Economía

INFLACIÓN

Los precios sin freno responden a decisiones del Gobierno

El 2,3 % de aumento del IPC en marzo muestra que la inflación no está en baja. La persistencia de la suba de precios responde ante todo a decisiones del gobierno.

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Viernes 13 de abril | Edición del día

El dato de inflación de marzo informado este jueves por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) no resultó una sorpresa para nadie. Estaba descartado que los precios en marzo se ubicarían por encima de los dos puntos porcentuales. La única incógnita era cuántas décimas por encima de este nivel. El 2,3 % informado ayer, mostró sí que el envión alcista es un poco mayor que el espeprado.

Otro dato que destaca es el nivel de la inflación núcleo, que se ubicó en 2,6 %, siendo la categoría que más subió en el mes. Este es el dato que más analiza el Banco Central (BCRA) para evaluar si la inflación está en caída. El nivel de marzo marca una fuerte suba respecto del mes anterior, cuando arrojó 2,1 %.

Los cambios en la política monetaria

No puede decirse que la política monetaria de altas tasas de interés y metas de inflación muy estrictas (que nunca se cumplieron) haya tenido resultados antiinflacionarios durante los dos primeros años de gobierno de Cambiemos. Sin embargo, lo que está fuera de duda es que el giro aplicado en este terreno en diciembre pasado, cuando se anunció una nueva meta de inflación para 2018, tres puntos más alta que la definida previamente, contribuyó a ponerle más presión a los precios.


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Es que la nueva pauta inflacionaria fue de la mano de una reducción de las tasas de interés, muy moderada, que pasó de 28,75 % en diciembre a 27,25 % hoy. Aunque fue una baja limitada, bastó para contribuir, en confluencia con factores estacionales, a acelerar la presión sobre el tipo de cambio. Numerosos especuladores dejaron de apostar a las Lebac, y se sumaron a los que mes a mes dolarizan activos. El gobierno dejó correr este movimiento hasta que la depreciación del peso frente al dólar llegó a más de 15 %.

Este ajuste del tipo de cambio afecta los precios de los bienes importados, y también los de bienes que se producen localmente pero están dolarizados como es el caso de muchos alimentos y los combustibles. También impacta sobre toda la cadena de producción por el peso de los insumos importados y los costos del transporte que se encarece de la mano de las naftas. El fuerte incremento de los precios mayoristas en febrero (4,8 %), anticipaba el aumento de marzo.

Los tarifazos

Otro elemento que destaca para explicar por qué los precios no ceden es la seguidilla de aumentos definidos por el gobierno para las tarifas de los servicios públicos, el transporte y el combustible.

Aunque durante el mes de marzo los precios regulados, es decir las tarifas de servicios públicos que el gobierno decide o autoriza, subieron menos que el nivel general de precios y que la inflación núcleo, lideran por lejos el incremento acumulado en los primeros tres meses del año. Desde diciembre, el incremento de los precios mismos llegó a 9,2 %, mientras que el nivel general fue de 6,7 %, la inflación núcleo de 6,3 %, y los precios estacionales de 3,6 %. En la comparación interanual también se observa lo mismo: mientras el IPC registró un aumento de 25,4 % respecto de marzo de 2017, los precios regulados subieron 37,7 % (el IPC núcleo 22,4 %).

Para abril, hay una nueva ronda de aumentos, que incluye uno superior al 10 % en transporte en CABA y GBA, y de 40 % en gas. También suben los peajes. Por esto, se espera que el cuarto mes del año también tenga al IPC subiendo fuerte. Ya las previsiones lo ponen por encima de 2 %.

De esta forma, el acumulado de los primeros cuatro meses del año podría rondar 9 %.

Macri lo hizo

Cuando observamos las causas de la inflación, debemos concluir que no es cierto el planteo de que la persistencia de la misma se explique porque el gobierno esté fracasando en su política antiinlfacionaria, como dicen muchos críticos que piden un ajuste más decidido del gasto público. Tampoco es verdadero que los motivos respondan a que el gobierno esté yendo lento con algunas iniciativas para frenar los precios porque sea demasiado "gradualista" como afirman funcionarios de la administración de Macri o el jefe del BCRA Federico Sturzenegger. Este último afirmó que el gobierno podría haber bajado la inflación drásticamente en pocos meses pero decidió no hacerlo por los costos económicos. Hace pocos meses el ministro Dujovne pareció desmentirlo, cuando dijo que en realidad no disponen de muchas herramientas para bajar los precios.

La explicación va por otro lado. Al contrario de estar haciendo "demasiado poco" para frenar la inflación, el gobierno está activamente impulsando incrementos en rubros que impactan fuerte en el nivel general de precios, mediante los tarifazos y los ajustes del tipo de cambio realizados para complacer a los sojeros (que además se están beneficiando de una baja mensual de las retenciones a las exportaciones que también contribuye a recalentar los precios).

Con la inflación acumulada en los primeros meses del año, el poder adquisitivo de los trabajadores arranca perdiendo la carrera. Es el mismo fenómeno de "precios nuevos, salarios viejos" que se da todos los años, pero que se agrava cuanto más recrudecen los aumentos de tarifas y otros servicios y el ajuste del tipo de cambio como ocurre este año.

En la mayoría de los convenios con cláusula "gatillo" que se firmaron en 2017 esta se activó con parsimonia (los estatales nacionales cobran el ajuste en tres módicas cuotas), lo que significa que además de no haber recuperado todavía lo perdido durante 2017, el aumento del costo de vida de este primer trimestre hace estragos adicionales.

Este año la cosa pinta aun peor, con la pauta de 15 % que se impone en la mayoría de los gremios como pidió Macri, y una "revisión" a 9 meses para evaluar lo obvio, que es que el poder adquisitivo quedará diezmado por un incremento de precios que superará ampliamente la mentirosa meta de 15 %. El gobierno, los empresarios y los sindicalistas burocráticos que trabajan para defender estos intereses y no los de los trabajadores, sostienen esta proyección ficticia para imponer otro año de salarios módicamente a la baja.

Pelear por aumentos de salarios acordes con la inflación (con un piso de 25 % e ingresos que cubran la canasta familiar para todos los trabajadores), verdadera cláusula gatillo que se active de forma automática, y por la reapertura de las paritarias contra los burócratas sindicales que ya cerraron por 15 %, se hace cada vez más urgente.

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