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A 20 AÑOS

La Carpa Blanca: ¿un hito en la lucha docente?

El 30 de diciembre de 1999 fue levantada la Carpa Blanca docente luego de casi tres años de ser instalada frente al Congreso Nacional. La CTERA la reivindica hasta hoy como un gran ejemplo de lucha. ¿Fue así?

Gabriela Liszt

@gaby_liszt

Lunes 30 de diciembre de 2019 | Edición del día

La Carpa Blanca fue instalada frente al Congreso Nacional el 2 de abril de 1997, bajo el gobierno de Menem. El objetivo era lograr una ley de financiamiento educativo. Durante casi tres años, con el apoyo de docentes de las distintas provincias y una gran solidaridad de artistas, intelectuales y trabajadores se convirtió en un importante hito en la lucha de los docentes en Argentina. Para poder evaluar los objetivos de esta larga lucha y los métodos aplicados por los dirigentes sindicales hay que tener en cuenta la conflictividad social que surgió y fue creciendo en todo el país como respuesta a las políticas neoliberales en la segunda presidencia del peronista Carlos Menem. Políticas que golpeaban fuertemente a las provincias.

Las políticas neoliberales implementadas por el menemismo basadas en las recetas del “Consenso de Washington”, el FMI, el Banco Mundial entre otras, aplicaron una política privatista y de desregularización y descentralización de los organismos públicos. En educación, una primera derrota fue la Ley de Transferencia Educativa de 1992. El gobierno se desligó de los presupuestos nacionales a la educación, transfiriéndolos a las provincias. En las universidades comenzaron las políticas de desfinanciamiento estatal y el control de los organismos internacionales, el intento de arancelamiento y los cambios en los planes de estudio.

Estas políticas generaron desde fines de 1993 levantamientos populares como el “Santiagueñazo” y en Tierra del Fuego (1995) donde es asesinado Víctor Choque.

Ley Federal de Educación sancionada el 1993 cambia los años escolares en Educación Inicial, Educación General Básica (una primaria de 1° a 9° grado), Educación Polimodal (3 años de secundaria). Los recortes salariales, los ajustes en los presupuestos educativos provinciales, el pago de los salarios en bonos, el cierre de cursos y escuelas, y las consecuencias de la aplicación de la ), generaron un auge en la lucha docente durante 1996. Ese año, los docentes de Río Negro pararon por 140 días; en Jujuy, San Juan y Misiones la huelga duró 45 días y los neuquinos pararon por más de un mes.

En 1997, a partir de la huelga en Neuquén y el “Cutralcazo”, nuevamente los docentes vuelven a unirse dándose la posibilidad de tirar abajo la Ley Federal de Educación. Los docentes neuquinos fueron vanguardia en el rechazo y la implementación de la LFE. Esta potencialidad se mezclaba con el odio de los obreros del gas y el petróleo despedidos en las privatizaciones. El asesinato de Teresa Rodríguez por la policía, dio lugar a múltiples manifestaciones de repudio.

El 14 de abril de 1997, con la Carpa ya instalada, la CTERA llamó a un paro, movilización y acto en Plaza de Mayo. Pero fue solo una medida coyuntural. La central se negó a impulsar un plan de lucha nacional que exprese la bronca de los docentes y las escuelas y la coordinación con los sectores de desocupados y otros gremios como se realizó en Neuquén. La dirigencia de la CTERA prefirió continuar solamente con medidas con poder mediático en la Carpa Blanca.

La CTERA llamaba a confiar en esta modalidad sin cuestionar el esquema de la provincialización educativa establecido por la Ley Federal de Educación (LFE) menemista en 1993. La derogación de esta ley educativa y el pedido de mayor presupuesto en base a la suspensión del pago de la deuda externa fueron, para la CTERA, reclamos esporádicos.

Luchar o ayunar

Durante 1003 días, maestros y profesores ayunaban de forma rotativa: “Docente ayunando” fue la frase que recorrió el país. Es decir, reducían la “lucha” a los que estaban en la Carpa utilizando uno de los métodos más defensivos de lucha: el ayuno. Cientos de artistas la visitaron: Luis A. Spinetta, León Giecco, Julio Bocca, Eleonora Cassano, Eduardo Galeano, entre tantos otros. Además recibió el apoyo y la adhesión de distintas organizaciones sindicales, sociales, de intelectuales, pedagogos y organismos de Derechos Humanos, expresando un amplio arco de denuncia a las políticas menemistas. Todo este apoyo logrado, en lugar de ser utilizado para fortalecer un plan de lucha junto a padres y alumnos, permitió que toda esta fuerza se desgastara durante los casi tres años de instalación de la Carpa.

Mientras se agravaba los conflictos docentes en 15 provincias la política de la CTERA fue crucial para desviar la lucha de los docentes que podían empalmar con las respuestas obreras y populares que empezaban a darse contra el menemismo. Era una situación donde se podía conseguir mucho más unificando la lucha docentes con el resto de los reclamos. Exigiendo a la CTA (de la que formaba parte), el MTA (dirigido por Moyano) y la CGT había condiciones para una huelga nacional como parte de un plan de lucha que tirara el plan neoliberal de Menem y el FMI, incluida la Leey de Transferencia Educativa y luchar por un mayor presupuesto educativo y un plan nacional de educación. Por el contrario, la Carpa Blanca aislaba las luchas existentes y marginaba crónicamente a las provincias.

El uso de una lucha legítima para favorecer la política del "mal menor"

El objetivo principal de la CTERA era desviar este reclamo utilizándolo para ser parte y llamar a apoyar al frente opositor menemista que en 1997 se constituyó como Alianza (FrePaSo-UCR). La frase de Marta Maffei (dirigente de la CTERA en ese momento) recordando a los docentes “saber votar” llevó las expectativas de la lucha docente tras una alianza electoral patronal de radicales y frepasistas. Lo hicieron en 1997 y cuando finalmente ganó con De la Rúa como candidato presindencial en 1999.

La Carpa Blanca se empieza a desmontar y se levanta definitivamente el 30 de diciembre de ese año cuando Marta Maffei y Hugo Yasky realizan un acuerdo con De la Rúa y se vota en el Congreso la Ley de Financiamiento Educativo.

Esta ley se basaba en un impuesto al automotor que pagaba gran parte de la población, incluso los propios docentes. La ley no estaba basada en impuestro progresivos a las grandes fortunas del campo y la ciudad, tampoco gravaba la renta financiera. Por otro lado es una suma "en negro" (no incorporada al básico en todos estos años) que puede ser (de no mediar una nueva lucha) sacada. Achata el conjunto de la escalafón y desfavorece a los jubilados docentes.

El mismo día que se desarmó la Carpa la llevaron a Necochea para crear un “Museo de la Carpa Blanca”. Dos años después, durante el 19 y 20 de diciembre del 2001, el pueblo y los trabajadores salían a las calles contra el ajuste y la represión al grito de “que se vayan todos” contra el gobierno del mismo De la Rúa. La CTERA no podía jugar ningún rol político-social en estas jornadas ya por ser parte del mismo gobierno.

La Ley Federal de Educación siguió en pie hasta el 2006 cuando fue reemplazada por la Ley de Educación Nacional que, a pesar de la reforma de los ciclos educativos, mantiene lo esencial de la ley menemista. Las negociaciones salariales siguieron siendo por provincia y el presupuesto educativo ni siquiera llegó al 6% del PBI como plantea la Ley de Financiamiento que depende del monto del PBI. Además de ese presupuesto, el destinado a la educación privada ronda el 19% en Capital y 14% en provincia de Buenos Aires. Las paritarias nacionales se volvieron a realizar entre 2007 y 2016 aunque la CTERA, ahora identificada con el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, tampoco consiguió aumentos significativos.

Durante el gobierno de Macri la CTERA no encaró ninguna lucha seria y siguió persistiendo en su política de confiar en un nuevo "mal menor", esta vez para sacar a Macri, creando expectativas en la fórmula Fernández- CFK. Mientras la educación pública se sigue hundiendo, ahora nos llaman a confiar en las promesas del nuevo gobierno. Para no caer en estas trampas y confiar en nuestra propias fuerzas es importante aprender las lecciones del pasado y no seguir detrás de una dirección que ha llevado a los docentes a múltiples fracasos.







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