Economía

Jorge Brito: el banquero amigo del poder que nunca pierde

Desde sus inicios con los gobiernos de la dictadura hasta la actualidad, este banquero siempre salió bien parado. Ahora se perfila para nuevos negocios con Macri, entre ellos, la compra del Ingenio La Esperanza.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Fernanda Flores

Estudiante Cs. Económicas-UNJu

Lunes 5 de septiembre de 2016 | 10:36

Jorge Brito, nacido en 1952 y con una numerosa familia, sería uno de los empresarios que tienen intenciones de adquirir el Ingenio La Esperanza en Jujuy y sus atractivas 70 mil hectáreas, entre otros grupos económicos.

La operación propiciada por el Gobierno de Gerardo Morales y el massista Carlos Haquim, vendría de la mano del principal empresario azucarero del país, Carlo P. Blaquier del ingenio Ledesma, sobre quien recae la responsabilidad de genocidio de trabajadores y estudiantes desaparecidos durante 1976.

Según la agencia Bloomberg, Jorge Brito, es un empresario billonario; dueño del principal banco de capitales locales, hasta hace poco presidente de ADEBA (Asociación de Bancos Argentinos), ex titular también de la FELABAN (Federación Latinoamericana de Bancos) y miembro del Grupo de los 6 bancos más importantes que operan en el país.

El Grupo Macro, actualmente está formado por Banco de Tucumán SA, Macro Bank Limited, Macro Securities SA Sociedad de Bolsa, Macro Fiducia SA, Banco Privado de Inversiones SA y Macro Fondos SA.

El holding acaba de beneficiarse por la devaluación y liberalización del mercado financiero que dispuso el gobierno de Macri. El positivo margen financiero se debe, a su vez, a que fue uno de los primeros en comprar títulos públicos y Letras de Cambio del Banco Central (LEBACS) cuando a principios de año pasaron a rendir 38% anual, lo que ha provocado un aumento significativo de sus tasas activas incrementando así las utilidades obtenidas por sus líneas de financiamiento.

Tal es así que el resultado neto por la tenencia de Lebac y Nobac –notas del BCRA-durante el período abril-junio fue de $ 1.079 millones, un 80% más que en igual trimestre del año pasado. Situación que el banquero le debe agradecer a Federico Sturzenegger, presidente del BCRA. La ganancia trimestral de la entidad bancaria, para el ejercicio 2.016 alcanzó un 119%, y registró un alza del 43,9% en la Bolsa de Buenos Aires. Actualmente su participación en el Banco Macro está valuada en 850 millones de dólares.

Pero también Brito, quien apostó a la diversificación de su capital, se ha enriquecido recientemente gracias a las políticas de Cambiemos a través de la quita de retenciones al agro, puesto que posee Inversora Juramento S.A (empresa agrícola ganadera) que ha aumentado en un 36% su valuación en dólares.

En esta primera nota daremos a conocer cómo Jorge Brito hizo su fortuna ligado íntimamente a los distintos gobiernos desde la dictadura hasta nuestros días.

Los inicios

Es en el año 1976 que Jorge Horacio Brito crea, Macro Cía. Financiera S.A, que funciona junto a la consultora “Econométrica” de José María Dagnino Pastore, Mario Brodersohn, Alieto Guadagni y Alfredo Concepción. Su labor como incipiente banquero se facilita de sobremanera a partir de la reforma financiera de 1977 que otorga enormes facilidades a los bancos y al capital especulativo, que hacen fortunas bajo el amparo del gobierno militar.

Sin embargo, esta parte de la historia desaparece en el sitio oficial de Brito; para él todo comienza en la década del 80´, cuando en 1987 recibe la autorización del BCRA para operar como Banco Macro. En ese momento se afianza una relación muy estrecha con el gobierno radical de Raúl Alfonsín. Incluso hay quienes lo denominaron, “el banco de la Coordinadora”; a partir, de una relación muy cercana con el hombre fuerte del poder radical en las sombras, Enrique “Coty” Nosiglia.

Así las cosas, implementado el Plan Primavera por el gobierno de Alfonsín en 1988 el Macro había comprado unos 3 millones de dólares previo a la devaluación de la moneda, cuestión que fue investigada por el fiscal Ricardo Molinas por el uso de información privilegiada producto de sus contactos con el gobierno.

El banquero de la privatización

En esa escalada de crecimiento de la banca privada, esta vez, bajo el mandato de Carlos Menem, y con la premisa que “todo lo privado era superior a lo público”, se inició el proceso de privatización bajo las órdenes recibidas de organismos financieros internacionales. Caracterizando, de esta forma a la década de los noventa como una continuación y profundización de las contradicciones propias del “capitalismo salvaje” practicado en los denominados países periféricos.

Tiempos turbulentos para las masas trabajadoras, el desempleo alcanzaba un pico histórico de 18,4%. Despidos masivos en las empresas privatizadas y sucesivas medidas de flexibilización laboral, golpeaban el bolsillo y la dignidad de la clase trabajadora, cuyos sectores más golpeados por el ajuste salieron a defender el trabajo con cortes de rutas y protestas, configurando los primeros movimientos piqueteros.

Sin embargo, el sector financiero local, en este contexto, cristalizó una nueva oportunidad de expansión, es así que el Banco Macro a cargo de Brito y su cuñado Ezequiel Carballo, se orientaron a las licitaciones de bancos provinciales públicos, en especial en el norte argentino.

Una región que padeció con fuerza las medidas privatizadoras con miles de despidos y desocupados, en las localidades de Tartagal y Mosconi, con los ex empleados de YPF o; las luchas de los trabajadores estatales de Jujuy que llegaron a voltear a 5 gobernadores.

Salta

Un primer paso fue la privatización del Banco de Salta que comenzó durante la gestión en la provincia del señor Roberto Ulloa y culminó en el año 1.996 durante la gobernación de Juan Carlos Romero. Para la licitación de este banco provincial, el Banco Macro, llamativamente fue el único que se presentó.

Paralelamente a la privatización, el gobierno salteño y el banquero firmaron un convenio para que el Banco Macro sea el agente financiero de la provincia por diez años, el cual fue renovado durante el primer mandato de Juan Manuel Urtubey por diez años más. Lo que implica un manejo de fondos del presupuesto provincial, fondos de coparticipación federal y demás regalías por alrededor de 15 millones de pesos (2.011).

Esto implicó que unos 50.000 empleados provinciales aparte de percibir sus haberes a través del Banco Macro, se convirtieron en los principales clientes tomadores de productos crediticios. A su vez, cabe destacar que el gobierno salteño paga al Banco Macro 100 millones de pesos anualmente para el mantenimiento de las cuentas oficiales (2014-2015). Y a partir de los créditos en descubierto que le solicita el gobierno, recibe los servicios financieros correspondientes. Un círculo vicioso desarrollado por el gobierno y la ambición inescrupulosa de los banqueros.

Misiones

Este proceso de manera similar se produjo a principios del año 1.996 en la provincia de Misiones, en donde el Banco Provincial se fusionó con el Banco Macro; el cual, desde la compra recibe por parte del Estado provincial $ 6.000.000 anuales para mantener las cuentas oficiales. Asimismo, mediante convenio, la entidad se convirtió no sólo en agente financiero provincial, sino también en agente de recaudación de sus rentas y la atención de órdenes de pago de sus obligaciones. Dicha exclusividad, que vencía en 2.001 por favores del Gobierno Provincial de Carlos Rovira fue prorrogada hasta el 31 de diciembre del año 2.019.

Jujuy

Posteriormente a dichas privatizaciones, y como parte de la estrategia de incrementar sus negocios, mediante la captación de los sueldos de los trabajadores estatales, seguía el turno de la provincia de Jujuy.

En 1.998, ante el gobierno justicialista de Carlos Ferraro, el Banco Macro se hizo beneficiario del “privilegio” por presentarse supuestamente primero al llamado de licitación; y se convirtió en dueño del 90% del capital social del Banco de Jujuy S.A. Idéntica situación a las anteriores provincias, la entidad se convirtió en agente exclusivo financiero y de retención por diez años más, bajo el gobierno de Walter Barrionuevo (actual senador del PJ-FPV). De esta manera, concentró la totalidad de los haberes estatales. El agregado que tuvo en la provincia de Jujuy, fue que el gobierno provincial se obligó a celebrar en conjunto con dicho banco, la administración de la cartera de créditos no transferida. Como es de esperar, el gobierno jujeño paga altísimas comisiones a la entidad bancaria por sus servicios financieros.

Durante los 90´ el grupo del banquero Brito incursionó en otros negocios como el ganadero y agrícola en Salta con Inversora Juramento S.A que cuenta con 87.414 hectáreas y 54.000 cabezas de ganado, y una extensa producción de soja; pero también, se posicionó en el negocio energético bajo el amparo del Estado en la distribución de gas, con la compañía Genneia S.A, entre otras actividades.

La crisis de 2001 le dio más negocios

De este modo, el Banco Macro, que antes de empezar con las privatizaciones mencionadas, poseía 8 sucursales en todo el país, en el año 2.000 pasó a tener 65 sucursales, logrando así posicionarse en la banca argentina, manejando millones de recursos financieros provenientes de la clase trabajadora, que poco participaba en los beneficios obtenidos de la operación con dichos recursos.

Brito le reclamaba al gobierno de De la Rúa, “poder de decisión”; sin embargo, desencadenada en 2.001 la crisis económica, social y política en Argentina, el Grupo Macro contaba con una estructura financiera fortalecida luego de sus adquisiciones previas al nuevo milenio. Esta “acumulación primitiva” fue lo que le dio, en una crisis enorme que atravesaba al sistema financiero, una ventaja considerable para continuar su plan de expansión en distintos puntos geográficos del país. Así también pudo absorber distintas entidades financieras como el Bansud y el Scotiabank Quilmes, consolidando de esta manera su presencia y hegemonía en el sector.

Todo esto, mientras miles de ahorristas, muchos de ellos trabajadores que tenían depositados sus ahorros en el Banco Macro, sufrían las pérdidas del corralito y la incautación de su dinero, que nunca más recuperaron sus dólares ni durante el breve gobierno de Duhalde ni en los gobiernos kirchneristas.

Llegados hasta aquí, nos preguntamos: nosotros, los trabajadores ¿debemos confiar en estos hombres de negocios?

En la segunda parte de esta nota: la relación de Brito con los gobiernos kirchneristas, Massa y los nuevos negocios que les abre el clan Macri, entre otros aspectos, del banquero amigo del poder político de turno, un empresario que nunca pierde.







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