Cultura

EL PADRE DE LA BUROCRACIA SINDICAL

La muerte del Lobo Vandor

El 30 de junio de 1969 era asesinado el “Lobo” Augusto Timoteo Vandor. Figura emblemática del sindicalismo peronista, intentó encarnar un “peronismo sin Perón” como jefe del partido sindical.

Sábado 30 de junio | Edición del día

En las oficinas de la Unión Obrera Metalúrgica, calle La Rioja 1945, en Parque Patricios, mientras el Lobo hablaba por teléfono con Antonio Cafiero, un comando de cinco integrantes ametralla al líder metalúrgico y en su retirada lanzan una bomba de trotyl que destroza las paredes del edificio.

El comunicado en el que el autodenominado Ejército Nacional Revolucionario se adjudicaba el hecho fue dado a conocer casi dos años después, el 11 de febrero de 1971: “Siendo las 11.36 del 30 de junio de 1969, el Comando ‘Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis’ del Ejército Nacional Revolucionario, que ocupó el local de la UOM, sito en la calle La Rioja 1945, cumpliendo el ‘Operativo Judas’, procedió al ajusticiamiento del traidor Augusto Timoteo Vandor, complementando la acción con la voladura parcial del edificio. Para los Judas no habrá perdón. Elijan libremente todos los dirigentes sindicales su destino. Viva la Patria”.

Aún no se ha dilucidado quienes fueron los autores del atentado, ya que el ENR era un sello creado para confundir a los investigadores, pero siempre se señaló la posible participación de Rodolfo Walsh y Dardo Cabo en la planificación del mismo.

Vandor fue el máximo exponente de la burocracia sindical peronista que va tomando forma luego del derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955. Militante furioso de un macartismo anticomunista visceral y pieza clave del régimen Libertador para mantener a raya al movimiento obrero, y dividido al peronismo durante su proscripción. En 1954 el Lobo fue elegido delegado en la fábrica Philips en Saavedra. Su figura cobrara peso como dirigente metalúrgico y referente de las recién creadas 62 Organizaciones Peronistas que nucleaban a la resistencia obrera al régimen libertador. Vandor fue el responsable de la derrota de la huelga metalúrgica de 1956 contra la dictadura de Aramburu y Rojas. Su liderazgo sindical contará con el apoyo inicial del mítico dirigente de la izquierda peronista, y entonces delegado personal de Perón, John William Cooke. Su hegemonía dentro del movimiento obrero la logrará en el Congreso Normalizador de la CGT en 1957. A partir de entonces, al frente de la UOM y las 62, Vandor buscará orientar a la resistencia peronista al apoyo del Pacto de Caracas entre Perón y Arturo Frondizi, que permitirá la victoria electoral de este último sobre la UCR del Pueblo en las elecciones de 1958. Con Frondizi negoció la Ley 14250 de Asociaciones Profesionales. En 1959 colaborará con la derrota de la huelga del frigorífico Lisandro De la Torre, dejando aislados a los trabajadores del mismo. A partir de entonces el vandorismo se impone como la corriente hegemónica de la burocracia sindical peronista.

El Lobo acuñó la máxima “golpear y negociar”, que guía las acciones de la burocracia sindical cuando amenaza con ganar la calle o pasar a la acción. El vandorismo fue la expresión de la burocracia sindical que se concebía a sí misma como un partido sindical, un factor de poder, una fuerza propia que llegó a reclamar para sí la representación política del peronismo.

Vandor reclama poder para una burocracia enquistada en la cúpula de las organizaciones obreras y su proyecto de “partido sindical” es la continuidad de una tendencia inherente al movimiento obrero regimentado a partir de Perón, que identifica sindicatos y peronismo como unidad. El partido sindical no es el partido de los sindicatos, haciendo política independiente, sino de los burócratas haciendo política burguesa.

En esta línea Vandor fue el principal impulsor del fracasado Operativo Retorno en 1964, cuando el avión que traía de regreso a Perón a la Argentina fue detenido en Rio de Janeiro y devuelto a Madrid. Vandor conjugó el pegar y negociar de la estrategia sindical corporativa, con el intento de disputarle el liderazgo del peronismo al General en el exilio. En los tironeos de Perón con Vandor, el viejo caudillo le dará aire a todo lo que en el peronismo se encuentra políticamente a la izquierda del metalúrgico y, el vandorismo, representará al llamado neoperonismo que quiere encontrar un lugar dentro del régimen libertador. En 1966 la CGT se divide entre el sector que responde a Vandor y la CGT de Pie junto a Perón, encabezada por José Alonso. Por su parte Vandor impulsó el llamado “peronismo sin Perón”, que negociaba su integración al régimen con la dictadura, rompiendo la unidad del peronismo en las elecciones de 1965 donde el vandorismo fue en listas aparte de las impulsadas por el General desde Madrid. Su mujer, Isabel Martínez, fue enviada especialmente a la Argentina para enfrentarlo. Vandor, al igual que Alonso, apoyó el golpe de Onganía y asistió a la asunción del militar luciendo por primera vez en su vida una corbata.

Rodolfo Walsh denunciará desde las páginas del diario de la “CGT de los Argentinos” la responsabilidad de Vandor en la muerte del dirigente metalúrgico de Avellaneda, Rosendo García. El 13 de mayo de 1966 en la pizzería La Real de Avellaneda, se cruzan a tiros dos facciones de la UOM cayendo muertos Domingo Blajaquis, Juan Salazar y el propio García. Entre los guardaespaldas o amigos de Vandor estaba Armando Cabo, el padre de Dardo y uno de los dirigentes míticos de la resistencia sindical peronista. También Beto Imbelloni, quien supo ser diputado peronista en los 80 y el caballero Rojo de la troupe de Martin Karadagian.

En una entrevista al diario peronista Mayoría Perón relató su encuentro con Vandor en los Pirineos en abril de 1969 para zanjar sus diferencias. Según cuenta Perón: “Yo le dije: a usted lo matan; se ha metido en un lío que a usted lo van a matar. Lo mataban unos o lo matan otros, porque él había aceptado dinero de la embajada americana y creía que se los iba a fumar a los de la CIA. ¡Hágame el favor! Le dije: ahora usted está entre la espada y la pared: si usted le falla al Movimiento, el Movimiento lo mata; y si usted le falla a la CIA, la CIA lo mata. Me acuerdo que lloró. Le dije usted no es tan habilidoso como se cree, no sea idiota, en esto no hay habilidad, hay honorabilidad, que no es lo mismo”. Algunos dicen que la charla se complementó con una famosa anécdota donde Perón le preguntó al Lobo como cuidaba su seguridad, a lo que Vandor respondió: “tengo 60 guardaespaldas”, el General le habría retrucado “son demasiados, basta con que solo uno lo traicione”.

En 1966 Perón le envió al dirigente José Alonso, una carta donde dice expresamente: “El enemigo principal es Vandor y su trenza. Hay que darle con todo y a la cabeza, sin tregua ni cuartel. Su acción fue de engaño, doblez, defección, satisfacción de intereses personales y de círculo, desviación, incumplimiento de deberes, componendas, acomodos inconfesables, manejo discrecional de fondos, putrefacción, traición, trenza. Por eso yo no podré perdonar nunca como algunos creen tan funesta gestión. En política no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer. Deberá haber solución definitiva, sin consultas como ustedes resuelven allí. Esta es mi palabra y ustedes saben que Perón cumple”. Para muchos en estas líneas se encuentra la orden que sellará la suerte del hombre que quiso encarnar al peronismo sin Perón.







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