Internacional

TRIBUNA ABIERTA

Grecia, la victoria del “no”

Antonio Liz

Historiador, Madrid

Martes 7 de julio de 2015 | Edición del día

Fotografía: EFE

El 61,3% del “NO” en el referéndum del día 5 es toda una lección política del pueblo trabajador griego y de su juventud. Este contundente resultado, no previsto por ninguna encuesta ya que todas hablaban de un “empate técnico”, es una demostración bien visible de que el pueblo trabajador griego está más que harto de la política de la troika, que sólo quiere chupar la sangre de la clase trabajadora griega a través de menos salarios, menos prestaciones y menos jubilaciones.

Esta es la primera lección, la segunda la va a poner en escena Alexis Tsipras de inmediato negociando un acuerdo “aceptable” con la troika. Téngase en cuenta que Tsipras recurrió al referéndum porque la troika no le dejó otra opción. El primer ministro griego hubiese querido llegar a un acuerdo “aceptable” sin tener que convocar el referéndum porque los reformistas no creen en la movilización social, sólo en la negociación institucional. Así, es lógico que sólo conocerse los resultados Tsipras afirmara que era una victoria de todos, una victoria de la democracia.

Por lo tanto, desde ahora mismo en Grecia está la contradicción de un pueblo trabajador que quiere enfrentar a la troika y un gobierno que quiere negociar con ella. Esta contradicción basculará a la izquierda o a la derecha según lo que consiga o no consiga Tsipras en las negociaciones con la troika y al proceder del movimiento obrero.

Sobre el papel hay dos hipótesis, que Tsipras consiga un acuerdo “aceptable” con la troika o que esta se cierre en banda y permita la asfixia de los bancos griegos y el desencadenamiento de medidas que lleven a Grecia fuera del euro. La segunda hipótesis me parece improbable, prácticamente descartable. Y esto no por la generosidad de la troika, que no tiene ni pizca, sino por el interés que el Estado griego tiene en la geopolítica estadounidense. Para el gobierno imperialista de los EEUU no es asumible que el quehacer de la troika obligase a Grecia a buscar apoyo económico en Rusia y China lo que en un futuro llevaría en buena lógica a la salida de Grecia de la OTAN. Este es un escenario hipotético inadmisible para el gobierno de Barack Obama, y de cualquier otro presidente de los EEUU. Así, no es de extrañar que una vez que se convocó el referéndum saliese el FMI a decir públicamente que Grecia necesita una quita y unos 55 mil millones de euros para salir a flote. Y no es de extrañar porque el jefe real del FMI es el presidente de los EEUU.

Entonces nos quedamos con la hipótesis que la troika va a tener que llegar a un acuerdo “aceptable” con el gobierno de Alexis Tsipras. Está claro que el escenario actual no lo quería Angela Merkel, que deseaba profundamente la victoria del “si” para negociar con un “gobierno técnico” que no sólo sería más manso en la negociación sino al que se le podría otorgar un acuerdo menos doloroso que el que se le proponía al propio Tsipras porque entonces sería un triunfo de la sensatez sobre el populismo ya que no sería una troika que cede sino que da, lo que supondría una victoria política en toda la línea para la reaccionaria Merkel y sus discípulos. Pero este escenario se volatizó con el rotundo triunfo del “no”. Ahora la troika se verá obligada a negociar porque la estabilidad de la eurozona es también necesaria para los intereses geoestratégicos de los EEUU, lo que será una demostración más de que la burguesía estadounidense tiene más fuerza que la burguesía alemana.

Las negociaciones entre la troika y el gobierno de Tsipras no va a ser un camino de rosas porque Merkel se ve obligada a relativizar la victoria política que Tsipras ha obtenido con el referéndum por dos razones, por su propio electorado y para frenar en lo posible la expansión del reformismo por el sur de Europa. Así, va a darse una dura batalla política antes los focos mediáticos pero se va a llegar a un acuerdo “aceptable”.

Si esta hipótesis se cumple, Tsipras saldrá muy reforzado políticamente. Es más, se convertirá en el líder de la “nación” griega. Un líder reformista, pero líder, algo que no se recuerda en Grecia. Pero la victoria política de Tsipras tendría consecuencias más allá de sus fronteras, concretamente en el Estado español. En el momento en que el acuerdo “aceptable” entre la troika y Tsipras se firme el presidente del gobierno Mariano Rajoy pasará al status de cadáver político. Si las encuestas hasta ahora han dado para las próximas elecciones generales de noviembre un empate técnico entre PP, PSOE y Podemos a partir de la firma del acuerdo “aceptable” el incremento de la opción reformista, “democrática”, va a aumentar. Si en Grecia la primera víctima política del triunfo del “no” ha sido el líder de Nueva Democracia, Andoni Samaras, en el Estado español lo sería su homólogo ideológico Mariano Rajoy.

Si se firma un acuerdo “aceptable” entre la troika y Tsipras viviremos un tiempo político en Grecia y en el Estado español caracterizado por el auge del reformismo nucleado por Syriza y Podemos. No se olvide que la utilidad del reformismo es hacerle concesiones a las masas populares para levantar entre ellas y la burguesía un muro de contención. La mediación de los reformistas políticos y de la burocracia sindical es un capital político para la burguesía en tiempos de convulsión social. Esta mediación las había perdido la burguesía tanto en Grecia como en el Estado español, y ahora están en trance de recuperación. La duración de este tiempo reformista dependería del nivel de la crisis económica, de su contención o de su agravación, y de la fuerza y claridad del movimiento obrero.







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