Política

PATEANDO EL TABLERO

La acción de las de abajo y lo que empieza a cambiar en Jujuy

Editorial en Pateando El Tablero, la izquierda en radio, 101.7 Jujuy FM, miércoles de 13 a 15hs.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Jueves 1ro de octubre | 09:03

Mientras los grandes medios se encargan de mostrar las internas y roces en las dos grandes coaliciones de los partidos patronales, el gobernante Frente de Todos y Juntos por el Cambio, como lo más dinámico de la realidad, por cierto, por fuera de la crisis económica y los vaivenes del dólar, a su manera como en otros puntos del país, en la provincia algo empezó a cambiar.

Por eso, hoy vamos a tratar de indagar en estos cambios de los cuales no te hablan, pero quienes somos partícipes de los mismos, si podemos hacerlo, además de contribuir con algunas conclusiones y tareas que se desprenden del caso.

Para comenzar, las y los protagonistas son aquellas y aquellos que algunos intelectuales sostenían que eran los más beneficiados por el gobierno que asumió en la Casa Rosada en diciembre último. Aquellas y aquellos legítimos merecedores de la “solidaridad” del resto de la sociedad, los mismos que en el gobierno anterior iban a salir de la pobreza al reducirse ésta a un “grado cero”.

Mujeres, jóvenes menores de 30 años, junto a sus novios, esposos y familiares son las que pelean por un pedazo de tierra y recibieron la represión policial cuando intentaron asentarse en lotes fiscales en el barrio Alto Comedero. Al igual que las familias que se asentaron en tierras expropiadas a la empresa Ledesma como resultado del conflicto masivo por la vivienda en 2011, ellas y ellos, no bajaron los brazos. Siguen peleando por lo que la Constitución Nacional ampara, “el derecho a una vivienda digna”, pero ningún gobierno garantiza. Cierto está, que todas las viviendas públicas que no se construyen, son el resultado de sostener el negocio inmobiliario y la gran propiedad terrateniente de las familias “fundadoras” de Jujuy.

Entonces, mujeres y jóvenes de los sectores más vulnerables de la clase trabajadora son quienes más vienen sufriendo la crisis que la pandemia vino a profundizar. Recordemos que previo al covid-19, 9 de cada 10 jóvenes hasta 24 años trabajan en negro en la provincia, mientras las mujeres hasta 29 años tienen más del doble de desocupación respecto del resto de la población, y justamente, ellas y ellos, son quienes están en la pelea por la vivienda.

Pero están también en la ruta exigiendo justicia por Iara Rueda, víctima de femicidio, y la aparición de Gabriela Cruz, ambas jóvenes mujeres de Palpalá. Una de las localidad donde, por cierto, más estragos viene haciendo la falta de empleo genuino desde el desguace de Altos Hornos Zapla con las privatizaciones menemistas y el cierre de empresas en los últimos años de un municipio gobernado nuevamente por el PJ.

Sin dudas, los cambios de los cuales estamos hablando, se pueden palpar en lo que hay debajo de la multitudinaria movilización de mujeres y familias por Iara y Gabriela, con acciones solidarias en otros puntos de la provincia. Detrás del pedido de Justicia ante los femicidios y la desaparición de mujeres, se esconde un profundo malestar en los grandes perdedores de los último años y, ni hablar durante la pandemia, pero también que estos sectores tienen expectativas a que sus reclamos y necesidades postergadas se cumplan, pese a lo dura que es la realidad del día a día. Algo de esto grafica uno de los lemas de las familias que cortaron la ruta 66 esta semana el cual dice, “El luto lo hacemos en la ruta y en las calles”.

A modo de conclusiones más generales podemos decir que, en estas primeras resistencias de mujeres y jóvenes, como también lo expresan las familias de la toma de tierras en Guernica o los distintos conflictos de trabajadores en el país o en el provincia como fue el triunfo de los obreros y familias de finca El Chalicán, se expresa que nada será igual que antes cuando llegue ese momento que algunos definen como la post pandemia.

A modo de tareas, que hoy está en juego disputar otra solidaridad a los gobiernos, aquella que surge de la unidad del conjunto de la clase trabajadora en forma independiente de los gobiernos y partidos patronales, comenzando por unir las demandas del movimiento de mujeres con las demandas de las familias sin techo, y de cada sector de trabajadores ocupados, desocupados, informales, precarios, para golpear con un solo puño. Sabemos que del otro lado, están las burocracias sindicales y de los movimientos sociales, el PJ, militando para que nada explote, actuando como sostén del gobierno de Morales, tal como debatimos en la editorial pasada. Por eso, se trata de una tarea de lucha política a dar de manera consciente en los gremios, en los lugares de trabajo, en los centros de estudiantes y en los barrios.

Confiamos profundamente en la fuerza de la clase trabajadora y, en especial de sus mujeres y de la juventud, porque como decía el dirigente revolucionario, León Trotsky, en su carta a una asamblea en Moscú de mujeres obreras, “los que luchan más enérgica y constantemente por lo nuevo son los que más sufren a causa de lo viejo.”







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