Internacional

CRISIS NICARAGÜENSE

Injerencia imperialista: la OEA exhorta a Nicaragua a adelantar las elecciones

En una reunión extraordinaria el Consejo Permanente de la OEA aprobó una resolución que exhorta al gobierno de Daniel Ortega a que adelante las elecciones para marzo de 2019.

Jueves 19 de julio de 2018 | Edición del día

La crisis nicaragüense lleva tres meses y la brutal represión del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ya dejó más de 360 muertos. El 18 de abril se desataron protestas lideradas por trabajadores de la salud y jubilados contra la reforma de la Seguridad Social a las que se sumaron miles de jóvenes y estudiantes universitarios.

En este marco el día de ayer, en una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos se aprobó una declaración en la que se incluye una solicitud de adelantamiento de las elecciones para marzo de 2019, dos años antes de lo previsto. El texto llama al gobierno a que "apoye un calendario electoral acordado conjuntamente en el contexto del proceso de Diálogo Nacional".

El proyecto de declaración fue impulsado por siete países (Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú y EE.UU.) y respaldado por México y está en línea con el pedido que realizó la Iglesia Católica a través de la Conferencia Episcopal.

La OEA urge a Ortega a que participe “activamente y de buena fe” en el Diálogo Nacional del que forman parte el gobierno, la opositora Alianza Cívica y la patronal privada a través del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). El objetivo de esta mesa de negociación es una salida pactada a la crisis que, montandose sobre el legítimo descontento de los trabajadores y el pueblo pobre, favorezca a las elites y la burguesía nacional a la vez que apuesta al desgaste y desarticulación de la movilización de las masas nicaragüenses.

En la declaración también se condenaron los “actos de violencia” contra la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) donde este viernes se vivió una feroz represión de la que participaron la policìa y elementos paramilitares y que dejó el saldo de dos personas muertas.

Por su parte Denis Moncada, canciller de Nicaragua, llevó una propuesta de declaración a la misma reunión en la que pide “respetar la autodeterminación del Estado de Nicaragua para restablecer la paz y la seguridad, sin injerencias de ningún tipo". Durante la reunión Moncada señaló a EEUU como responsable de la injerencia que ocurre en Nicaragua. También advirtió de que se está volviendo a una "época de golpes blandos y golpes duros" y recordó la financiación de Washington de la "contra" nicaragüense frente el Ejecutivo sandinista en los años 80 y 90.

La injerencia extranjera, de Estados Unidos o de las otras potencias imperialistas, acompañados de la derecha continental no puede llevar ninguna solución ante la represión en Nicaragua, realizada para imponer un reforma dictada por los organismos internacionales. Es necesario rechazar las sanciones y agresiones imperialistas que buscan imponer gobiernos dóciles en la región en función de sus intereses.

Una salida de los de abajo ante la represión del gobierno de Ortega

Como ya han demostrado los dos paros nacionales, la recuperación de los métodos de la clase trabajadora deben apostarse por tomar las reivindicaciones de las clases oprimidas y explotadas de Nicaragua para imponer su propia agenda y no la de los empresarios y la patronal. Es fundamental que la resistencia del movimiento impulse un plan de lucha, una huelga general que incorpore activamente a todos los sectores de la clase obrera e incluya en su programa las demandas más sentidas a partir de consignas inmediatas, junto con las demandas de los trabajadores.

Es necesaria la lucha por una Asamblea Constituyente libre y soberana, para que el pueblo delibere y decida democráticamente sobre todos los grandes problemas nacionales, mediante representantes libremente elegidos, revocables y que ganen lo mismo que un trabajador especializado.

Las grandes necesidades de los trabajadores, los campesinos y el pueblo –salario, salud, educación, empleo y vivienda– sólo podrán resolverse articulando demandas de carácter anticapitalista y antiimperialista, como la nacionalización de la banca y las grandes empresas bajo control y al servicio del pueblo trabajador.

Por ello, para frenar toda medida que implique la injerencia del imperialismo y que, busca justificarse bajo un discurso cínico de “garante y defensa de los derechos humanos”, es necesario anteponer la necesidad de la movilización independiente, combativa y en las calles como vía para lograr las demandas del conjunto de la población y frenar la subordinación de Nicaragua a los intereses del imperialismo estadounidense y el capital financiero.







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