Internacional

BRASIL – ENTREVISTA A FERNANDO HENRIQUE CARDOSO

La miseria de la política y la política de la miseria

“El sistema político brasilero fracasó”, afirmó el sociólogo y ex presidente del PSDB Fernando Henrique Cardoso (FHC) en la entrevista realizada por el programa Roda Viva de la Cultura el pasado lunes. Al contrario de otros representantes de la derecha como Aécio Neves, el discurso de FHC no solo se presenta como un “entusiasta” defensor del impeachment (destitución) de la presidenta, sino que expone un cuadro de crisis política y económica en el país y la enorme debilidad de las clases dominantes para dar una salida a la crisis en curso.

Iuri Tonelo

Campinas

Martes 3 de noviembre de 2015 | Edición del día

En primer lugar, para FHC es necesario caracterizar el régimen político como fallido, en crisis profunda. Su preocupación apunta a constatar la enorme debilidad de un régimen político con fisuras y acuerdos de conveniencia, que inviabiliza incluso el desarrollo de tendencias políticas del pensamiento burgués, ya que “los partidos no son controlados por los presidentes, los líderes no controlan a los diputados”, en suma, prevalece un terreno para la acción anárquica del capital en la política en sus distintas fracciones, teniendo que dirigir y acordar con el “atraso”, el coronelismo (prácticas políticas de dominación de los grandes propietarios rurales), la democracia degradada brasilera, lo que dificultaría una acción más decidida de las clases dominantes para un “proyecto de país”.

Para el líder del PSDB sería necesario una modificación en el sistema político que restringiera, por tanto, los partidos y diera lugar a un régimen más compacto. Es decir, un régimen en el que los partidos gobernantes tuvieran más peso político, menos fragmentado, referenciado en el modelo norteamericano, lo que permite a los partidos dominantes mayor estabilidad ya que el nivel de corrupción, compra y venta de votos, acuerdos espurios de la actual democracia degradada brasilera deja situaciones muchas veces "fuera de control” para los partidos dominantes.

Esta alternativa viene siendo planteada por diferentes sectores de la intelectualidad burguesa y sólo puede tener consecuencias drásticas para cualquier perspectiva "democrática", ya que la primera (e incluso más fácil) medida a adoptar sería profundizar la proscripción de los partidos de izquierda, que ya comenzó con la supresión de los debates en TV. La segunda propuesta afectaría una serie de intereses de los pequeños partidos y necesita una situación especial en la situación nacional brasilera.

En un país con experiencias como el varguismo y el Estado Nuevo y más de veinte años de dictadura militar, querer hacer un cambio drástico en el régimen político que debería reformular los acuerdos con los ruralistas, el coronelismo y diferentes sectores entre las clases dominantes brasileras no pareciera estar al alcance inmediato del régimen político con el que sueña FHC. Y él también lo sabe. Entonces, ¿qué propósito tienen sus reflexiones?

Aquí viene la segunda parte del análisis: la economía y el ajuste fiscal. A diferencia del unísono a favor del ajuste entre los intelectuales del pensamiento conservador, de grandes diarios y revistas, FHC sostuvo que la deuda pública supera ya los 2,2 trillones, que los intereses de la deuda serían de 400 billones y que toda la política de ajuste podrá ahorrar como máximo 50 billones, lo que sería totalmente insuficiente. Así, por derivación lógica del argumento, incluso la salida reaccionaria que está implementando el gobierno de Dilma Rousseff sería insuficiente para FHC y la tendencia económica más catastrófica.

Es decir, en este marco político la enorme crisis de representatividad no podrá ser resuelta con reformas cosméticas y, en el plano económico, aún con la salida que supone descargar la crisis sobre los trabajadores por medio del ajuste fiscal, todo sería insuficiente. Crisis política y crisis económica, sólo podrán ser resueltas a través de una salida más “radical”. Si como queda claro, la salida que propone FHC no es por izquierda, ¿qué resta?

Retomar su idea de “desarrollo asociado”. Sin utilizar esos términos, FHC se refirió a la nueva constitución de clases en el mundo más allá del capitalismo industrial, a la conformación de la interconexión de la economía mundial (globalización) y a la imposibilidad para un país de pensar sólo a partir de su mercado interno y su economía nacional. Es decir, desarrollando el punto de vista de FHC, el argumento solo puede ser el de abrir la economía al capital extranjero y buscar alianzas con potencias imperialistas (sabiendo que los EUA siempre fue la preferencia del ex-presidente).

Es la “miseria de la política” de FHC: sin solución en el sistema político brasilero, el foco debería estar en buscar una “agenda”, un “rumbo” de entrega del país al imperialismo, el mismo imperialismo que domina al mundo por la vía del capital financiero que sustraerá 400 billones a Brasil en intereses de la deuda, como el propio FHC señala en sus datos. En síntesis: una respuesta política de miseria para el país.

En suma, confirma lo siguiente: las dos soluciones propuestas por los dos principales partidos que FHC quiere fortalecer en el régimen político - el ajuste fiscal brutal del PT o la entrega mayor del país al imperialismo (PSDB-San Pablo) y la combinación de la crisis política y económica en el país marcarán los rumbos de los próximos capítulos del escenario nacional.

Y antes que alguien se aventure a pensar en el “mal menor” entre las dos tendencias dominantes, es necesario concluir que con el fortalecimiento de la derecha en las elecciones argentinas de octubre/noviembre, con el crecimiento de la derecha venezolana y la oposición burguesa en Brasil, queda patente que el “fin de ciclo” latinoamericano y su respuesta produciendo un fortalecimiento de la derecha neoliberal en los distintos países es producto directo de los gobiernos llamados de “mal menor” del pasado, que desarmaron a los trabajadores y abrieron alas para la reacción de derecha del presente.







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