Economía

La transición económica a enero

Las disyuntivas de la “primavera camporista”

El gobierno busca una resolución financiera a la situación de recesión en que cayó la economía. Entre discursos anti “buitres” explora las vías de conseguir nuevo endeudamiento para contrarrestar la escasez de dólares. No está descartada la opción de un arreglo en el juzgado de Griesa. El gran problema: como compatibilizar endeudamiento y relato. Mientras tanto, en un escenario incierto las presiones devaluatorias podrían imponer nuevos saltos en el precio del dólar.

Pablo Anino

@PabloAnino

Martes 14 de octubre de 2014 | Edición del día

Fotografía: Wikipedia

Los últimos días de la semana pasada el ministro de Economía, Axel Kicillof, visitó Washington junto a Alejandro Vanoli, el flamante presidente del Banco Central. Asistieron a la asamblea anual del FMI y el Banco Mundial.

Entre roces y gestos con los amigos imperialistas, de la reunión del FMI salió una declaración que plantea la necesidad de establecer nuevos mecanismos para la reestructuración de deudas soberanas.

La Asociación Internacional de Mercados de Capitales (ICMA) también se pronunció a favor de un cambio en las cláusulas de acción colectiva para impedir que un grupo minoritario de accionistas bloqueé, como hacen los “fondos buitre” con Argentina, una reestructuración de deuda aceptada por la mayoría. Semanas atrás, en la asamblea de la ONU el gobierno obtuvo un triunfo diplomático con el pronunciamiento favorable a la redacción de pautas que ordenen las futuras reestructuraciones de deuda.

Todos estos hechos son utilizados por el oficialismo para mostrar un triunfo sobre los “buitres”. Para el ministro “El sistema financiero mundial está bajo reforma por el caso argentino” (Página 12, 12/10). Pero a la vez que exagera los resultados de esas reformas, que recién están empezando a discutirse, el curso de cambios en el sistema financiero que menciona Kicillof no significa un combate contra los especuladores. En sentido opuesto, esas reformas llevarán a un perfeccionamiento de los mecanismos de punción de plusvalías que hacen esos capitales.

El ministro explicó en una reunión organizada por el Consejo de las Américas, a la que asistieron funcionarios de Estados Unidos, del FMI, del BID, banqueros como los de la J.P. Morgan y representantes de empresas, como el gobierno había hecho todos los esfuerzos para cumplir con los que expolian el país con la deuda externa y la extracción de recursos: arregló con el CIADI, con Repsol y el Club de París. Solo quedaba sin haber recibido su pago un grupo minoritario, representado por los buitres que litigan en Nueva York.

La voluntad del oficialismo es pagarles. Les ofreció el 300%, pero este grupo de los “buitres” más radicalizado, los “halcones” del sistema financiero internacional, quieren el 1600%. El juez Thomas Griesa les dio la razón y dejó en una encrucijada al gobierno porque le traba el acceso a nuevo endeudamiento con tasas bajas.
La tensa calma en el mercado cambiario y en la bolsa, pasado el cimbronazo de los cambios en el Banco Central e instaurados mayores controles, no significa que el gobierno haya ganado la batalla a los especuladores internos del “dólar blue”, el “contado con liqui” y tantas otras ofertas para fugar dólares que surgen de la creatividad criolla y de las empresas imperialistas que actúan localmente.

Los funcionarios del equipo económico combinaron presión con negociación. Ahora prima cierta tregua luego que la semana pasada Kicillof y Vanoli recibieran a banqueros y cámaras empresarias que habían sido denunciados por desestabilizadores por Cristina Fernández de Kirchner. Incluso el ministro se trasladó a la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina para bajar el tono de confrontación.

En algún medio se deslizó que el hermetismo de los hombres de negocios frente a la prensa a la salida de esas reuniones indica que los funcionarios no sólo llevaron mensajes tranquilizadores, sino que habrían manifestado la idea de algún arreglo con los “buitres” luego de finalizado el año.

El objetivo es llegar a enero. Es un mes clave para determinar cómo concluirá económicamente el mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Para ese momento ya no estará vigente la cláusula RUFO, que obliga a mejorar los pagos a los que entraron al canje si se le hace una mayor oferta a los “buitres”.

Será la hora de la verdad. Allí se verá en que medida el gobierno mantiene el eslogan “patria o buitres” y rechaza pagar la sentencia de Griesa. El mediador Daniel Pollack convocó nuevamente a una reunión para este lunes para sondear la disposición del gobierno de Argentina para negociar en enero. La representación argentina, compuesta por todos abogados yanquis, respondió que no habrá negociación.

Pero frente al evidente fracaso de la Ley de Pago Soberano, que por el momento no logró que los bonistas pasen por la ventanilla del Banco Central a cobrar, los caminos del oficialismo se van estrechando hacia una negociación en las oficinas de Griesa.

El “aceleramiento”, que permite exigir la cancelación anticipada si los bonistas reúnen el 25% de los papeles de una serie que está sin recibir pagos, no ha ocurrido. La actitud de los bonistas que tienen bloqueados los pagos por el fallo del juez neoyorquino y no pidieron el “aceleramiento” es un gesto cuya lectura casi obligada es que también esperan que en enero se alcance un acuerdo con los “buitres” que destrabe la situación.

“Patria o buitres” devela cada vez más un formalismo jurídico para no insinuar voluntad de pago hasta que venza la cláusula RUFO. Lo que ya no oculta el kirchnerismo es su voluntad de volver a endeudarse. La vía de volver a los “mercados”, iniciada a principios de año, no está para nada clausurada. Por el contrario, parece ser el camino buscado. Según Kicillof “No es que el gobierno argentino esté en contra del financiamiento externo, sino que el problema son las fuentes, los usos y los condicionamientos asociados a esos créditos.” (Página 12, 12/10).

El oficialista Página 12, a través de Alfredo Zaiat y otros columnistas, hace semanas viene trabajando en esa idea: “El actual contexto cambiario induce hoy a captar dólares del mercado de capitales a través de la colocación de bonos para ordenar la plaza cambiaria, con el objetivo de preservar la estabilidad económica y el empleo” (5/12). Este sábado 11 tiró línea sobre cómo ofrecer alternativas financieras a los “ahorristas”. El kirchnerismo está intentando generar las condiciones económicas y políticas para enterrar el “desendeudamiento”.

No obstante, la transición a enero estará plagada de turbulencias económicas, con nuevos desafíos sobre el tipo de cambio. En un escenario incierto no se pueden descartar nuevos giros bruscos en la política del gobierno que lleven a una nueva devaluación. Un posible éxito en lograr fuentes de financiamiento para que ingresen dólares que permitan aminorar las tensiones económicas en el fin del mandato de Cristina Fernández de Kirchner irá indisolublemente ligado a una devaluación cada vez mayor, no necesariamente del peso, sino del “relato” oficial. Desde la izquierda hay que redoblar los esfuerzos por rechazar el pago de la deuda externa.







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