Sociedad

CÁRCELES Y SOCIEDAD

Horacio Cecchi: “Los medios son el espacio de legitimación del discurso de mano dura”

Según el experimentado periodista (que hace años trabaja en Página 12), en la relación entre los medios y la cuestión penal, “para el periodista y el periodismo, la gran dificultad es la lejanía con el otro”. Claves para problematizar la relación entre el periodismo, el poder y el universo carcelario.

Julián Maradeo

Periodista

Sábado 18 de julio de 2015 | Edición del día

En cualquier medio, las notas de Horacio Cecchi se ubicarían incómodamente en la sección Policiales. ¿Por qué resultaría incómodo? Porque Cecchi invierte los términos y los temas. En él, pervive el pulso del viejo y añorado Página 12, que inoculaba en la agenda cuestiones vinculadas a los derechos humanos de aquellos que suelen ser mostrados como victimarios y nunca como víctimas de un proceso extenso, profundo y enrevesado.

En esta cuarta entrevista sobre la cuestión penal, el docente de la Universidad de Buenos Aires hace foco sobre el discurso de los medios, vistos como territorios en pugna. Para eso, vale recuperar la presentación de su blog “Lo que quedó en el tintero”: la lupa está puesta en los medios, como espacios de transmisión de esa realidad. Si la única verdad es la realidad, ¿no será que hay muchas realidades? La intención no es hacer de agencia repetidora de información sino de abrir espacio a voces que usualmente no se escuchan”.

  •  ¿Cuál es su diagnóstico sobre cómo cubren los medios lo que sucede en las cárceles?
  •  Por lo general los medios cubren los casos referidos a cárceles y comisarías desde la perspectiva de la fuente. Por lo común, en los casos que implican a los servicios penitenciarios, la fuente es el mismo servicio, es la fuente oficial. Lo interesante de estos casos es que se produce un desequilibrio inicial en la transmisión selectiva de ciertos datos, que se instala en los medios como información verosímil, pero es sesgada. Esa fuente tiene un fuerte interés en lograr ese sesgo, que lo beneficiará en la faz pública, y especialmente en la que tiene que ver con la posición en la que queda parado frente a una causa judicial, por ejemplo.
  •  Hace algunos años, usted marcaba dos características sobre el papel de los empresarios de medios y la calificación de los periodistas en el informe de la Comisión Provincial por la Memoria: “La empatía que mantienen los medios-empresas con el discurso del poder es la primera clave para visibilizar o invisibilizar a amplios sectores sociales o a distribuir condenas previas sobre sus cabezas. La segunda, la escasa preparación profesional del periodista-empleado y su baja performance a producir dudas sobre un discurso de poder”. ¿Todo sigue igual o hubo cambios? En uno u otro caso, ¿por qué cree que se dio así?
  •  En principio, la empatía sigue presente tanto en los medios como en los periodistas. Pero existe entre los periodistas una suerte de apertura, de lectura algo más crítica sobre la transmisión de información. No se puede decir que esto tenga su correlato por el lado empresarial. Al contrario. La apertura entre los periodistas es algo reciente, que no tiene más de dos o tres años, por lo que parece temprano encontrarle un motivo. Creo que podría decirse que la formación crítica ocupa un poco más de espacio, sin que esto se observe a simple vista. Hay movimientos que están permitiendo a los periodistas, sin que se trate de una formación profesional, adoptar criterios de interpretación diferentes a los que sostiene una empresa. Movimientos como los que genera la Defensoría del Público Audiovisual, a cargo de Cynthia Ottaviano, al ofrecer variantes para las coberturas, abrir debates, producir decálogos en el tratamiento de temas como la infancia, violencia de género, policiales, y visibilizar los conflictos con los derechos humanos y con la ley que suelen generar las notas, decálogos que no llegan a protocolizar pero que instalan modos y criterios de abordaje y de tratamiento. Hay debates, jornadas, la temática se incorpora en cursos, maestrías, posgrados, que van aportando lentamente a la formación. Aún falta mucho, sobre todo en lo que concierne a la formación previa, y la internalización de mecanismos para que las nuevas generaciones al incorporarse a una redacción no pierdan esos aprendizajes en el vertiginoso raid cotidiano de la profesión. Lo que llaman la trituradora.
  •  En coyunturas en las que se pide “mano dura”, “tolerancia cero” y hasta da ponencias Rudolph Giuliani, ¿qué papel cumplen y qué discursos configuran los medios a la hora, por caso, de cristalizar determinadas posturas? ¿Qué consecuencias nota?
  •  Los medios son el espacio de legitimación del discurso de mano dura, tolerancia cero, puerta giratoria y demás. Esa legitimación habilita políticas públicas que requieren de los medios, además, para poder difundirlas, generar eco positivo, apoyo público a esas que son intenciones políticas. Pero no sólo eso: sostiene un criterio de sociedad, construye un verosímil de la seguridad/inseguridad, visibiliza ciertos aspectos de lo que entiende por inseguridad cierto sector, e invisibiliza otros aspectos, incluso para el mismo sector que sostiene la tolerancia cero como horizonte social. Por ejemplo, la inseguridad no contempla la violencia de género en el discurso mediático, y sin embargo mujeres de sectores más pudientes, en las clínicas más caras pueden sufrir violencia obstétrica, la mujer de alto nivel económico también es víctima del maltrato médico, con la diferencia de que lo tendrá disfrazado bajo el oropel del marketing y la hotelería. La solución de la inseguridad que se propone a través de los medios dice que la única inseguridad es la de perder bienes y valores, puestos especialmente en el dinero y los bienes muebles, y que para evitarla hay que pagar, o sea, hay que tener dinero.
  •  ¿Qué imagen predomina en los medios sobre la población carcelaria? ¿Qué lenguaje impera para referirse a estos casos?
  •  Predomina la idea de que son delincuentes, de que merecen la cárcel, de que es un castigo y del que, presumiblemente, no se debieran liberar porque lo delincuencial pareciera parte de la esencia. La imagen que predomina sobre la población carcelaria lleva el sayo de la esencia, una mirada fuertemente imbuida de ideas positivistas y lombrosianas. La carga de los antecedentes; la dificultad para contraponer el hacinamiento a las llamadas puertas giratorias; creencia de que alimentarse bien, tener televisor, visitas habituales, teléfono celular, corresponde a la categoría periodística del “preso VIP”, lo que transforma derechos en ventajas obtenidas por dinero. Es allí, donde se visualiza la corrupción del Servicio Penitenciario y no en la venta de carne fuera del penal.
  •  ¿Cuáles son las dificultades para investigar periodísticamente lo que ocurre en el Servicio Penitenciario, ya sea el federal o los provinciales?
  •  La falta de transparencia, las puertas cerradas. Uno puede entrar a una cárcel como periodista, pero siempre será con anuncio previo, lo que garantiza el efecto que denomino “lavandina”: se ve lo que no forma parte de la vida cotidiana del preso. En cambio, conozco muy pocos periodistas que hayan realizado visitas como cualquier familiar de presos. Someterse a los vejámenes de los guardias parece parte de una realidad molesta, que se enmudece en lugar de darla a conocer. La dificultad para investigar es impuesta tanto por los servicios penitenciarios como por los horizontes del periodista. De cualquier manera, la escasa formación y la empatía con el poder jugarían en contra si se llegaran a trasponer los obstáculos. Los presos, cuando están al alcance de los periodistas, en general, se transforman en personajes raros, para describir, sorprendentes por los raids delictivos y su historial.
  •  ¿Qué temas propondría como imprescindibles a la hora de problematizar la relación entre el periodismo y el universo de las cárceles?
  •  El reconocimiento del otro, de las profundas dificultades por las que pasa, antes de entrar en la cárcel. La alta probabilidad que tiene el preso de caer preso aún mucho antes de nacer. Practicar con profundidad el efecto de lo que se transmite. Identificar al que se describe, como alguien particular, una persona de carne y hueso. Acercar al periodista a su cotidianeidad. Para el periodista y el periodismo, la gran dificultad es la lejanía con el otro.





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