Mundo Obrero

CONTRA LA CORRUPCIÓN DE LA PATRIA CONTRATISTA

La administración obrera: las únicas manos limpias

Las valijas llenas de dólares de José López, funcionario central del kirchnerismo desde 1991 en Santa Cruz y luego con Néstor y Cristina en el gobierno nacional, puso en discusión la relación entre la corrupción y la obra pública en el Estado.

Raúl Godoy

Dirigente ceramista y diputado del PTS-FIT | Neuquén

Jueves 23 de junio de 2016 | Edición del día

Más allá de lo cinematográfico del hecho, que el macrismo intenta utilizar para ocultar el malestar por el ajuste, indigna la imagen de un ex funcionario ligado a la obra pública ocultando millones de dólares, que deberían haberse invertido en la construcción de rutas, caminos, cloacas o viviendas. Y esto es sólo la punta del iceberg de este sistema de corrupción que enriquece a un grupo selecto de funcionarios (López no “trabajaba” solo) mientras millones de familias no pueden acceder a una vivienda digna, a redes de agua potable, gas o cloacas, entre tantas otras cosas. Y en el caso del kirchnerismo, con el doble discurso de ser parte de un proyecto “nacional y popular”.

Es el capitalismo

Pero esto no puede ocultar para nada que la familia Macri fue y es una de las grandes beneficiarias de la obra pública en nuestro país, siendo a la vez dueños de empresas constructoras y parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y ahora del gobierno nacional. Y, más aún, el Grupo Macri se hizo fuerte como parte de la “patria contratista” durante la dictadura militar haciendo grandes negociados y luego estatizando su deuda privada.

La corrupción de funcionarios en los estados capitalistas no son hechos aislados sino parte del propio funcionamiento estatal. Licitaciones millonarias, obras sub ejecutadas, sobrefacturaciones, monopolio de empresas como las cementeras, entre otras cosas, son “moneda corriente” en las obras realizadas por los distintos gobiernos. Así se fue desarrollando la llamada “patria contratista” que mediante la corrupción como método hizo y hace negocios con gobiernos de distinto signo político.

Plan de obras públicas y administración obrera

El fin de la corrupción en la obra pública no va a venir de los mismos que hicieron y hacen negocios millonarios con el Estado, como los funcionarios macristas, ni de los grandes empresarios. Desde las viejas empresas estatales de servicios, pasando por las privatizaciones, los funcionarios estatales y los empresarios se enriquecieron con plata del Estado.

Los trabajadores somos quienes podemos hacernos cargo de un verdadero plan de obras públicas, que en lugar de quedar en manos de funcionarios corruptos sea gestionado por los propios trabajadores, con responsables elegidos democráticamente y que sean revocables, junto a la comunidad.

Para ello es necesario también terminar con la “patria contratista” que durante décadas se robó millones con los negociados de la obra pública, comenzando por la eliminación del secreto bancario, la apertura de los libros de contabilidad de todas las empresas vinculadas a la obra pública, y la nacionalización bajo administración de sus trabajadores las grandes cementeras y las grandes empresas constructoras.

Cuando los trabajadores tuvimos que hacernos cargo de la producción de fábricas y empresas que, como Zanon, quisieron cerrar o despedir masivamente en la crisis de 2001, tuvimos que dar respuesta no sólo a la gestión obrera en sí misma (organización interna de la producción, mantenimiento, etc) sino a la relación en un mar de empresas capitalistas, con todas las presiones que eso implica. Ahogo financiero, competencia económica, boicot, y junto con esto intentos de sobornos y negociados.

Para enfrentar esto tuvimos una política de organización democrática, como tomar decisiones en asambleas periódicas, la rotación y revocabilidad de todos los dirigentes y responsables de la producción, de ventas, de compras, administración, etc. Esos mecanismos internos son los que nos permiten mostrar que una administración obrera democrática no puede evitar la corrupción que es inherente al capitalismo donde estamos inmersos, pero la limita y toma las medidas a tiempo para proteger a la gestión obrera.

Estas bases con las que recuperamos y refundamos el sindicato, las aplicamos también en la organización interna de las gestiones obreras.

Por eso la administración y el control obrero de la obra pública no puede quedar en manos de la burocracia sindical, que maneja millones de pesos de las obras sociales y los aportes sindicales, que son parte de la corrupción y hasta poseen empresas propias ligadas a los servicios públicos, como Moyano con la recolección de basura o Pedraza con las tercerizadas del ferrocarril.

Ante el escándalo que salió a luz con los bolsos de López en el Monasterio, desde el Frente de Izquierda decimos que estos hechos de corrupción son intrínsecos al propio sistema capitalista, y que somos los trabajadores los únicos que podemos levantar una alternativa. Atacando los privilegios de la casta política, como que todos los funcionarios ganen como una maestra y sean revocables, y por un plan de obras públicas controlado democráticamente por los trabajadores y las organizaciones populares.







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