Economía

EL JUGUETE RABIOSO

Keynes, la ilusión monetaria y la licuadora inflacionaria

Salió un nuevo envío del newsletter de Economía de La Izquierda Diario y El Círculo Rojo. Alberto ¿ajusta más que De la Rúa? La mazorca progresista y una solución represiva a una catástrofe social.

Pablo Anino

@PabloAnino

Miércoles 30 de septiembre | 10:52

Buen día:

En 2013, se publicó en Buenos Aires Pan, educación, libertad, uno de los libros de Petros Márkaris sobre la prolongada crisis griega iniciada en 2009. El comisario Kostas Jaritos con sus ayudantes están en la escena de un crimen. Se sorprenden al escuchar que el cadáver emite una voz: “Aquí la Politécnica. Os habla la emisora de los estudiantes libres en lucha, de los griegos libres en lucha”. Hay una pausa en el mensaje. Cuando la voz se reactiva, concluye: “¡Pan, educación, libertad!”. Obviamente, el muerto no habla: el mensaje se encontraba grabado en el contestador de un teléfono celular oculto en su ropa. El hombre asesinado había participado en los “Hechos de la Politécnica”, cuando los estudiantes se rebelaron contra la dictadura militar en 1973. De adulto había devenido en un oportunista y rico contratista que ganó mucho dinero con el jolgorio de las obras para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Alguien está ajusticiando a quienes en usufructo de sus supuestas proezas del pasado condujeron al país a un desastre económico y social. No es la derecha. Para averiguar quién los mata hay que leer a Márkaris. Me acordé del libro por la parábola del progresismo que, en otras circunstancias, con menos proezas, actúa en beneficio de los negocios inmobiliarios en Guernica.

Ilusión monetaria

Lord John Maynard Keynes, el economista de cabecera del progresismo mundial y muy querido por varios referentes del Frente de Todos, afirmaba que la clase trabajadora sufría algo así como “ilusión monetaria”. Esto significa que su conducta está determinada, en mayor medida, por el salario nominal: es decir, por el dinero que se recibe cada mes por trabajar. Y, en menor medida, influía la percepción del salario real: es decir, la capacidad de compra de mercaderías y servicios que tiene el salario. En su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, una obra del año 1936, Keynes afirmaba que “puede suceder que, dentro de ciertos límites, lo que los obreros reclaman sea un mínimo de salario nominal y no de salario real”. Así, concluía que “si bien los trabajadores suelen resistirse a una reducción de su salario nominal, no acostumbran abandonar el trabajo cuando suben los precios de las mercancías para asalariados”.

Keynes buscaba una alquimia económica para salvar a un capitalismo en profunda crisis durante la década de 1930. Y su Teoría general, una suerte de obra inicial de la economía heterodoxa, constituía una profunda crítica a la teoría ortodoxa que pregonaba que la reactivación económica debía ser precedida por una caída de salarios nominales. En el convulsionado panorama social de aquella década de crisis, guerras y revoluciones, el economista británico buscaba avanzar por las líneas de menor resistencia de la clase trabajadora para lograr los mismos resultados: por cada punto que la inflación le gana al incremento de salarios los capitalistas como clase embolsan una parte mayor de la torta de la riqueza social que se produce cada año. Una riqueza que, claro está, se produce íntegramente por el esfuerzo de las trabajadoras y trabajadores.

El recuerdo de Keynes viene a cuento en tanto que un método de engaño semejante al que economista británico pergeñaba contra la clase obrera podría aplicarse al ajuste del presupuesto público que está aplicando el Gobierno de Alberto Fernández.

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