Sociedad

OPINIÓN

La naturalización de la explotación infantil

El pasado martes 12 de abril el diario La Nación online publicó en la sección Educación una nota sin firma, titulada La docente que aprobó a una alumna que "no sabía nada”

Lunes 18 de abril de 2016 | 12:29

El pasado martes 12 de abril el diario La Nación online publicó en la sección Educación una nota sin firma, titulada La docente que aprobó a una alumna que "no sabía nada”.

La citada nota recoge el testimonio de Lucía Gorricho, profesora marplatense de geografía, quien en su blog cuenta que decidió cambiar el rumbo de un examen de previas, porque la estudiante en cuestión le dijo que no había podido estudiar. Ante esta situación la profesora le preguntó a la chica, una adolescente boliviana de 14 años, si sabía algo de las frutillas. Esta pregunta apuntaba a que la estudiante “escribiera algo que justificara la nota” y ese algo era un tema que fuera de pleno conocimiento de la adolescente.

De lo que más sabía la chica es del trabajo que realiza en uno de los frutillares de la zona: “En el espacio conviven un barrio residencial con calles que respetan la topografía y campos productivos ubicados sobre los márgenes; siendo el más destacado en la actualidad por su rentabilidad, el cultivo de frutillas. Hay varias agro-empresas operando en la zona y todas contratan mano de obra boliviana y han recibido diversas denuncias por parte de organizaciones sociales y ambientales que señalan, no sólo situaciones de semi-esclavitud en relación a la mano de obra, sino que han advertido sobre el uso de agroquímicos como parte del paquete tecnológico de producción”. Así fue que la chica escribió dos textos, uno narrando su trabajo en el frutillar y otro sobre Bolivia.

El doble rol de los medios de la clase dominante: ensalzar para ocultar

Los diferentes medios nacionales y hasta internacionales (Telefé, La Capital, El País, Red guaraní Tv) que se hicieron eco de esto, caracterizaron el hecho como emocionante y conmovedor. Pero si vamos más allá de lo pedagógico y leemos con atención lo que la estudiante relata del trabajo en el frutillar, nos damos cuenta que una chica de 14 años narra cómo es explotada laboralmente por una agro-empresa: “A mí me gusta embalar y armar cajas y claro a la frutilla se le pone esa cosa rara en las plantas. Las riegan con un tubo que está debajo del plástico. Lo ponen los tractores”. Vale agregar que la estudiante argumentó a la docente que no había podido estudiar porque no tenía libro ni carpeta. Sumémosle que seguramente tampoco haya tenido tiempo para estudiar, puesto debía trabajar en el frutillar.
Pero el tratamiento y construcción mediática del hecho, con la focalización en la cuestión pedagógica y no en la explotación laboral de la adolescente, es intencional.

Con esta noticia los medios no hacen más que, por un lado tapar la explotación laboral de la chica con su buena predisposición a ser evaluada de otra manera y por el otro, naturalizar el hecho de que una adolescente trabaje, ocultando el incumplimiento de uno de los derechos de los niños y adolescentes, y de la propia “obligatoriedad” de escolarización. Incluso, obviar las condiciones paupérrimas de vida de enormes sectores de trabajadores, e inmigrantes en particular. Los medios de comunicación, en general, nos tienen acostumbrados a lavarle la cara a las condiciones materiales de vida de los sectores más pobres construyendo y narrando los hechos de esta manera.

Educación ¿Para qué?

Quienes creemos que la docencia no se resume en un proceso de enseñanza/aprendizaje, sino que va mucho más allá, siendo una herramienta para generar conciencia, no podemos naturalizar hechos como éste. Ante el testimonio de una chica de 14 años que cuenta que trabaja en un frutillar, la cuestión pedagógica queda de lado puesto que al focalizar en ella naturalizamos la explotación a la estudiante. Las condiciones materiales en las que vive la adolescente (no tener dinero para comprar carpeta y libros, tener que trabajar), son precisamente las que impiden que ella pueda estudiar.

Más que discutir sobre lo positivo o negativo de la experiencia pedagógica de la docente, es importante hacer hincapié en que el caso de la estudiante es uno más entre tantos. En nuestro país los inmigrantes también sufren las consecuencias de las políticas capitalistas: graves problemas de vivienda, salud, alimentación, y por supuesto, educación. En la actualidad la explotación infantil y/o el trabajo esclavo recae especialmente sobre la espalda de los trabajadores inmigrantes, y bolivianos y paraguayos en particular (sin ir más lejos la “primera dama” Juliana Awada, copropietaria de la marca Cheeky, tiene varias denuncias por trabajo esclavo). La única salida frente a esta situación es la organización de nuestros hermanos de clase. La lucha obrera es una y sin fronteras.







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