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La Iglesia se “acerca” a los pobres mientras busca seguir viviendo del Estado

El arzobispo de La Plata Víctor Fernández escribió una “carta abierta” por la Jornada Mundial de los Pobres de este domingo. Allí pide más limosnas a la clase media y envía un “mangazo” al próximo Gobierno.

Sábado 16 de noviembre | 13:08

Foto Prensa Arzobispado La Plata

El arzobispo de La Plata, Víctor Manuel “Tucho” Fernández, mano derecha de Francisco y uno de los jerarcas católicos más importantes de Argentina, publicó una “carta abierta” hace algunos días con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres de este domingo 17 de noviembre.

Allí la máxima autoridad de la curia platense busca darle una orientación a la feligresía regional. Y al mismo tiempo procura lavarse la cara frente a resonantes denuncias de casos de abusos de curas a menores (como los de los curas Eduardo Lorenzo y Rubén Marchioni) y frente al histórico desprestigio por sus posiciones antiderechos.

El mensaje de Fernández intenta darle a la Iglesia un perfil de “acercamiento” a los sectores empobrecidos de la sociedad para darles un mensaje de “esperanza frente a Dios” en medio de las pérdidas de poder adquisitivo, de ajuste y de degradación de las condiciones de vida de millones de personas.

Concretamente la carta pide a sus fieles un “esfuerzo especial por estar cerca de los pobres”. Una forma sutil de pedir más limosnas y mostrar preocupación por la situación social. La carta continúa diciendo que “aunque no siempre esté a nuestro alcance la solución de todos los problemas de los pobres, siempre estamos llamados a estar cerca de los abandonados de la sociedad”.

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En tono casi segregacionista, el arzobispo parece no estar hablándole a las y los pobres que creen en su mismo Dios, sino a los sectores más acomodados de la sociedad. O, peor aún, posiblemente crea que los verdaderos creyentes en Dios son de las clases acomodadas y las y los pobres solo son objeto de sus misericordias.

Lo que no menciona Tucho Fernández es que “los pobres” no son objetos de compasión sino sujetos activos que, aunque él lo niegue, tienen muchas iniciativas para cambiar su situación, pasando de ser destinatarios de limosnas a ser sujetos de plenos derechos. Desde la ocupación de empresas y fábricas cuyos patrones abandonaron a su suerte hasta la lucha masiva por el aborto legal, seguro y gratuito (que le salvaría la vida a miles de mujeres, sobre todo las de menos recursos que se enfrentan a peligrosísimos abortos clandestinos) “los pobres” piensan y hacen muchas cosas que a la jerarquía católica no le gustan demasiado.

La carta también dice que “no se sirve a los más necesitados desde una ideología, una obsesión, por una ideología política, por propaganda o temporalismos. Lo hacemos desde la fe e iluminados por el Evangelio de Jesús”. ¿En serio la Iglesia Católica no levanta fervorosamente una ideología (medieval y oscurantista) con un posicionamiento político y con la obtención de jugosos réditos económicos? ¿Qué explica, si no, el deliberado apoyo de la Iglesia católica al golpe de Estado en Bolivia? ¿Es por tradición? ¿Es por mandato divino?

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Quizás por esa manía acomodaticia con el poder de turno, la carta de Fernández no menciona la responsabilidad del gobierno de Muricio Macri en la decadencia existencial de millones de personas. Y quizás por eso tampoco se le exija nada (al menos de forma directa) al pronto gobierno de Alberto Fernández, más que una invitación a ser parte de la mesa de “diálogo” entre la dirigencia política, empresaria y sindical se cara al pacto social propuesto por el Frente de Todos.

“La atención a los pobres es una gloria de la Iglesia, un signo que aun la sociedad secularizada reconoce y valora”, plantea Tucho en su carta. Sutil forma de seguir reclamando al Estado un financiamiento regular con la contraprestación de “atender” a los jóvenes pobres y contenerlos para que no se contagien de la marea chilena, de la marea ecuatoriana o de la marea boliviana.

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Los arzobispos han dedicado ríos de tinta y saliva hablando por y en nombre de los pobres. Pero para ellos la población empobrecida no es más que una llave en pos de conseguir mejores prebendas del Estado, protección para los pedófilos, y un lugar en la “mesa chica” del poder.







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