Cultura

A 15 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

Joey, el Ramone de izquierda

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Viernes 15 de abril de 2016 | Edición del día

El 15 de abril de 2001, hace 15 años, se discutía si el punk murió o no; ese día una parte lo hizo efectivamente: Jeffrey Hyman, conocido popularmente como Joey Ramone, llegó hasta ese día en su lucha contra un linfoma, un padecimiento durísimo. La noticia generó un halo de tristeza y melancolía en puntos tan remotos como Tokyo, Madrid o Buenos Aires. La voz cantante, la del grito de guerra de “Hey, Ho, let´s go!” que marcó a una o dos generaciones, se había apagado. Aunque por décadas y décadas seguirá sonando en los reproductores musicales de cuanto joven se sienta con ánimos de revancha y de llevarse el mundo por delante.

Joey había nacido el 19 de mayo de 1951 en una familia poco tradicional y de origen judío. Su figura “longaniza”, el ser medio corto de vista y cierta lentitud en sus movimientos y reflejos lo hacían presa de lo que hoy conocemos como bullyng. No era justamente el chico popular y querido de la clase, más bien lo contrario.

El ser tan distinto quizá lo llevó a posar su oído sobre música distinta y en su adolescencia se hizo fanático de Iggy Pop & The Stooges, MC5 y los New York Dolls, además de profesarle amor incondicional a clásicos como Buddy Holly, The Who, los Rolling Stones o los Beach Boys.

Ese camino por los márgenes lo llevó a trabar amistad con otro marginal, Douglas Colvin, el futuro Dee Dee Ramone. Y otro tipo disfuncional, uno que parecía siempre resentido y que luego se haría llamar Johnny Ramone, confluyó con ellos y con otro personaje del barrio de Queens –muy metido en las novedades musicales- como Tommy. Ya los cuatro juntos sin nada que hacer de sus vidas se movían como pandilla, seguían a las bandas más crudas del momento y decidieron formar una: los Ramones.

Para 1974 empezaron los primeros ensayos y recitales con el lungo Joey a la batería. No andaba mal pero no encontraban el cantante adecuado y Tommy, el más visionario y con sentido musical del grupo (al poco tiempo pasó a ocupar el rol de productor) propuso hacer la prueba con Joey al micrófono. Y funcionó, durante más de 20 años.

El Ramone de izquierda

En los primeros discos de los Ramones primaban las temáticas de las vivencias de chicos como ellos en un barrio periférico de Nueva York. Y expresiones de bronca y frustración estaban entre los primeros lugares: acudían a lo que sea para manifestarlo, desde usar un concepto militar del ejército nazi (el famoso Blitzkrieg, que refiere a una táctica de ataque relámpago) hasta cantar “soy un soldado de choque, soy un nazi” en “Today your love, tomorrow the World”, todo era válido. En esas composiciones se notaba más la mano de Johnny, el Ramone que nunca ocultó sus simpatías derechistas, más que la de Joey que era muy tímido aún para ocupar mayor lugar (sí cabe destacar que compuso el clásico “Judy is a punk”, el tema que suena en una recordada escena de la película Cementerio de animales).

Paulatinamente Joey se fue soltando: sus inquietudes musicales eran muy amplias y le resultó una buena noticia que hayan elegido a Phil Spector (que produjo a los Beach Boys, el Let it Be de los Beatles y a varios grupos de soul como las Ronettes) para producir el quinto disco de Ramones –End of the Century. Resultó un disco flojo pero muy distinto a los anteriores y allí se daban el gusto de hacer versiones como la balada “Baby, I love you”. Joey empezó a destacarse más.

Le siguió el disco que más parece llevar la marca registrada de Joey: Pleasant dreams (Sueños agradables). Agarró al cantante en un difícil momento personal: se separaba de su histórica novia Linda, que se había enganchado nada menos que con… Johnny. Un gran golpe para Joey, que no tenía una autoestima demasiado alta en ese período. Pero producto de ese desengaño compuso genialidades que se plasmaron en ese álbum. El más recordado habla de esa historia de manera metafórica: “The KKK took my baby away” (“El Klu Klux Klan se llevó a mi chica”) refiere al derechista Johnny que sin reparar en lazos de amistad o sentimientos ajenos se “llevó” a Linda. Joey y Johnny dejaron de hablarse hasta que los Ramones se separaron en 1996 (con el recordado show en la cancha de River como uno de los recitales despedida). Tal vez por eso Joey –distanciado de la opresión ejercida por Johnny- liberó también parte de sus inquietudes sociales o políticas.

Entre fines de los años ´80 y principios de los ´90 empezó a participar de manifestaciones contra Bush (padre) y la primera guerra de Irak, aunque sus simpatías siempre se ubicaban en los sectores que él consideraba más progresistas del partido Demócrata (por eso en el entorno de Ramones lo consideraban “un judío de izquierda”). Otro aspecto que lo enfrentaba a Johnny, abiertamente promotor de los candidatos conservadores republicanos. Como el voto en Estados Unidos es optativo, confluyeron e involucraron al grupo en la campaña “Rock for vote” para promover que la juventud acudiera a las urnas.

Pese a sus simpatías demócratas no se privó de criticar a los popes de ese partido, incluso en letras de canciones de los Ramones: en “Censorshit” (“Censor de mierda” podría traducirse) del disco Mondo Bizarro critica las iniciativas de Tipper Gore, la esposa de Al Gore que fuera vicepresidente de Clinton, de poner advertencias morales sobre el contenido de los discos, una especie de censura encubierta.

Como vemos, el mito de que los Ramones no hablaban de política lo derrumban Joey por izquierda y Johnny por derecha.

Cuando se separan, Joey reúne sus composiciones en el disco solista Don´t worry about me (“No se preocupen por mí”, donde ya anticipaba su despedida) y en grabaciones sueltas que luego se editan como disco póstumo bajo el título de Ya Know?.

No hubieran tenido nada que ver los Ramones con lo que finalmente fueron sin el aporte de Jeffrey, el flacucho tímido y raro. Nos dijo “Adiós amigos” y que no nos preocupemos por él, así que honremos su memoria disfrutando de su obra artística.







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