Cultura

LA GUERRA DE LA MEMORIA

Hungría: el Memento Park de Budapest, un “homenaje” detestable

Jueves 16 de febrero de 2017 | Edición del día

Foto: Philippe Alcoy

El Memento Park en Budapest es sin ninguna duda uno de los lugares más cínicos y detestables de la ciudad. Ubicado en los márgenes de la ciudad, perdido entre dos empresas de venta de materiales de construcción, este lugar tiene el objetivo de concentrar ciertos monumentos de la “era comunista” que se encontraban, en otro tiempo, por todo Budapest. Se reconoce la estética estalinista, el horrendo “realismo socialista”. Todo teñido de cierto culto de la personalidad. Marx, Engels, Lenin, cuadrados y oxidados.

Pero el Memento Park es más que esto. Es una de las expresiones más claras de lo que podríamos llamar el “triunfalismo capitalista”, rey en la década de 1990, sobre todo luego de la caída de la URSS y de los regímenes erróneamente llamados “comunistas” de Europa central y del Este.

En efecto, a principio de los años 1990 se planteó la cuestión a las autoridades de Budapest de qué hacer con los monumentos comunistas que poseían cierto valor artístico. La idea a la que se llegó fue de ponerlos todos juntos en un “parque”. Lejos, muy lejos del centro de la ciudad. Lejos de la mirada cotidiana de los habitantes; lejos de la mirada curiosa de los turistas. Había que hacer desaparecer literalmente el “comunismo” de las cabezas y avanzar rápidamente, muy rápido, hacia la restauración sólida del capitalismo. “Irreversible” le llamaban a este proceso.

Pero en este frenesí anticomunista primario, todo era avasallado. Incluso “las botas de Stalin”. Sin embargo, lo que quieren ocultar es que “las botas de Stalin” fueron en realidad una enorme estatua de Stalin que fue derribada por los trabajadores y los jóvenes revolucionarios el 23-24 de octubre de 1956, fecha que marca el comienzo de la heroica Revolución de los Consejos. Una revolución obrera y popular, socialista y claramente anti estalinista. Una revolución que el nuevo poder capitalista y proimperialista no duda en apropiársela reescribiendo la historia y presentándola como la “premisa” de lo que pasaría en 1989.

Dicho de otra forma, el poder restauracionista ha incluso sacado del centro de la ciudad uno de los símbolos más importantes de la revolución de 1956 que podría haber reivindicado aunque sea de forma hipócrita. Pero la realidad es que el verdadero recuerdo de esta revolución es demasiado peligroso y molesto para las clases dominantes actuales en Hungría. Y efectivamente tienen razón de temerlo.







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