Política Bolivia

BOLIVIA: RELATO DE UNA TRABAJADORA QUE DENUNCIA EXPLOTACIÓN LABORAL

Hospital Villa Dolores maltrata a las trabajadoras y a sus pacientes

Miércoles 25 de enero de 2017 | 09:25

Ella es Silvana Lipa, tiene 25 años, ha egresado como nutricionista, sin embargo, en el hospital privado Villa Dolores, ubicada en la ciudad de El Alto, donde hoy denuncia violación a sus derechos laborales y mala atención a pacientes, la contrataron como ayudante de cocina con un sueldo de Bs.1500 y con un horario de trabajo que supera las ocho horas. La Izquierda Diario a continuación reproduce el relato de una trabajadora del hospital Villa Dolores.

El encargado del hospital al momento de entrevistarle a Silvana para el trabajo de ayudante de cocina le dijo que “el horario es desde las 08.00 hasta las 17:00, con un salario de Bs.1500”.

  •  “Pero hasta las 16.00 se cumple las ocho horas”, le dijo Silvana.

    -“Es que siempre hay alguna cosita que hay que hacer o que falta, entonces es hasta las cinco, ¿Vas a aceptar? Yo te estoy tomando más en cuenta a vos porque sabes sobre nutrición y puede ser un buen elemento en mi equipo”.

    -“Ya, voy aceptar pero apunto que usted vea mi trabajo y me aumente por lo menos al salario mínimo, yo estaría mejor, más conforme con ese salario”, le respondió Silvana.

    -“Entonces te espero el día lunes para empezar a trabajar”, le dijo el encargado.

  •  “¿Tengo que traer algún implemento?”, pregunta la contratada.
  •  “No, no traigas, todo te vamos a dar aquí”, le dijo.

    Pero después de más de cuatro meses de trabajo, no le dieron, ni gorro, ni dediles, ni barbijo, ni ningún implemento de bioseguridad (implementos que evitan contaminar y ser contaminado).

    Silvana aclara la necesidad de llevar estos implementos: “yo agarro el plato del paciente y yo debería estar con barbijo y guantes para entregar la comida a mi paciente, porque puedo hacer contaminación cruzada y si no fuera porque yo quiero que mi cabello no contamine también me llevo mi gorro…Pero no les interesa (a los dueños) creo que esa situación”.

    Silvana observa la misma falta de implementos en las trabajadoras de limpieza: “no les he visto utilizar barbijo, no les he visto usar gorros, y tienen unas batas que parecen improvisadas”.

    Un día Silvana ve a una de las trabajadoras de limpieza alargar el cuello de su bitle hasta la boca y sacar la basura que se concentra en el cuarto piso y donde se ubica la sala de maternidad: “los bebes pueden olfatear toda esas heces, toda esa sangre, toda esa basura y se pueden enfermar, son pues seres débiles, inmunodeprimidos, recién nacidos, pero ese aspecto no se cuida” relata Silvana.

    Silvana ve a las trabajadoras de limpieza como personas muy sacrificadas, alguna le dijo: “estoy cansada, estoy enferma, me siento mal, así en frio tengo que ir a lavar ropa”.

    Pese a todas estas carencias y deficiencias, Silvana y su compañera de cocina continuaron haciendo lo mejor que podían, tanto que el dueño-gerente del hospital, el doctor Carlos Cortez Lazcano al mes de trabajo, satisfecho le dijo a la esposa: “Las chicas van a ganar el salario mínimo, van a tener seguro de salud y beneficios sociales”.

    Pero hoy después de haber pasado varios meses y pese a que le pidieron sus documentos para asegurarla, no tienen seguro de salud, ni se le reconocen beneficios sociales.

    El segundo mes de trabajo se le cancelo el salario mínimo (Bs.1800), los siguientes y los subsiguientes meses se le siguió pagando Bs.1500. Se le retuvo su salario del mes de diciembre hasta el 20 de enero, y no se le pagó el aguinaldo.
    A la esposa no le parecía que en tan poco tiempo tuvieran “semejante reconocimiento”.

    Después de eso, las cosas cambiaron, le empezaron a llegar verduras en mal estado, a faltar carne, otros alimentos e implementos de limpieza.

    Las cosas empeoraron aún más cuando dispuso una parte del dinero que le habían dejado para el gas, para comprar alimentos que faltaba en la cocina. La dueña se enojó muchísimo “a mi marido le puedes engañar Thalía (o Silvana), yo soy vieja a mí no me vas a engañar, a mi marido le tomarás el pelo, le verás la cara pero a mí no me vas a engañar”. Relata Silvana.

    En otra oportunidad se agotó la garrafa sumándose a las otras dos que se encontraban vacías, pese a que solicitó semanas atrás que le repongan las garrafas.
    Ese día Silvana después de horas de espera y caminata sin encontrar al carro repartidor que vende a Bs.22.50, al final compró en la tienda una garrafa a Bs.27.00.

    La dueña del hospital sorprendida por el costo le advirtió que le descontaría de sus ingresos. Ese día los pacientes almorzaron pasada la 13:30.

    Silvana ve a los dueños del hospital privado como personas que lucran con la salud de los pacientes, mayormente gente humilde, algunos llegados del campo.

    A Silvana no le gusta cómo se expresa de los pacientes la dueña del hospital: “Ay esas gordas (se refiere a las mujeres embarazadas) esas mujeres, no gano nada de maternidad (…) vos te estás preocupando que tiene sal, que no tiene, que hipo grasa (reducción o eliminación de alimentos grasos) que no hipo grasa, vos te estas preocupando, ¿Vos sabes cómo comen ellas?”

    Silvana le respondió en esa oportunidad: “por ética y moral del hospital, debería dar una alimentación adecuada a lo que requiere el paciente y enseñar buenas prácticas alimentarias, ese es nuestro objetivo como hospital (…)”

    Y continúa: “Siempre hago consejería alimentaria, los pacientes se concientizan y hacen caso dándote la razón (…) les digo: esto es sin sal porque tu corazón está agotado y hay que darle un descanso para que pueda trabajar bien y te sanes pronto”.

    Luego de hacer la denuncia al ministerio de trabajo, con la consiguiente citación al gerente del hospital, el Dr. Carlos Cortez Lazcano, (faltó a la primera, ahora tiene una segunda citación) Silvana, sufre más amedrentamiento del que ya padecía.

    Hoy, miércoles 25 de enero, le cambiaron a ella y su compañera del sector de cocina a limpieza, con el argumento de que la comida que preparan es "comida para perro".

    Comida para perro, que meses antes y cada día saboreaban con gusto cada día los dueños del hospital y sus hijos.
    Su compañera de cocina acaba de renunciar "yo estoy mal de la espalda y no puedo realizar trabajo tan pesado como la de limpieza (que a la vez es lavandera)”, le dijo a su jefe.

    El dueño del hospital, esta “molesto” por la denuncia que hizo Silvana, pues es una larga lista que le tiene que pagar: Trabaja 56 horas semanales, pese a que la ley indica que sólo son 40 para las mujeres, no se le reconocen horas extras, ni feriados y sufre constante acoso laboral.

    Por esto, Silvana no se arrepiente de haber hecho la denuncia pública, al contrario lo que la motiva a luchar para que se respeten sus derechos laborales, para que se mejoren las condiciones de las y los pacientes, del personal y para que se mejore los servicios de salud en este Hospital.

    Ahora prepara una denuncia ante la Central Obrera Departamental (COD) de La Paz y la Central Obrera Boliviana (COB).

    La mayoría que trabaja en el hospital son jóvenes entre “20 a 27 años” calcula Silvana, y algunas que son adultas mayores, que cada día se pisotean sus derechos laborales básicos, que no tienen más opción que aceptar estas condiciones de trabajo porque saben que en otro lugar no encontrarán algo mejor.

    Y pese que hoy rigen leyes a favor del trabajador, el Ministerio Trabajo poco o nada hace para que se cumplan.

    Silvana también es rapera feminista y es conocida en el mundo artístico como Pandora, no puede dejar de plasmar lo que siente, en rimas:
    Que tu dolor
    Tu rabia
    Tu bronca
    Tu impotencia
    Se transforme
    En Lucha.







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