Cultura

TRIBUNA ABIERTA // MÚSICA ROCK

Las bandas "militantes" y el desafío de hacer política a través de la música

Aquellas bandas identificadas con un signo político y que buscan comprometerse con la situación social y política, sufren las dificultades propias del siglo XXI: alienación, globalización y una subordinación constante al mercado, en este caso cultural.

Jueves 22 de marzo de 2018 | Edición del día

Los frontmans de Las Manos de Filippi, Científicos del Palo y El Violinista del Amor y los Pibes que Miraban, a pesar de tener ideologías diferentes, coinciden en que el músico debe comprometerse con las causas sociales como un trabajador más y así ayudar a erradicar el concepto de rockstar.

“Sentado el principio de que en la obra de arte debe buscarse sólo el aspecto artístico, no queda excluida, de ninguna manera, la búsqueda de la masa de sentimientos, de la actitud hacia la vida que circula en la misma obra de arte”, decía Antonio Gramsci, el célebre téorico marxista italiano. La música, como todas las ramas del arte, siempre ha sido un medio utilizado por el artista para transmitir emociones, sensaciones, ideas o mensajes, con el objetivo de conmover al público y generar eso que los griegos llamaban empatía. En el caso de la política, cobró mucha importancia a partir de los ’60 y los ’70, cuando artistas como Joan Baez, Bob Dylan, o nuestro Atahualpa Yupanqui, preocupados por las problemáticas sociales, comenzaron a popularizar lo que se conoce como "Canción de protesta".

Influidos en gran medida por sucesos de las primeras décadas del siglo pasado, como la Guerra Civil Española (que originó un gran número de canciones populares), estos célebres músicos marcaron un antes y un después ya que, desde ese momento, el número de bandas que acuñaron como propio el concepto de combinar política con música comenzó a crecer. Pero en pleno siglo XXI, y con un mundo cada vez más globalizado y subordinado al mercado, se presentan ciertas dificultades. "Lo complicado es combatir la alienación que sufren las personas. El tipo que llega a su casa cansado de trabajar 12 horas, seguro escuche algo vacío de contenido para descansar su cerebro", explica Nicolás Esperante, cantante y guitarrista de El Violinista del Amor y los Pibes que Miraban.

Hace ya 25 años, Hernán El Cabra de Vega formó Las Manos de Filippi, una banda que, desde sus inicios, mezcla punk, reggae, rock y ska, entre otros estilos. En los ’90 el país estaba sumido en el neoliberalismo más salvaje, con Carlos Menem de Presidente y "un Estado diseñado para robar", sostiene El Cabra. Su primer disco, causalmente tal vez, se llamó "Arriba las manos, esto es el Estado", en el cual aparece un tema que despertó gran polémica: Sr. Cobranza. "Yo tocaba mucho en la peatonal Florida, siempre con un repertorio muy ’antitodo’. Y fue en el ’89, cuando conocí gente del Partido Obrero (PO), que empecé a adquirir más conocimiento que me sirvió a la hora de componer letras", rememora el cantante, que también tiene un taller de luthería en la terraza de la sala de ensayo, ubicada en Paternal. Como no podía ser de otra manera, la banda se identificó rápidamente con el trotskismo y nunca dejó de hacer temas relacionados con la política. "A partir de ponerles nombre y apellido a los políticos fue que logramos encontrar nuestro rumbo", asevera de Vega.

Pepo San Martín, cantante y guitarrista de Científicos del Palo, explica que, si bien muchas veces molesta la postura que defienden, "la exposición también contribuye a ganarnos un público afín a nuestra postura". Con más de 10 años en el circuito, 4 discos editados y uno más en camino, la banda posee un logo controversial: con las siglas de la banda, formaron un escudo que imita a la perfección al de la Confederación General del Trabajo (CGT). Según Pepo, "esto sirve para dejar clara nuestra afinidad política de entrada, para que el que se acercara a la obra vea que hay alguna connotación vinculada al análisis social y político del país". Con álbumes como Gorilophrenia o La Histeria Argentina, la banda fusiona rock con funk, bases folclóricas, reggae y unas letras que, sobre todo, versan sobre el peronismo. "Como muchas personas, cuando asumió Néstor volví a creer en la política", explica el cantante, al cual, a la hora de componer las letras, le cuesta mucho despegarse de la política.

"La gente que nos escucha lo hace porque se siente acompañada con compartir algo que siente cercano", afirma Esperante, cantante y guitarrista (entre otros varios instrumentos) de El Violinista del Amor y los Pibes que Miraban, una banda cuyo estilo él mismo define como canción popular, vinculada al anarcocomunismo. Con 6 discos editados, la ideología puede observarse netamente en dos de sus álbumes, en los cuales reversionan las canciones más populares de la Guerra Civil Española y "otros himnos de revoluciones que no fueron. Los álbumes Contra los fantasmas vol. 1 y 2 representan, según el multiinstrumentista, parte de su infancia, ya que su padre y su abuelo, que peleó en la guerra, empaparon sus primeros años de esas historias y canciones. "Aquellos que pelearon y dieron su vida en esa guerra lo hicieron porque creían que se podía ganar y vivir de otra manera. Por eso son nuestro faro en esta actualidad tan tremenda y confusa", remarca Esperante que, en una suerte de comparación, sostiene que "nuestra resistencia no logra hacerle ni cosquillas a este sistema neoliberal".

A lo largo de la historia, muchas teorías han tratado de explicar el porqué del funcionamiento de la industria cultural: la escuela de Frankfurt y la escuela de Birmingham, a través de los "estudios culturales" establecieron ciertas teorías, pero que dejaban de lado muchos aspectos del funcionamiento real de la sociedad. El Cabra, que hace 2 años se postuló a comunero por el PO y dirige la agrupación Músicos Unidos por el Rock (MUR), resume este pensamiento: "Nuestras letras muchas veces son políticas, pero no por eso nos privamos de hacer humor. Lo importante en una industria tan privatizada como esta es que el artista adquiera conciencia de clase para acabar con ese estereotipo del Pomelo rocker". El término acuñado por Karl Marx refiere, a grandes rasgos, al compromiso y conocimiento que todo integrante de la sociedad debe tener acerca de las relaciones sociales antagónicas que se dan y que el hombre debe actuar de acuerdo a las mismas. Pepo, entonces, sostiene que "el músico, cualquiera sea su procedencia, no debe situarse en un pedestal y desligarse de los problemas del común de la sociedad, porque forma parte de la misma".

Aquellos que hacen música con un contenido político, generan en el oyente un sinnúmero de sentimientos e ideas. De cierta manera, esa música (como toda en realidad) está formando integrantes de una sociedad que, con suerte, se replantearán ciertos conceptos. Pero, así como el músico de jazz muchas veces no es valorado, el que se dedica a componer canciones "militantes" tampoco lo es. Esto se debe, según Esperante, a que "nuestra generación transita una época muy terrible y mucho menos romántica. La tiranía tiene otra cara, el enemigo es muy poco concreto y por eso es tan tremendo". Pero, a su vez, el cantante también remarca que "la cultura que consume cada grupo social, así como la utilización de su tiempo libre, hablan mucho de cómo se vive en esa sociedad". El Cabra lo sintetiza muy bien: "En los primeros años de la URSS terminaban de laburar y se iban al comité a discutir sobre política o al teatro o a leer poesía". El luthier remarca que "en esa sociedad, existía un arte comprometido con la sociedad, a diferencia de la nuestra, en la que un tema como Despacito es el más escuchado". Por este motivo, el líder de El Violinista lanza un mensaje catastrofista sobre las bandas "militantes": "No creo que nuestra música le haga replantearse nada a nadie. No somos una amenaza; seguimos vivos por ser inofensivos".







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