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La Rioja llora a Romina Ríos

Miércoles 18 de febrero de 2015 | Edición del día

El pasado domingo fue hallada sin vida, en la ciudad capital de La Rioja, Romina Ríos. Fue asesinada con saña, su cuerpo fue encontrado maltratado, baleado y quemado para no dejar rastros. Un familiar, que reviste en la Policía, fue quien la mató con su arma reglamentaria. Desde la fuerza intentan definir el caso como un “crimen pasional”, desprendiéndose de responsabilidades.

El lunes, bajo el sol que raja la tierra riojana, más de ochocientos vecinos se encontraban al ingreso de su pueblo, Patquía, para recibir su cuerpo. Ese mismo día hubo una movilización en la capital riojana para pedir justicia.

Romina, hija de una familia trabajadora, tenía dieciocho años y había viajado a la capital para estudiar geografía. Era buscada desde el jueves 12 de este mes y había sido vista por última vez cerca del Colegio Pio XII.

Ayer, el jefe de la Policía riojana, Luis Páez, dejó a consideración del gobernador Luis Beder Herrera su renuncia. “Si se tiene que ir alguien, soy yo, no una plana mayor” declaró en los medios provinciales. Este es el segundo hecho que vincula a policías con homicidios en La Rioja. Paez agregó, en una clara defensa a la fuerza policial: "Haremos la autocrítica necesaria, pero son situaciones privadas. Hay factores que influyen en la conducta de las personas. Este agente estaba de franco. Nos tendremos que preguntar qué le pasa a la sociedad también". Luego, el jefe de Seguridad, Luis Angulo, aseguró que el crimen de Romina fue de carácter pasional: "Cuando él (por el agente Miguel Angel Ortiz) ingresó a nuestras filas estaba bien. Transcurrió un año y salió a la calle. Pero esto es una cuestión pasional”.

Los comentarios de jóvenes riojanos sostienen que la Policía no quiso recibir la denuncia inmediatamente, que “debían esperar cuarenta y ocho horas”, y que le recriminó a la madre: "Señora, hubiese cuidado mejor a su hija, se debe haber ido con algún noviecito”. La Policía no la encontró viva ni la encontró muerta, sino que fue un policía quien la mató.

Duele Romina y las cientos de mujeres víctimas de feminicidio. Cada día se nos estruja el pecho por una noticia de este tipo. El crimen de Romina golpea a un pueblo que ya sufrió a Peli, una joven que desde hace diez años se encuentra desaparecida. Romina no es un caso aislado.

Los Gobiernos nacional y provincial hablan de campañas contra la violencia hacia la mujer. La Policía establece divisiones especiales "contra la violencia hacia la mujer" o "contra la trata", pero ninguna de estas actuaciones frenan el hecho de que se produce un feminicidio cada treinta horas en Argentina y de que muchos funcionarios siguen caratulándolos de “crímenes pasionales”.

Hablar de feminicidio es hablar de penurias cotidianas, vividas en las casas, en el trabajo y en la calle. Es mostrar que no son casos aislados y pasionales. Es hablar de una larga cadena de violencia que sufrimos las mujeres bajo este sistema social.
El dolor y la impotencia ante este nuevo caso se transformaron, en La Rioja, en un grito de "¡Justicia por Romina!".







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