Géneros y Sexualidades

SE TENÍA QUE DECIR

Jujuy: quiénes son las mujeres que reclaman "un lugar para vivir"

La crisis habitacional se extiende en todo el país. En Guernica, las mujeres están dando un ejemplo de determinación enorme, pero esa es la expresión de un fenómeno más profundo.

Sol Bajar

@Sol_Bajar

Viernes 11 de septiembre | 12:56

En otros lugares del conurbano, o en provincias como Río Negro o Jujuy, hay procesos similares y también ellas son las protagonistas. Es un rasgo común: la exigencia de una vivienda digna tiene a las mujeres en la primera línea, y los motivos sobran.

En el video que acompaña esta nota, las que hablan son mujeres que el lunes 7 de septiembre sufrieron una represión brutal por parte de la policía de Gerardo Morales, en Jujuy.

Pero no es casual que esa represión haya sido en simultáneo con la campaña de spots del ministro Sergio Berni avivando a las fuerzas represivas, con los anuncios del presidente Alberto Fernández para incrementar sus beneficios (mientras se niega el salario al personal de salud, a la docencia y a la clase trabajadora de conjunto), con las amenazas y el pedido de represión y desalojos del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa.

Ese día, el lunes 7, decenas de jóvenes, la mayoría mujeres y madres, intentaron tomar un terreno abandonado en el Sector de las 150 hectáreas del Barrio Alto Comedero. ¿Qué querían? Un lote, un pedazo de tierra para construir una vivienda. La policía de Morales impidió la toma con disparos, golpes y más de 30 personas detenidas, incluyendo varias mujeres. Tres de ellas embarazadas, y luego varias personas imputadas. Porque en Jujuy, como en Guernica, para los gobierno de turno, pelear por el derecho a la vivienda vale el mote de “delincuente”.

Nueve de cada diez

El economista Gastón Remy cuenta en una nota en este diario que las familias de jóvenes son las que más sufren la crisis habitacional: 9 de cada 10 jóvenes de hasta 24 años trabajan “en negro”. El desempleo entre las mujeres que tienen hasta 29 años, más que duplica al promedio provincial.

Sin posibilidades de acceder al trabajo (más incluso que en muchas regiones del país), en el mejor de los casos las mujeres accedieron al Ingreso Familiar de Emergencia en cuarentena o a alguna asistencia social que sólo permite subsistir en condiciones inhumanas.

Acceder a una vivienda, seguir alquilando una casa o una habitación entre varias familias, se convirtió en algo ya imposible para muchísimas de ellas, porque al hacinamiento o a las condiciones ya indignas de vivienda, se sumaron los despidos, el ajuste, la mayor desocupación.

Como en Guernica, las protagonistas del reclamo son mayoritariamente jóvenes y mamás; muchas son trabajadoras de casas particulares; muchas subsisten haciendo changas; muchas son jefas de hogar y otras tienen parejas que están en su misma situación.

Un contraste notorio

Ayer jueves al medio día, mientras seguía el debate sobre el reclamo de los policías, realizaron su segunda movilización a la Casa de Gobierno. Allí estuvo acompañándolas nuestra compañera de Pan y Rosas, la diputada provincial Natalia Morales (PTS/Frente de Izquierda), que nos contaba que “en Jujuy, Morales asumió diciendo que iba a construir 4200 viviendas por año, pero según sus propios informes apenas construyó 760”.

Mientras, la tierra se concentra en manos de un puñado de empresarios, de terratenientes y de familias como los Blaquier, que gracias a la expropiación de las tierras de los pueblos originarios, hoy posee más de 157 mil hectáreas en la provincia.

El contraste es notorio: 20 mil familias están en emergencia habitacional en Jujuy. Y los intentos de tomas de esta semana, de hecho, se suman a los que ya llevan varios meses (como en Libertador Gral. San Martín) o incluso varios años (como los más de 90 asentamientos de la capital jujeña), porque este es un problema estructural.

La llave para darlo vuelta todo

Como en Guernica, a las mujeres que encabezan esta lucha, la policía y las fuerzas de seguridad las hostigan permanentemente. Los medios de comunicación intentan distorsionar su reclamo. Los funcionarios las acusan de delincuentes, de usurpadoras. Hasta amenazan con sacarle los míseros 10 mil pesos a las que lograron cobrar el IFE si siguen peleando por un techo, porque ese es su delito: pelear por un techo.

O quizá más. La lucha por la vivienda pone al descubierto que para este sistema, la pobreza, el hambre, la falta de vivienda, son una necesidad. Y al mismo tiempo, muestra dónde está la llave para transformar esta situación y darlo vuelta todo: en la organización de las familias trabajadoras y pobres, en su alianza con la juventud, en la solidaridad que se teje desde Guernica hasta el norte jujeño. En ese mensaje de "no bajen los brazos" que hacen llegar desde allí a las mujeres que hoy enfrentan la orden de desalojo en el municipio de Presidente Perón en la provincia de Buenos Aires.

El movimiento de mujeres tiene que volver al ruedo y ponerse al servicio de estas mujeres, trabajadoras y jóvenes que luchan por la vivienda, impulsar una gran campaña para repudiar los desalojos y amenazas de represión y reclamar un plan de obras públicas, generando trabajo genuino, para garantizar las viviendas de los millones que en el país se están poniendo de pie por un techo para vivir.







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