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MENDOZA

La CGT teme no poder controlar al movimiento obrero en Mendoza

Las centrales sindicales y sus intentos de unidad. La relación entre las cúpulas nacionales y sus representantes en Mendoza. La fuerza social que representan los trabajadores en la provincia, el factor que no pueden desconocer.

Lautaro Jimenez

@LautaroJ_PTS

Jueves 28 de julio de 2016 | Edición del día

La interna de la CGT en Mendoza ha ido tomando un tono cada vez más alto, mientras algunos gremios agrupados en el “Movimiento por la Lealtad Sindical” reclaman que se acelere la elección de una nueva directiva, el actual Secretario General, Rodolfo Calcagni, responde con aplomo pero agudeza: “en febrero empezamos a trabajar en Mendoza, pero hay gremios que antes no se plegaban a las medidas de fuerza que tomábamos y ahora están apurados. Hay políticos que fueron los artífices de la derrota, que fogonean a los gremios para hacer píe en la CGT” (Jornada, 15 de Julio de 2016), dejando claro que hasta antes del cónclave nacional 22 de Agosto, las cosas no se moverán.

La CGT Mendoza un paso más adelante

A nivel nacional las CGT de Moyano, Caló y Barrionuevo comenzaron conversaciones de “unidad” recién este año y mostraron importantes dificultades para ello, incluso para medidas unificadas como demostró la “bajada” de Barrionuevo del Acto del 29 de Abril. Actualmente la campaña de “unificación” la CGT hacia su Congreso Confederal del 22 de agosto va tomando cuerpo. Como señalaron distintos periodistas especializados en el mundo sindical, lo que más une hoy por hoy a estas cúpulas es la necesidad de ordenar las filas para contener la bronca que hay por abajo en el movimiento obrero y lograr desde allí negociar gobernabilidad por beneficios con el gobierno de Macri.

En Mendoza la unidad de la CGT regional viene llevándose con bastante éxito desde el 2010, cuando la unidad entre los sectores liderados por los colectiveros de SiPeMon y la UOM de Marquez, destituyeron a Roberto Picco (Prensa) y derrotaron a quienes lo apoyaban: Vega (Madera), Dante (Petroleros Privados). Hoy la disputa es más bien por la conducción de la misma y surgen nuevos alineamientos políticos y gremiales. El sector más delimitado y belicoso en esta campaña lo conforman los sindicatos agrupados en el “Movimiento por la Lealtad Sindical” alineados con el kirchnerismo. Mientras que los actores centrales esperan y siguen con atención los realineamientos del tablero nacional, que saben afectarán mucho la confederación regional y determinarán el signo que toman las negociaciones con el gobierno macrista en un situación económica recesiva que impacienta y preocupa.

La unidad entre los gremios con mayor ascendencia en el sindicalismo cegestista de la última década, SiPeMOn y UOM, se mantuvo desde entonces y pudieron ir normalizando lentamente una CGT regional unificada. Lograron incluso ponerse por arriba de la división nacional del 2012 entre Caló y Moyano que afectaba directamente sus alineamientos nacionales; e incluso el sector que había quedado “por fuera” -el SUPeH de Jorge Córdova/Antonio Cassia- había supuestamente comenzado a unificarse con éstos en mayo del año pasado, con el objetivo de disputar posiciones en las listas del PJ. Este tercer actor, alineado nacionalmente con Barrionuevo, es el que hoy quiere reflotar la idea de una segunda o tercera “unificación” local, quizás tratando de conseguir desde allí un mejor lugar de negociación en la puja por la conducción confederal.

Unidad, líderes y control del movimiento obrero

Una de las mayores incógnitas sobre la unidad cegetista se da alrededor del nivel de fortaleza que esto le puede dar para afrontar los cambios que ha tenido en los últimos 15 años el movimiento obrero en Argentina y en nuestra provincia. La ruptura entre Cristina y Moyano marcó el inicio de una serie de paros generales que mostraron un movimiento obrero fortalecido, capaz de sorprender al país con la imagen de un paisaje urbano vacío en la gran metrópoli del AMBA y que dejó claro quién mueve el país. Pero también vimos en esta nueva clase obrera a sectores fabriles abiertamente identificados con la izquierda, que protagonizaron jornadas que irradiaron desde la Panamericana una fisonomía antiburocrática y combativa que dio que hablar en todo país.

¿La unidad de las cúpulas cegestistas le ayudará a ordenar la acción sindical y crear un liderazgo fuerte desde el cual negociar la “gobernabilidad” con Macri? ¿La unidad de la CGT en Mendoza es una muestra favorable de ello? Podemos ver algunos alcances y límites de esto. Repasando la experiencia local cegestista que siguió a las jornadas del 2001, último gran movimiento estratégico de la burocracia sindical mediante el cual ayudaron a Duhalde y el Movimiento Productivo Argentino a “ordenar” el país tras la caída de De la Rúa, levantando la movilización sindical y permitiendo la megadevaluación que licuó los salarios de una clase obrera agotada por el desmembramiento neoliberal y el terror de la desocupación.

El momento más tenso de la “unidad” cegetista de 2010, fue en las vísperas del Paro Nacional del 9A de 2014 cuando el SiPeMOn de Calcagni (Sec. Gral. de la CGT unificada) jugaba fuerte y quería un paro general. Los gremios alineados nacionalmente con Caló y el gobierno nacional presionaron por frenar este paro y garantizar la paz social en la provincia. Finalmente el Secretario General tuvo que terminar por “dar libertad de acción” para evitar la ruptura del oficialismo de la UOM y sus aliados. El paro fue igualmente muy fuerte, y tuvo una intervención destacada del FIT en el corte del nudo vial de Vicente Zapata y Costanera. Pero desde entonces, la CGT no ha podido emitir más que “declaraciones”, ya que no ha convocado ni siquiera a un acto. Aquel paro del 9A de 2014 mostró una gran fuerza social del movimiento obrero en la provincia, pero no frenó la dura ola de despidos que se desarrolló ese año. Un panorama similar al que vemos hoy frente a la nueva ola de despidos y el veto de Macri a la ley del Congreso que había impulsado la propia burocracia, incapaz luego de defender con mínimas acciones.

La unidad mendocina pareció hasta ahora reflejar más bien la falta de “orientación política propia” de los sindicatos involucrados en la interna cegetista, que un fuerte liderazgo de SiPeMOn. No se ve en Calcagni, Márquez o Córdova figuras de peso comparables a lo que a fines de los 90` era Mario Zaffora (camioneros) cumpliendo un rol relativamente similar al que tenía (y aún mantiene en cierta forma) Moyano a nivel nacional. Luego de la muerte de Zaffora en el 2002, en medio de una disputa interna, el moyamismo bloqueó el ascenso de cualquier nueva figura provincial fuerte en su propio gremio, y la cambió por una alianza con el viejo sindicalista Calcagni.
Los dirigentes de hoy, se muestran opacados incluso con respecto a lo que eran en el 2007 las figuras emergentes de Pereyra (CEC) y “el Dante de la gente” (Petroleros Privados), cuando -siendo oficialistas de la nación, pero opositores a Cobos en la provincia- se mostraban como una “renovación” en la CGT local, con capacidad de lucha contra las empresas y liderazgo político ligados al kirchnerismo. En ese momento se mostraron incluso activos para contener conflictos impulsados por delegados nuevos, emergentes de lo que a nivel nacional se conoció como el sindicalismo de base; como vimos en sindicatos como la Madera con la lucha de Cuyoplacas contra el “premio de producción” usado para jaquear el salario, que en octubre del 2006 apoyaron todos los líderes de la CGT; y Frutas Frescas y Hortalizas contra las cooperativas truchas en el sector ajero, por el que luego de la brutal represión en Campo Grande, se movilizaron más de 3mil obreros a fines del 2007 con el apoyo de la CGT.

Dos de los principales emergentes durante el impulso económico récord de 2003-2007, Pereyra y Dante, conocidos por sus bloqueos de empresas multinacionales del comercio y el petróleo respectivamente, entraron como Diputados Nacionales al tiempo que Jaque ganaba la gobernación. Pero esto fue el comienzo de su decadencia más que un punto de apoyo para liderar el sindicalismo local. Dante perdió su propio sindicato entre el 2014 y el 2015, tras dos abrumadoras votaciones en su contra a manos de una lista opositora apoyada desde la federación nacional de Roberti. Guillermo Pereyra rompió con el PJ (con el que está alineado el resto) intentando construir en soledad el FR como aliado de la coalición de Cornejo. Por ahora ha quedado marginado del juego de tronos de la CGT, pero su apuesta política puede serle de ayuda en futuras discusiones si el massismo continúa saliendo fortalecido del derrumbe kirchnerista y la dispersión del PJ en el que la CGT Mendoza viene mostrando olfato para el éxito como Matías Roby el año pasado.

Hasta el momento hemos visto una “unidad” de la CGT más bien diplomática en la que ninguno hegemoniza realmente a los demás, más allá del reconocimiento formal al peso de SiPeMOn en las negociaciones salariales de la provincia y su capacidad de paralización del transporte urbano. Para la nueva unidad requiere un ingrediente más a la fórmula nacional del “triunvirato”, la emergencia de un liderazgo capaz de lidiar con la nueva realidad y fuerza del movimiento obrero mendocino que se torna cada vez más activo y rebelde. Y en esta disputa por la conducción, será determinante no sólo el peso sindical de cada gremio, sino también los alineamientos políticos de cada fracción y su capacidad de dirigir al resto. Dentro de esta disputa se distinguen hoy al menos tres corrientes políticas: la mayoría pejostista, hoy sin un líder partidario definido, el massismo de Guillermo Pereyra y los sindicatos kirchneristas alineados con la Intersindical impulsada por las CTA.







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