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King Crimson: 50 años de experimentación sonora

Después de 25 años vuelve a tocar en Buenos Aires la banda liderada por Robert Fripp, como parte de su gira aniversario.

Jueves 19 de septiembre | Edición del día

Mi amigo y yo íbamos sentados en el micro que nos llevaba de excursión a visitar la represa de Salto Grande. -Tenés que escuchar esto- me dijo, mientras rebobinaba un casete con la birome para no gastar las pilas del grabador. El papel blanco de la tapa decía, debajo del nombre de la banda, “Biblia negra y sin estrellas”, dudosa y literal traducción del título original del disco (Starless and Bible Black). Esa guitarra aguda sostenida en una nota interminable y la infinidad de ruidos que hacía la batería fue lo primero que llamó mi atención de esa banda que escuchaba por primera vez.

Pasaron cuarenta años y varias reencarnaciones de King Crimson hasta llegar a la formación actual que, si no ocurre alguna catástrofe, actuará en octubre de este año en el Luna Park. El líder histórico a cargo de la guitarra y la composición desde el primer disco (In the court of the Crimson King, 1969) Robert Fripp, una suerte de maestro Yoda rockero avant gard, parece comandar los destinos de la banda de acuerdo a sus visiones. Eso cuenta él mismo que pasó cuando su mujer le preguntó hace unos años, -¿Cómo te imaginás a King Crimson en el futuro?- Y vió lo que llamó la bestia de siete cabezas: tres baterías al frente y dos guitarras, bajo y saxo detrás. Luego se sumaría otro baterista/tecladista para completar la actual formación de ocho cabezas: Pat Mastelotto en batería y percusión, Jeremy Stacey en batería y teclados, Gavin Harrison en batería, Mel Collins en saxos y flauta, Tony Levin en bajo y stick , Bill Rieflin en teclados, Jakko Jakszyk en guitarra y voz, y Fripp en guitarra y teclados.

Aquella grabación de 1973 que escuchaba por primera vez, tenía al sutil y a la vez potente Bill Bruford sentado en la batería, un instrumento clave en el sonido de la banda. Completaba la demoledora base rítmica el poderoso bajo de John Wetton, quien además sumaba su cálida y áspera voz. David Cross en violín y teclados, se alternaba en las melodías y armonías con la guitarra de Fripp, quien además tocaba el mellotron. Ese cuarteto fue la formación que duró más tiempo y aportó un sonido y una estética musical consolidada en los tres discos que grabaron entre 1972 y 1974. Una música tan poco concesiva que puede pasar de suave melodía folk a explosión distorsionada en un segundo, la permanente provocación de sorpresa, los giros inesperados, la potencia y la sutileza, que caracterizan las diferentes etapas de la banda. La música en estado puro huyendo de las etiquetas.

Rockeros por generación, con la potencia de Led Zeppelin, la experimentación alla Frank Zappa, jazzeros como Weather Report, y tan oscuros como Black Sabbath, progresivos como Yes, y sinfónicos como Génesis pero diferentes a todos ellos, King Crimson se desarrolló en esa década fabulosamente creativa que fueron los 70, inaugurada en 1966 por The Beatles (siempre adelantados), con Revolver y Sargent’s Pepper. Y al mismo tiempo que KC editaba su primer trabajo, aquí, al sur del mundo, se editaba Almendra, primer disco de la banda argentina que más sintonizaba con esos sonidos experimentales que venían del norte.

El mayo francés y la primavera de Praga en 1968, las revueltas estudiantiles en México el mismo año, el Cordobazo en 1969, las manifestaciones en EE UU en contra de la guerra de Vietnam, y al mismo tiempo los festivales de Monterrey Pop, Woodstock e Isle of Wight, marcaron una época de ascenso obrero-estudiantil, antiimperialista y antibelicista, que influyó sin dudas en el surgimiento de la fuerza expresiva del rock más potente sumada a una gran libertad creativa, potenciada por el auge de una industria discográfica cada vez más avanzada técnicamente, que posibilitaba grabaciones de mayor calidad para propuestas musicales más complejas.

A mediados de 1970, Robert Fripp decide disolver la banda. “King Crimson ha dejado de existir” fue el escueto comunicado oficial del guitarrista. Resuelto a explorar diferentes horizontes musicales, comenzó una carrera como solista y productor que lo llevó a colaborar con Brian Eno, David Bowie y Peter Gabriel. Del trabajo junto a éstos últimos dos músicos resultó la conexión con el guitarrista y el cantante Adrian Belew, y con el bajista Tony Levin, con quienes refundará la banda a comienzos de los 80, junto al viejo socio Bruford. De este cuarteto resultaron tres discos de una estética totalmente renovada, tanto en lo musical como en lo visual, desde el diseño de las tapas hasta la escenografía, el vestuario y las luces, de un carácter minimalista derivado la propuesta sonora, basada en la original combinación de los tres instrumentos de cuerda más una batería y percusión electrónicas. El sonido se volvió más colorido y luminoso, pero no menos experimental, con mezcla de aires orientales o étnicos, y juegos repetitivos e hipnóticos de arpegios a dos guitarras. Menos rockeros que en los setenta, algunos temas sonaban en las primeras FM de Buenos Aires, con la expresiva voz de Belew como atractivo principal. Y con Bill Bruford inventando nuevas rítmicas con tambores y percusión digital, prescindiendo de los platillos.

Las etapas de la banda venían sucediéndose casi puntualmente con una duración de tres discos o tres años, ya que luego de Three of a perfect pair, de 1983, vuelve a desarmarse. Cuando lo que está por delante es la creación artística y no el negocio son entendibles estas pausas. Y basta buscar un poco por la web para encontrarse con declaraciones de Fripp contra la industria discográfica. El negocio pide nuevas canciones para seguir vendiendo, y el artista auténtico se guía por su necesidad expresiva. El verdadero arte y el mercado son mundos irreconciliables. “Hasta ahora -las compañías discográficas- han funcionado como las plantaciones de azúcar del siglo XVIII. Pero los esclavos sabían que lo eran, a diferencia de los artistas”, declaró Fripp en una de las pocas entrevistas brindadas.

Luego de diez años de silencio, la banda disuelta por la poca disposición de su líder a someterse a las reglas de un mercado globalizado cada vez menos artístico, volvía sin embargo en una nueva reencarnación.

"El regreso tiene que ver con la disponibilidad de la música. Cuando ella aparece, los músicos la tienen que tocar. Se requiere una conciencia de tiempo, lugar y persona para que ocurra. Y aquí estamos.” Esta vez al cuarteto se sumó una cuerda más, el stick de Trey Gunn, y un segundo baterista, Pat Mastelotto. Este sexteto al que Fripp llamó el doble trío (dos baterías, dos bajos, dos guitarras) debutó en 1994 con una serie de shows en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, y surgió también a partir de una visión de Fripp: "Sucedió cuando hace dos años iba en mi auto hacia el supermercado y consideraba el regreso de King Crimson. Entonces los vi, vi dos tríos" .

El sexteto dio sus shows en Argentina luego de varias semanas de ensayo y preproducción del que sería su debut en CD, en los estudios El Pie de Buenos Aires. El KC de los ´90 se orientó a una estética sonora más acorde a la década del grunge y el new metal: un sonido poderoso y heavy sin abandonar la sutileza y los arreglos complejos que son el sello de la banda. Esta fue la etapa más larga de su actividad. Luego de Thrak(1995) siguieron de gira alternando con diversos proyectos paralelos, los Projekcts, grabaciones editadas por el flamante sello DGM, la compañía independiente que permitió a Fripp luego de décadas de litigio, recuperar y reeditar toda la discografía de la banda. Nuevamente en formato de cuarteto (Levin y Bruford dejaron el grupo) grabaron los dos últimos álbumes en estudio, The construktion of light (2000) y The power to believe (2003) La banda siguió en actividad hasta 2008, cuando pareció definitivamente disuelta, con Fripp absorbido por liberarse de sus litigios con las discográficas, lo que finalmente logró en 2012 luego de más de veinte años.

“...en 2014 Hernán (Núñez, su discípulo argentino) trabajó muy duramente para que King Crimson viniera aquí. Le dije que quería que el nuevo King Crimson regresara en la Argentina, pero finalmente no fue posible.” Ese año la economía argentina seguía sufriendo las consecuencias de la crisis mundial comenzada en 2008, lo cual complicó la nueva llegada de la banda.

El sonido de este octeto progresivo recupera algo de la experimentación jazzera de los discos de los 70, pero con la potencia de las tres baterías sumada a la electricidad distorsionada de la guitarra de Fripp, quizás el único sonido que permanece reconocible en todas las grabaciones a través de estos cincuenta años de música.
Esta formación es posiblemente la mejor banda homenaje para la obra de KC, ya que su repertorio actual, como no había sucedido en sus etapas anteriores, contiene temas de todos los discos, incluso sus primeros hits. Un grandes éxitos en vivo, con algunas pocas nuevas composiciones, donde los viejos temas suenan renovados y con potencia acrecentada, siendo casi versiones definitivas de esos clásicos para sus seguidores.

Exactamente veinticinco años después de aquellos shows en el teatro Broadway, volverán a una Buenos Aires complicada y en plena ebullición electoral. Con un poco de suerte y algo más de un par de miles de pesos invertidos, podremos disfrutar de nuevo de la música de esta gran orquesta de rock contemporáneo.







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