Cultura

Reseña

La Casa Modesa, literatura feminista de vanguardia

Fina Warschaver escribió esta novela en 1949, y llega a nuestros días, de la mano de la editorial Final Abierto, haciendo con ella un aporte a la literatura feminista en una colección que han dado en llamar: Vanguardia.

Carina A. Brzozowski

Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación

Viernes 18 de octubre | 19:44

(…) “Hablamos de lo que está ocurriendo. Pero cuando quiero relatarle lo que pasó en la casa, me interrumpe, pues ya lo sabe todo. Comentamos la violencia que se desencadena. Y entonces me dice: “Igual que en La Casa Modesa”…”¿Qué es La Casa Modesa?”, pienso. “¿Es el título de alguna película, o de una novela? ¿Qué?”. Y después agrega estas palabras más inexplicables aún: “Igual que la ciudad de la juventud alemana”.

(…) En seguida, estoy en la ciudad de la juventud alemana. Primero la veo de lejos, a vuelo de pájaro. Es toda blanca. No hay calles, sino casas individuales, separadas, una de otra, hay espacios de un metro; parece un inmenso colmenar.”(…)

Estos dos fragmentos pertenecen a la novela “La casa Modesa”, de Fina Warschaver, más precisamente al capítulo cuarto, que lleva ese mismo nombre: La Casa Modesa.

Fina Warschaver escribió esta novela en 1949, y llega a nuestros días, de la mano de la editorial Final Abierto, haciendo con ella un aporte a la literatura feminista en una colección que han dado en llamar: Vanguardia.

Fina era militante del Partido Comunista y con la escritura de esta novela rompe con algunos mandatos. En una carta dirigida a un obrero del partido a quien había impactado su obra, ella le dice: “Nuestra lucha por el socialismo, no tendría sentido si fuéramos a crear una sociedad hormiguero. Crearemos una sociedad de hombres, de individuos libres” (…)

Es así como a lo largo de la novela, nos encontramos con una narrativa en constante movimiento, dinámica, brutal, como el capítulo que titula: “Suicidio por un piso encerado”.

Al leerlo Pensé en la casa donde vivía de chica. No teníamos piso de madera ni mucho menos. Mi mamá enceraba el piso con kerosene, un piso rojo, de cemento pintado, el color del piso, reflejo en la mirada de la que encera. Y después, el ritual de los patines de lana, para seguir lustrando, la hija, la madre, el marido.

Encerar los pisos de La Casa Modesa, de cualquier casa, entrar y salir de ella, de manera disruptiva, casi como la escritura. Entrar y salir de las casas llevando mensajes, romper con las reglas de lo establecido. Entrar y salir, pasar desapercibida.

Warschaver le pone tal tensión a los hechos que nos hace sentir que estamos ahí, que salimos a diario de esa casa y nos enfrentamos al compromiso de militar una idea, un trabajo, una manera de escribir y de vivir.

(…)”¿Sabe usted lo que es sentir naufragar el propio yo en medio de un trabajo absurdo, en medio de una condena a trabajos forzados que uno mismo se ha impuesto o por lo menos ha admitido entre cacerolas y cacharros grasientos?” (…)

Warschaver nos plantea lo que significa para muchas mujeres no solo el mandato que nos impone el sistema de ser amas de casa, ocuparnos de las tareas del hogar no siendo ésta una tarea remunerada, sino que el personaje lo vive como un refugio, donde vuelca sus anhelos, su furia.

(…)”De paso quiero decirle que nuestra casa es pobre pero con pisos encerados” (…)

Pobre y de pisos de cemento pintado era mi casa, dos piezas húmedas, banquitos de madera pintados de verde, repasadores de colores y un calentador a kerosene. Pero siempre había olor a limpio, siempre los pisos brillaban.

En el momento de hacer las tareas domésticas, pensar en la ciudad de la Juventud Alemana, de casas separadas por apenas un metro, todas iguales, pero con todas las puertas abiertas, para escapar y poder volver a nuestro antojo.

Sigue diciendo Fina Warschaver en su carta al obrero: (…)”Si no estuviera convencida de que este momento es único en la historia de la humanidad por muchos siglos, no me lanzaría a una empresa tan quijotesca, tan peligrosa, tan desusada, como esta de ir contra la corriente de la literatura “revolucionaria” propagandística, de bucear hondo convencida de que, aún si me equivocara, lo que salga será un testimonio real, vívido, de nuestra época. El camino fácil, el camino del éxito sería hacer crónicas edificantes de la militancia o, simplemente, algo descriptivo (para lo descriptivo tengo muchas condiciones, tal como lo probé en mi primera obra El retorno de la primavera). Pero no, yo me lancé enseguida hacia otro rumbo ya, en La Casa Modesa”.

Lo que contamos en esta nota es apenas una pequeña parte de lo que nos ofrece esta novela, plagada de temas actuales, narrados con fuerza y convicción. Queda la recomendación, para que cada cual se sumerja en la lectura y la disfrute.







Temas relacionados

LIDteratura   /    Narrativa   /    Reseñas   /    Literatura   /    Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO