Cultura

ANIVERSARIO

George Harrison: hoy tenemos nuestra mente puesta en vos

El ex Beatle hoy cumpliría 73 años, excusa suficiente como para repasar parte de su historia, su papel en la banda más influyente de la historia, sus proyectos alternativos y su gran carrera solista.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Jueves 25 de febrero de 2016 | Edición del día

Si el sólo hecho de haber sido miembro de la banda de música popular más influyente de todos los tiempos –The Beatles- alcanzaba para hacer de George Harrison uno de los músicos más importantes de la historia, él se encargó de demostrar sus propios méritos más allá de los “fab four”. Harrison fue de los cuatro el que más creció como solista en relación a su papel junto a John, Paul y Ringo.

La dupla compositiva Lennon-McCartney era imbatible y tanto John como Paul tenían personalidades muy fuertes. George Harrison, que nació un 25 de febrero como hoy pero de 1943, tenía que lidiar además con ser el más chico, el más tímido y por lo general quedar –muchas veces injustamente- subestimado por sus colegas y por el propio George Martin (productor del grupo). En parte porque fue desarrollando su talento y mejorando su técnica como guitarrista con el correr de la carrera de los Beatles y en parte por un problema de personalidad propia, Harrison estaba demasiado contenido en el esquema de los “fabulosos 4”. Aunque a pesar de eso logró influenciar al conjunto con sus creencias religiosas basadas en el hinduismo y musicalmente aportó piezas fundamentales como “Here comes the sun”, “While My Guitar Gently Weeps” y “Something”.

“Don´t bother me”, primer tema compuesto por Harrison para The Beatles

Cuando la estrella de los Beatles comenzaba a apagarse y la separación estaba en el horizonte hizo sus primeros intentos solistas sin mayor trascendencia: un disco de música oriental (Wonderwall music, 1968) y otro experimental (Electronic sound, 1969) en los que garabateaba cómo sería su propia música sin ataduras.

Pero una vez separados los Beatles, Harrison evidentemente se sacó tal peso de encima que voló al pico más alto como músico: su disco All Things Must Pass es uno de los mejores de un ex Beatle en solitario. Una obra compuesta por 3 vinilos y 23 temas, para darnos una idea de todo lo que se tenía guardado el llamado “Beatle silencioso”. Se disparó como su primer gran éxito el tema “My Sweet Lord”, una loa al Hare Krishna que por otra parte le trajo algún dolor de cabeza por acusaciones de plagio (perdió un juicio en 1976 porque se determinó que el tema plagiaba inconcientemente a una canción del grupo soul The Chiffons). También temas como “Isn´t it a pity” o el que le da el título al disco llevaron a su primer trabajo solista los primeros puestos de todos los ránkings de 1970.

Luego le siguió otro buen disco como Living in the Material World (1973) y tuvo su primer recaída con Dark Horse (1974), compuesto en un momento de crisis personal por el divorcio con su primer esposa Pattie Boyd.

Antes de eso había organizado en 1971 un recital a beneficio de los refugiados de Bangladesh (que antes de independizarse sufrió un duro conflicto bélico como parte de Pakistán) junto al músico hindú Ravi Shankar y con la participación de otros músicos como Bob Dylan y su amigo Eric Clapton, que ese mismo año se editó en un recordadísmo álbum llamado Concierto para Bangladesh. Si bien el objetivo de brindar una ayuda significativa a los refugiados no llegó a cumplirse por desórdenes financieros, el arte de tapa con un niño de rasgos indios desnutrido con un plato vacío fue una imagen que recorrió el mundo y popularízó la problemática del hambre y las consecuencias de las políticas colonialistas en ese rincón del planeta.

Con ese concierto, Harrison inauguró la era de los recitales a beneficio de causas varias; todos con tan poca efectividad como aquel por Bangladesh pero que son aprovechados cada tanto por el establishment del Rock y sus figuras para legitimarse y alimentar ilusiones utópicas en “despertar la conciencia” de gobiernos imperialistas, como los “Live Aid” de los años ´80 o grabaciones como “USA for África”. Pero no sería nada justo pasarle la factura a Harrison de ese legado.

Entre otros discos interesantes como Thirty Three & 1/3 (1976) o Somewhere in England (1981), es con Cloud Nine (Nube 9, de 1987, su último disco solista en vida) que –por sus melodías y sonido más acorde a las necesidades de las radios FM- recupera vigencia y alcanza masividad en nuevas generaciones.

“Got my mind set on you”, hit inoxidable de su ultimo período.

Si no hubiera trabado amistad con decenas de músicos por fuera de su condición de estrella (¡un ex Beatle!) y sus creencias religiosas no hubiera sido posible una interesante aventura como la de The Traveling Wilburys, supergrupo que arma junto a Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lyne (de los Electric Light Orchestra). De esa experiencia quedan dos registros: los discos Traveling Wilburys Vol 1 y Traveling Wilburys Vol. 3 (nunca hubo un volumen 2, muestra del humor que manejaba Harrison).

Otra de sus pasiones fue el cine: financió y colaboró en producciones de sus amigos del grupo humorístico inglés Monthy Python, particularmente en la parodia a la historia de los Beatles (“The Rutles, All you need is cash”, donde aparece como un cronista de TV) y sobre todo en la célebre “La vida de Brian” donde también hace una participación como extra. Pese a sus firmes convicciones religiosas tuvo el humor y la apertura suficientes como para hacer posible una película que resulta una brillante parodia a la religión, la política y el cristianismo en particular.

En el 2001 se le diagnosticó un cáncer de pulmón a aquel hijo de un chofer de colectivos que supo ser un “Fab Four”; la afección terminó con su vida en pocos meses, el 22 de Noviembre. Había dejado algunas grabaciones inconclusas que completaron su hijo Dhani Harrison y su amigo Jeff Lyne y que editaron como álbum póstumo (Brainwashed, 2002).

Hoy cumpliría 73 años, pero en los 58 que vivió dejó una prolífica obra que vale la pena conocer y revisitar.







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