Economía

OPINIÓN

Los costos del ajuste no son iguales para todos

El año 2014 fue el año de la profundización del ajuste como producto de la devaluación. Los trabajadores, los más golpeados.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Martes 25 de noviembre de 2014 | Edición del día

Ya desde 2012, el pretencioso nombre “modelo de crecimiento con inclusión social” con el que el kirchnerismo pretendió definir los lineamientos de la política económica, no habla ni por asomo de lo que se palpa diariamente. Ni “crecimiento”, ya que desde 2012 la economía está prácticamente frenada, aunque las dibujadas estadísticas oficiales del Indec, legado del ex Secretario de Comercio Guillermo Moreno que mantiene su vigencia, no lo reflejen. Ni “inclusión social” –que bien mirada siempre fue bastante relativa ya que la mejora en los indicadores que ocurrió en los años de mayor bonanza económica se dio a la par que un gran cuidado de no afectar las ganancias juntadas “con pala” por los sectores empresarios. Como sea, desde 2008 se enlenteció hasta la inmovilidad el retroceso de la precariedad laboral que ocurrió entre 2003 y 2007. La reducción de la pobreza, resultado del crecimiento del empleo y de la implementación de la Asignación Universal por Hijo y otras medidas similares, se frenó en los últimos años (y a partir de 2012 se registra un aumento de la indigencia, en cifras de la CTA oficialista).

Pero desde enero de 2014, entramos en una nueva etapa de aceleración del ajuste mediante la depreciación del peso frente al dólar. Esto generó fuertes impactos, sobre los precios y sobre la actividad económica (también afectada por otras medidas del gobierno). Estos impactos, los costos del ajuste, han estado muy desigualmente distribuidos.

Quejas empresarias, buenos negocios

Desde que recrudeció el conflicto con los buitres que litigan en el juzgado de Nueva York de Thomas Griesa, y el país fue empujado a un nuevo default de parte de su deuda, se produjeron distintos roces con sectores empresarios. La ley de abastecimiento, las condiciones para sostener el plan de venta de vehículos Pro.Cre.Auto, del que se bajaron varias terminales, así como el mayor control y bloqueo de operaciones por las cuáles las empresas fugaron millones de dólares mientras evadían al fisco, son expresiones de una tensión creciente.

Podría pensarse que esto tiene que ver con que todas las empresas padecen por el deterioro de la economía. Sin embargo, aunque atrás quedaron los años más prósperos de la década “ganada” (que sí lo fue para los empresarios que la juntaron “con pala”, en palabras de la Presidenta Cristina Fernández), las empresas cotizantes en bolsa mostraron números récord durante los primeros nueve meses de este año, según el reporte de sus balances conocidos el 20 de noviembre. De allí surge que las empresas que cotizan en la Bolsa porteña han duplicado sus ganancias en lo que va del 2014 con respecto al 2013. Tenaris y Siderar de Techint, YPF y el Banco Macro lideran el ranking. Las siguen Telecom, el Grupo Galicia, el BBVA Francés, Aluar, Comercial del Plata, y Transener. En todos los casos más que duplicaron los resultados de igual período de 2013. Lo mismo ocurrió con el Grupo Clarín.

No se puede extrapolar directamente estos resultados a todo el mundo empresario. Pero son un indicio de que, aunque el año del ajuste no permita la prosperidad de otros tiempos recientes, no hay tanto motivo de queja como aducen los empresarios.
No sorprende; con subsidios y desgravaciones impositivas, así como líneas de crédito “barato” al consumo que garantizan financiamiento para la demanda, el gobierno otorgó numerosos estímulos para la producción, es decir para los bolsillos de estos sectores empresarios.

Los salarios no pasaron el invierno

Muy distinta es la situación entre los asalariados. La devaluación le dio un nuevo envión a la inflación. Las mediciones oficiales registran entre enero y octubre un aumento de precios de 21,4%, pero las estimaciones privadas la elevan hasta nada menos que 33,25% para el mismo período. Los cálculos privados elevan la inflación del último año hasta 41,25% (no puede compararse con el índice oficial ya que este comenzó a publicarse recién en febrero y no empalmó sus estimaciones hacia atrás).
Frente a esto, el Ministerio de Trabajo estima que durante este año los aumentos salariales efectivos fueron en promedio de 25,7 %, menos que la cifra nominal de 29,7% por el hecho de que se concretaron por etapas, lo que reduce el nivel de aumento. De esta forma, frente a la inflación los salarios pierden por paliza.

Las estimaciones de pérdida de poder adquisitivo de los salarios para este año no bajan del 6% (hasta la CTA oficialista reconocía hace unos meses que puede esperarse una pérdida de poder adquisitivo de no menos de 7% para 2014, y se estiran hasta 13%, especialmente en los sectores alcanzados por el impuesto a las Ganancias. Es que mientras la inflación erosiona los ingresos, son cientos de miles los trabajadores que después de recibir un aumento que deja el poder adquisitivo de su salario peor de lo que estaba hace un año, debe pagar más impuesto a las Ganancias. Es que, en el país donde la renta financiera de los especuladores de títulos públicos está desgravada, y por desgravaciones de todo tipo en Ganancias se transfiere a empresarios 33.600 millones de pesos, es decir un 60% más lo de lo que se desembolsa en la AUH donde los empresarios, el gobierno presenta como “progresivo” recaudar cada vez más de los asalariados. En el país del revés, en vez de ser motivo de escándalo que la mitad de la población perciba ingresos menores a 5 mil pesos, se apunta como “privilegiados” a quienes ganen un salario ubicado algo por encima de la canasta familiar. Y todo esto mientras poco cambia la estructura impositiva para quienes más ganan, que durante la última década vieron crecer la porción del ingreso que se apropian sin que el fisco apuntara contra estos verdaderos privilegiados, contentándose apenas con engrosar el “impuesto al salario”. Si se hubieran mantenido actualizados los niveles de 1999, hoy tributarían por impuesto a las ganancias salarios por encima de los 25 mil pesos, y no a partir de los 15 mil.

Desempleo en alza

El Ministro de Economía Axel Kicillof, así como no ve deterioro del ingreso de los asalariados, y por lo tanto rehúsa cualquier discusión sobre bonos o cambios en el mínimo no imponible de Ganancias, tampoco ve problemas en la situación laboral, aunque el índice de desempleo de 7,5 en el tercer trimestre marcó un aumento respecto de igual período del año anterior (cuando había sido de 6,8%). El número de por sí lo desmiente, y resulta curioso y sugerente que hasta el Ministro descrea en algunos datos del organismo que está bajo su órbita. Pero lo que es aún más grave, es que este resultado se obtuvo gracias a una fuerte caída de los que buscan empleo, que se habrían reducido en 74 mil personas en los últimos doce meses. Gracias a esta reducción de los sectores que activamente buscan empleo, la tasa no aumentó más. Si no hubiera habido cambios aquí, el desempleo para el tercer trimestre habría sido nada menos que 9%.

Como vemos, el ajuste “nacional y popular”, pega bien duro en los salarios y los puestos de trabajo, y suavemente (o ni siquiera), entre el empresariado. Esto no impide que estos últimos mantengan en su agenda reclamos de más ajuste y menos “trabas” a la libre empresa. Pero la economía K no podría estar más alejada de la imagen de un gobierno con una política “antiempresa”. Detrás de la pirotecnia, priman los buenos negocios.







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