo de cosas que uno dice porque es cruel decirlas. Nos sentíamos mal por ellos, como cualquiera haría, pero sentís como vergüenza cuando estás rodeado de gente ciega, sorda e inválida. No había mucho que pudiésemos decir, ¿sabés? Con la presión de tocar y rendir. Cuanto más grandes nos volvíamos, más surrealismo debíamos enfrentar, más cosas se esperaban de nosotros, cuando quizás no le dabas la mano a la esposa del gobernador, ella podía empezar a recriminarte y a gritarte diciendo “¿Cómo se atreven?”. Hay una anécdota de Derek en la que nosotros estábamos durmiendo después del show en un hotel en Estados Unidos y la mujer del gobernador cae y dice algo como “¡Despiértenlos, quiero verlos!”, y cuando Derek le dijo que no nos iba a despertar, empezó a gritar “Despertálos o le digo a la prensa”. Siempre estaba esa: siempre nos amenazaban con contarle a la prensa sobre nosotros si no veíamos a su maldita hija con aparatos en los dientes. Siempre era la hija del jefe de policía o la del gobernador, los pibes más insoportables –por tener los padres más insoportables- que estábamos forzados a ver todo el tiempo. Las experiencias más humillantes eran como la de estar sentado con el Gobernador de Bahamas, mientras rodábamos “Help!”, y éramos insultados por estos malditos creídos bastardos y zorras de clase media que comentaban acerca de que éramos de clase obrera y nuestros modales. Yo siempre estaba borracho, insultándolos. No podía soportarlo.

Me lastimaba. Me desencajaba, insultándolos. Tenía que hacer algo. No podía tolerarlo. Todo ese asunto fue feísimo, una maldita humillación. Uno tiene que humillarse completamente para ser lo que los Beatles fueron, y por eso me recrimino. No sabía, no lo esperé. Sucedió de a poco, gradualmente, hasta que esa completa locura te rodea y te ves haciendo exactamente lo que no querías hacer con gente a la que no podés soportar, gente a la que odiabas a los diez años. Y eso es lo que estoy diciendo en este nuevo álbum- Me acuerdo de qué se trataba bastardos, ¡váyanse al carajo! Eso es lo que estoy diciendo, no me van a agarrar dos veces
[…]

W: ¿Lo querrías de vuelta?

L: ¿Qué cosa?

W: Ser un Beatle

L: Si pudiera ser un maldito pescador, lo haría. Si tuviera la capacidad para ser algo más que lo que soy, lo haría. No es divertido ser un artista. Vos sabés lo que es, escribir, es una tortura. Leo sobre Van Gogh, Beethoven o cualquiera de esos malditos. Si hubieran tenido psiquiatras, no tendíamos los grandes cuadros de Gauguin. Estos bastardos nos están exprimiendo hasta morir; eso es todo lo que podemos hacer, ser como animales de circo.

Fin de tu fetichismo beatle

Apéndice: “Los Beatles cambiaron el mundo” y otras boberías

Wenner: ¿Qué efecto creés que tuvieron los Beatles en la historia de Inglaterra?

Lennon: No sé acerca de la “Historia”; la gente que está en control y en el poder y el sistema de clases y toda la puerca burguesía es exactamente la misma, excepto que hay un montón de pibes maricas de clase media con pelo largo caminando por Londres con ropa a la moda. Fuera de eso, no pasó nada. Los mismos bastardos están en control, la misma gente está manejando todo. Es exactamente lo mismo. Todos hemos crecido un poco, ha habido un cambio y todos somos un poquito más libres y todo, pero es el mismo juego. Mierda, están haciendo lo mismo, vendiéndoles armas a Sudáfrica, matando negros en las calles, la gente vive en la maldita pobreza, con ratas subiéndoseles. Te hace querer vomitar, y desperté a todo eso también







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