Internacional

GOLPE EN BRASIL

Lava Jato: una operación judicial para elegir a dedo al presidente de Brasil

La operación Lava Jato es la más completa y golpista pieza de intervención política en la historia reciente de Brasil. Sus métodos y procedimientos, llenos de arbitrariedad y casuismos, tenía, como se hace evidente en este momento, un objetivo predeterminado: digitar quién se va a sentar en la silla presidencial.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Lunes 6 de agosto | 15:44

Cada paso de la mediática operación, desde 2013 a esta parte, condujeron a un solo punto culminante del ataque: encarcelar arbitrariamente a Lula e impedir el derecho de la población a votar a quién quiera. Un derecho que debe ser defendido incondicionalmente, incluso ante un programa de conciliación de clases como el propuesto por el exmandatario y el PT, que contribuyó a abrir camino a los actuales golpistas.

La causa del Lava Jato trabaja para digitar quién se sentará en la silla presidencial, para profundizar y consolidar lo que ha sido conquistado por la burguesía con el golpe institucional y su continuidad. Para ello, la principal apuesta en este momento es abrirles camino a figuras firmes y confiables, como el actual gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin. Este hecho es cada vez más evidente.

Foto: Geraldo de Alckmin

Alckmin es "puerto seguro" para los empresarios y ha recibido todos los aplausos de la bolsa de valores. Promete terminar con el Ministerio de Trabajo, armar a los latifundistas, privatizar todas las empresas estatales, imponer una reforma previsional para que los brasileños trabajen hasta la muerte y terminar con la enseñanza superior pública gratuita.

El nombramiento de Ana Amélia como vice le da crédito al “tucano” (como le dicen a los partidarios del PSDB del expresidente F.H. Cardoso) para intentar incorporar mejor parte del programa del reaccionario y ultraderechista Jair Bolsonaro, quien sigue liderando las encuestas que excluyen a Lula.

La decisión de nombrar como vice de Bolsonaro a uno de los más renombrados generales de la reserva, Antonio Hamilton Mourão, quien admitió la posibilidad de intervención militar, implicará una renovada presión hacia la derecha sobre Alckmin y cierta fuerza de Bolsonaro en las Fuerzas Armadas.

Foto: El candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro

¿Cómo un candidato insulso, como Alckmin, y con un programa impopular puede ganar las elecciones? Con las manos y la ayuda del poder judicial y los medios. Solo así.

Las elecciones están amañadas de antemano. los límites del sufragio bajo el capitalismo estará aun más limitado para garantizar que el tucano miembro de la reaccionaria congregación católica Opus Dei dirija toda la agenda de ataques a los trabajadores y subordinación al imperialismo, para profundizar y consolidar lo que ya fue conquistado por el golpe, prescindiendo del papel de Lula en el régimen.

El PT intentó mostrar a la burguesía que conduciría ataques, poco antes de la prisión de Lula. La senadora Gleisi Hoffmann, presidenta del PT, defendió en varias entrevistas una reforma previsional, pero el nivel de ataques deseado por los empresarios es superior, y para eso entra en acción la operación Lava Jato.

La Lava Jato y la actuación de la Corte Suprema (STF) no tiene nada que ver con el combate a la corrupción o con la justicia. Los medios no tienen nada que ver con la información y la verdad. Son órganos políticos a los que nadie votó.

Los procuradores, los jueces y los medios presentan la operación Lava Jato como la “mayor operación contra la corrupción de la historia”. Nada más lejano. Todo y cualquier delator que ofreció alguna denuncia contra Lula está suelto y de vuelta en su mansión. Cada caso que remotamente tocara intereses imperialistas fue dejado de lado y todo el cuerpo de evidencias contra integrantes del PSDB y en particular contra Geraldo Alckmin, bautizado “El Santo” en el departamento de propinas de Odebrecht, se lo dejó caducar o fue archivado.

Foto: El juez principal de la causa Lava Jato, Sergio Moro

La operación se condujo en contradicción con las leyes vigentes, con el aplauso y participación de los medios. Escuchas ilegales, filtraciones de información, delaciones y prisiones sin juicio fueron parte de su modus operandi. Otra parte fue su “sintonía fina” con los medios para intervenir en momentos cruciales de la política.

En el final del gobierno de Dilma Rousseff los rumbos del país se encontraban en una encrucijada: el nombramiento de Lula como Jefe de Gabinete para que el PT condujese los ajustes que el “mercado” pedía o la prisión de Lula y la destitución de Dilma. A minutos del nombramiento del expresidente, el juez Sergio Moro ya tenía en manos escuchas ilegales de aquel exacto momento y en el mismo instante ya estaban al aire en la red Globo.

El mismo procedimiento se vio pocas semanas atrás cuando el juez Fraveto determinó la liberación de Lula y los comentaristas de Globo se preguntaban “qué hará Moro”. En el instante siguiente decían “urgente, recibimos aquí una decisión de Moro, que está de vacaciones en Portugal y acaba de ser expedida” y toda una sucesión de ilegalidades para mantener el líder de las encuestas en la cárcel de esa manera garantizar mejores chances para que Alckmin, "el Santo", tome por asalto el Palacio del Planalto y conduzca todas las privatizaciones, la reforma previsional y otros fines reaccionarios acordados con Washington, en la Bolsa de San Pablo (Bovespa) y en Curitiba.

Embolsando parte del dinero recuperado en las delaciones premiadas y acuerdos de indulgencia, el Ministerio Público se enriqueció y se sospecha que los propios procuradores y jueces mordieron parte del botín, como criticaba el juez Teori Zavacki antes de su misteriosa muerte.

La operación fue dirigida a objetivos políticos determinados. Eligió blancos partidarios y de la base económica brasileña de forma completamente arbitraria para echar luz a determinados esquemas y ocultar otros para siempre. Es así que tomó como blanco primordial al PT y los entramados de corrupción en Petrobrás, Eletrobras, Eletronuclear, astilleros y en la licitación de cazas Super-X.

Cada denuncia que involucraba a integrantes del PSDB fue archivada, y la propia selección de qué investigar tenía un objetivo claro: elegir a dedo a la presidencia de la República y atacar todo lo que remotamente señalara algún nivel de independencia con respecto a los monopolios imperialistas. Los principales blancos fueron la tecnología de punta: la transferencia de tecnología del Caza Super-X, el desarrollo del submarino nuclear, el desarrollo de navíos sonda.

Las decisiones del juez Sérgio Moro, el procurador Deltan Dallagnol y compañía visaron primero la destitución de Dilma, después la prisión de Lula y el impedimento de la población a votar su programa de conciliación con los empresarios y el imperialismo, que ya no era tolerable o deseable para un importante sector de empresario y el imperialismo.

La operación comenzó en Curitiba alrededor de un entramado de lavado de dinero en una oficina en estación de servicio. Tuvo como protagonistas un juez especialista en la Operación Manos Limpias (Mani Pulite) italiana, nombrado en comunicaciones secretas de Estados Unidos que se filtraron, como un defensor de los intereses estadounidenses.

Los intereses geopolíticos de determinados monopolios imperialistas se evidenciaron en distintos momentos, por ejemplo, en las acciones y cooperaciones ilegales con el FBI y el Departamento de Justicia norteamericano, o las críticas del partido de Angela Merkel de Alemania, pero el punto cúlmine es ahora.

Abrir el camino sacando a Lula, impidiendo el derecho de la población a votar a quien quiera, para elegir a dedo al próximo presidente del país y contribuir así para consolidar y avanzar en lo ya conquistado por la burguesía con el golpe y su continuidad. Para hacer frente al golpe hay que superar al PT por izquierda, construyendo una corriente militante en los lugares de trabajo y estudio.







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