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Independiente: triunfazo, clasificación y regreso de la mística copera

El equipo de Holan derrotó a Atlético Tucumán por 2 a 0, con golazos de Martín Benítez y Leandro Fernández. En un partidazo remontó el 0-1 de visitante y alcanzó cuartos de final en la Sudamericana.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Miércoles 13 de septiembre | 01:01

Foto: Marcelo Carroll.

Volvió la mística copera a Independiente. En la noche del “Libertadores de América” es difícil recordar un partidazo como el de anoche, bien jugado, por momentos de ida y vuelta, con el Rojo superando contratiempos (expulsión del capitán Tagliafico, un penal a favor errado y otro penal –inexistente- en contra) y logrando un triunfo que –aunque por ahora sólo vale una clasificación a cuartos de final de la Copa Sudamericana- quedará en la memoria de los hinchas.

La vieja cancha, la “Doble visera”, supo de hazañas como esta en noche de copas. Pero parecía que los “duendes” se habían ido junto al cemento del viejo estadio. Hay que hacer mucha memoria para recordar un equipo de Independiente que no se desmoronara anímicamente cuando las cosas no le salen. Este rojo (¡y por fin Independiente vistió sus colores!) le hizo honor a la historia.

Claro que no todo es “mística”, un concepto bastante vago: esa mística se construye con jugadores y con carácter. En este Independiente hay que destacar a Fabricio Bustos, el heredero de Néstor Clausen en ese lateral derecho, un marcador de punta con gran proyección (en la cancha y en su carrera, presente de crack y futuro de grandes ligas); a Martín Benítez, que resurgió como el ave Fénix de las cenizas de la imprecisión y se recuperó superando su mejor nivel; a Martín Campaña, un arquero con gran personalidad que contagia seguridad a su defensa; y en la noche de ayer hay que agregar también al recién llegado Nico Domingo, un refuerzo de gran jerarquía, prolijo en la recuperación y en la entrega, criterioso para distribuir la pelota, sereno… Pareciera que hace años jugara en el club de Avellaneda.

El Atlético de Zielinski es un rival difícil y venía siendo un “karma” para Independiente. Pese a la ventaja que obtuvo en Tucumán, planteo un partido para jugar de igual a igual, pero tuvo poca intensidad ofensiva. El rival –que no especuló- esta vez permitió que Independiente hiciera su juego.

La ventaja llegó con un golazo de Leandro Fernández luego de un desborde con enganche y guapeada incluida de Benítez. Y cuando parecía que la noche era ideal, una doble falta de Tagliafico (la primera fue un planchazo para tarjeta “anaranjada”) dejó al Rojo con 10 jugadores. Por eso el principio del segundo tiempo fue el mejor momento de los tucumanos. Independiente buscó y tuvo premio pero lo perdió al instante: claro penal a Bustos, que erró en dos instancias el goleador Fernández… Y al rato un penal inventado por el árbitro (una mano de un delantero de Atlético) en contra de Independiente que tenía sabor a eliminación: hubo que patearlo dos veces por invasión del área y en la segunda Campaña no perdonó y salvó al Rojo.

Y si algo de épica le faltaba al encuentro, Benítez aseguró el triunfo con un derechazo impresionante desde afuera del área, luego de acomodarse confundiendo a la defensa rival.

¿Se terminó la pesadilla en el lado rojo de Avellaneda? ¿Quedó atrás la sensación de no poder remontar derrotas o intemperancias de un partido, por dificultades propias y más allá del rival de ocasión? Esta noche, de este 2-0 a Atlético Tucumán parecieran afirmar que sí. Que volvió ese ideal etéreo en el que tanta fe deposita la hinchada de Independiente: que volvió la mística copera.








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