Medios de comunicación

OPINIÓN

La palabra como fuego

La patota del empresario Martínez Rojas actuó con órdenes precisas y claras, destrozar todo lo que se pueda de Tiempo Argentino. A gusto con la tarea, y cebados por la falsa valentía que da tener de su lado a la protección policial, se dedicaron a la labor paciente de destruir.

Diego Gutiérrez Pavón

Estudiante periodismo | Universidad Nacional de Avellaneda

Jueves 7 de julio de 2016 | Edición del día

Fotografía: Enfoque Rojo

No pudieron con todo, porque brotó la fuerza de la acción de los trabajadores en defensa propia. No sólo de un puesto laboral, sino de un medio de comunicación que transita una salida creativa, en contra de la corriente de la prensa comercial. Una salida que ingeniaron en forma de cooperativa frente a la estafa de un empresario acomodado como oficialista. Y no pudieron porque nació la solidaridad de los miles y miles que se acercaron a sumar en contra de la barbarie impensada en tiempos de verdadera democracia. Ese contagio generado a defender algo nuevo que está en construcción y que pertenece, a pesar de la adversidad política y económica, a los trabajadores.

Como estudiantes de periodismo, es nuestra tarea primordial dedicar esfuerzo al desafío de inventar nuevos periodismos, como la Cooperativa Por Más Tiempo y la de tantas otras experiencias alrededor del país que no sueñan con la fachada insulsa y vacía del periodismo empresarial. Que deja demostrado que para mover la rueda de la producción no hacen falta empresarios.

Es parte de nuestro agitado oficio entender que, si queremos transitarlo con dignidad, debemos encontrar alternativas a la idea de una sola forma correcta de hacer periodismo. Como el camino recorrido por las radios comunitarias que van forjando historia y compromiso. El ejemplo de Radio América, también gestionado por sus trabajadores. Como las revistas fabricadas y pensadas a puro activismo en búsqueda de dar testimonio en tiempos difíciles. Como las innumerables experiencias que se gestan con trabajo en conjunto y no con dueños. Como La Izquierda Diario escrito en la agitación de las luchas de los trabajadores.

Es tiempo de juntarnos, de debatir, de analizar, de estudiar, pero fundamentalmente de ponernos en acción y salir a la calle. La realidad está ahí para darla a conocer. Nuestra tarea es darle espacio a ese fuego que nos inquieta para realzar aquella información que nos intriga. Es fundamental darla a conocer, sobre todo con nuevas perspectivas, para colaborar en la transformación de la realidad.

La maquinaria gigante de los grandes medios se encarga día a día de intentar demostrar que lo que ellos muestran es la única realidad. Derribar ese monstruo tiene que ser parte de nuestro oficio. Batallar contra esos medios que se venden como exitosos, pero que puertas adentro ofrecen salarios de miseria y fuerzas de choque contra las comisiones internas. Luchar contra ese periodismo que se vende como demócrata, pero que redacción adentro sólo lucha por la flexibilización laboral de los trabajadores.

Como estudiantes de periodismo, periodistas más allá de los títulos, siempre es hora de cuestionar si nos conformamos con el periodismo comercial, ese que es pura especulación y regodeo propio o si no pretendemos mucho más de aquello a lo que le dedicamos tiempo, esfuerzo y formación. Los grandes medios, son una fuente laboral, es cierto, pero son cientos los periodistas que luego de ese trabajo dedican su talento a construir otras experiencias. Porque a quien siente el oficio como una herramienta transformadora no le alcanza con cumplir una tarea y cobrar un sueldo, sino que busca mucho más.

En búsqueda de esos nuevos caminos nos cruzaremos con quienes entienden el periodismo como una tarea que puede desafiar a los poderes más oscuros, que puede dar a conocer la belleza de la calle, que puede ser una herramienta útil y creativa para derribar a las cadenas que nos dominan. Nos encontraremos con otros y otras para construir algo nuevo.

Esas son nuestras tareas. Nuestras herramientas son nuestro ingenio, que debe ser libre de todo prejuicio y dogma, y nuestra palabra. Nada más ni nada menos.

* El autor es estudiante de la Licenciatura de Periodismo de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) y periodista egresado de TEA.

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