Juventud

REFORMA EN EDUCACIÓN

¡Impulsemos una campaña para que nadie quede fuera y sin Educación gratuita!

Si bien, la reforma cambia las condiciones inmediatas de cientos de familias que dejarán de pagar en la universidad, lo cierto es que no podemos fiarnos de la misma, tanto por su letra chica como por el negocio que carga en sus espaldas. El movimiento estudiantil ha sido claro durante todos estos años en la calle, la educación gratuita no es una beca: es un derecho. Y este 2016 vamos por recuperarlo.

Martes 2 de febrero de 2016 | 12:20

Tras los encuentros y desencuentros al interior de la Nueva Mayoría, el Gobierno y el conglomerado político comienzan a bifurcarse en ejes cada vez más notorios: mientras el sector de la DC habla no ya de matices, sino de diferencias, el Gobierno pone en el centro la agenda legislativa y hace pesar sus ya tristes y demacradas reformas. Se vuelve a hablar del Acuerdo de Vida en pareja, el fin del binominal, el fin del descuento del 5% para los jubilados acompañado de una campaña radial. Reformas con las que busca recuperar nuevamente la confianza de los trabajadores y el pueblo.

Ha sido definitivamente notorio que su “caballito de batalla” es el comienzo de la gratuidad, con la ley corta y la pronta presentación del proyecto definitivo de ley. Bachelet se pasea por Santiago en un largo tour, centelleándole los ojos ante cada padre o madre ilusionados con el ascenso social y el futuro de sus hijos. Es que es cierto que cambia la situación de miles de jóvenes precarizados de nuestro país y la de sus familias, puesto que cubre el arancel real y la matrícula. Bachelet mencionaba la semana pasada “la gratuidad ya está aquí, y lo hicimos entre todos”. Pero esta beca gratuidad fue hecha por la derecha, por el Tribunal Constitucional y los políticos corruptos.

Los abusos del mercado siguen adelante

La figura de gratuidad impulsada por el Gobierno y pactada con la Derecha, no atenta contra los pilares del mercado educativo impuesto desde Dictadura cívico-militar. Se trata más bien de una gratuidad mercantil.

¿Por qué? Primero, porque la gratuidad de Bachelet no es un derecho universal: sólo beneficiaría a 140 mil estudiantes, y otros 20.000 están en la incertidumbre de si quedar o no; los alumnos antiguos deben esperar hasta marzo para una respuesta: recién en abril se sabrá la cantidad definitiva. Y aún así quedan fuera de ella más de un millón de estudiantes de la educación superior.

Segundo, significa una transferencia millonaria de recursos del Estado hacia los empresarios educativos de las universidades privadas, potenciando el sistema de subsidios a los empresarios por parte del Estado, piedra angular del mercado educativo. Incluso, la exigencia por parte del movimiento estudiantil de que se pusiese fin al lucro no está propuesta en su totalidad, es más, en IP’s y CFT’s aún estaría permitido que esto se llevara a cabo.

Y por último implica una mezcla entre aportes a las instituciones y aumento de becas para los estudiantes. Funciona como un sistema de voucher más, donde a un sector reducido se les entrega una beca, mientras a otros se las quitan. La gratuidad solo sería para la duración nominal de la carrera, por lo que aquellos estudiantes que se retrasasen estarían obligados a pagar los años que quedasen fuera de esta nominalidad.

La gratuidad del gobierno es a medias. Además de, por supuesto, tener que seguir acreditando la pobreza a través de formularios, como cualquier otra beca del Estado.
La gratuidad no llegó para todos

La Universidad de Viña del Mar quedó fuera de la gratuidad y por poca rentabilidad decidió el cierre de matrículas en su plantel en la carrera de Sociología, de un día para otro. Carrera que para colmo, había recibido a estudiantes de la Universidad del Mar y ARCIS, afectados anteriormente por lo mismo.

Cerca del 25% de los jóvenes que rindieron la PSU, no lograron ingresar a alguna carrera a la cual postularon durante el proceso de admisión o si lograron ingresar a un plantel, este no accede a la gratuidad por no contar con el estándar de calidad de los cuatro años de acreditación o no ser del CRUCh. Aunque su situación socioeconómica les diera el beneficio, estos no logran estudiar gratis porque su puntaje fue insuficiente para la selección.

Los estudiantes exigimos que nadie quede fuera

Resulta fundamental que frente a este escenario seamos los estudiantiles, funcionarios, académicos, organismos sindicales y agrupamientos de izquierda los que marquemos la agenda política desde las calles. Es la movilización unificada la que nos entregará el proyecto educativo con el que soñamos y por el que luchamos. Debemos actuar desde la unidad, definiendo una postura común y un plan de lucha de cara al 2016. La convocatoria por parte de la CONFECH de un Congreso educativo que nuclee a estos sectores se vuelve una necesidad.

Es muy importante, para los desafíos planteados para este año, que el movimiento estudiantil utilice su rol como actor político de peso en la escena nacional para explicar por qué la gratuidad aprobada por el gobierno y la derecha no responde a las demandas históricas.

Al mismo tiempo, se vuelve medular el lograr articular una voz clara que exija una educación gratuita para todos, universal y financiada completamente por el Estado a las instituciones de su propiedad, las cuales deben ampliar su matrícula y eliminar todo filtro de acceso. Debemos apostar al fin de las pruebas estandarizadas y avanzar al acceso irrestricto: así, todo estudiante que lo desee, podría estudiar de manera gratuita en la educación pública.

Por lo anterior es que consideramos que durante estos meses de verano nos tenemos que poner el objetivo de impulsar una campaña para que ningún estudiante quede fuera de la educación gratuita como derecho universal, y para mantener más vivo que nunca el debate sobre la educación en Chile. Esta es una tarea de todos los estudiantes, de las organizaciones de izquierda, Federaciones y organismos estudiantiles.

Este año nuestra tarea es inmensa y vital: es enfrentar juntos, estudiantes y trabajadores, organizados desde la base las reformas. Ni la reforma laboral ni la educativa responden a nuestras necesidades más sentidas, siguiendo la lógica neoliberal de la precarización del trabajo y la educación. Ya no podemos esperar más, y es por eso que las y los estudiantes debemos levantar la voz exigiendo que nadie quede fuera de la universidad.







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