Luchas no dadas, trabajadores en la calle

Este paro en Córdoba no se da en cualquier momento. Las suspensiones y los despidos se hicieron más evidentes con el dato de la desocupación en dos dígitos en la provincia: 10,7%. Hasta el gobernador José Manuel De La Sota tuvo que cuestionar por este motivo a multinacionales como Volkswagen, por su falta de “responsabilidad empresaria” teniendo en cuenta que “la levantaron en pala, años anteriores”. El cinismo del gobernador es, como siempre, extremo.

Jueves 28 de agosto de 2014 | Edición del día

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Es su gobierno el que protege a las multinacionales evitando que cualquier reclamo obrero prospere. Su Ministerio de Trabajo se limita a informar sobre las medidas de las empresas pero no se conoce una sola resolución que afecte a alguna de estas empresas y garantice efectivamente los puestos de trabajo.

Si a los empresarios no les alcanza con esto, quienes conducen las organizaciones obreras garantizan la ausencia total de cualquier medida de lucha. Omar Dragún, Secretario General de SMATA, y Rubén Urbano de la UOM, revistan obedientes en el delasotismo. Su obsecuencia hacia los capitalistas es tal que hasta el mismo De La Sota aprovechó la oportunidad política para hablar contra suspensiones y despidos dejando off-side al propio Dragún. 

Desde hace meses, el discurso de ambas conducciones gremiales viene siendo el mismo: “no hacemos paro porque tenemos que cuidar el trabajo” o, no por forzado más creíble, “las empresas quieren que paremos, no lo vamos a hacer”. El resultado de este sesudo pensamiento estratégico, una desocupación de dos dígitos.
Estos dirigentes repiten la letra de las conducciones nacionales de sus gremios, hoy del lado del kirchnerismo, Ricardo Pignanelli por SMATA y Antonio Caló por UOM. Ambos justificaron, hace unos meses, acuerdos paritarios por debajo de la inflación con el objetivo supuesto de “cuidar el empleo”. Ni el salario ni el empleo se logran defender con estos dirigentes a la cabeza a las organizaciones sindicales.
Pero no es ése el ánimo de los trabajadores en las plantas. Urbano lo pudo comprobar en vivo cuando convocó a un paro y una marcha por el centro de la ciudad, el ya lejano 28 de mayo. Una columna opositora, con banderas propias, puso en la calle tantos obreros como la conducción. Dragún, para evitar esto directamente, se atrinchera en su local de calle 27 de Abril, para no convocar ninguna medida y no tener que enfrentar el descontento metalmecánico que, por ejemplo, se visualiza en la oposición en Volkswagen. 

Con esta situación a su favor, las empresas, lejos de la pasividad, avanzan contra sus empleados. La UOM viene hablando de más de 2000 trabajadores suspendidos. En las terminales automotrices, los afectados por la misma medida superan los 2500, en algunos casos desde hace meses.

Todos los días hay noticias de fábricas que van despidiendo trabajadores. Al ser autopartistas con menos gente y menos fama, se pueden ocultar. Materfer tuvo que retroceder cuando intentó avanzar con el despido de 14 trabajadores pero ante los micrófonos los obreros denunciaron que se viene de despidos hormiga. Hace pocos días, la empresa Kymco, una ensambladora de motos, despidió a 8 trabajadores. Nadie pudo entrevistar a los delegados, simplemente porque sus obreros nunca pudieron elegir uno, a pesar de que le pagan la cuota sindical a la UOM. 
Este paro podría haber sido una gran oportunidad para mostrar en las calles el descontento obrero y empezar a frenar la política patronal de despidos y suspensiones. Dragún y Urbano, como lo hacen desde hace tiempo, vuelven a garantizar la impunidad empresarial. Es decir, vuelven a garantizar que las ganancias de los patrones valen más que los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias.

La izquierda, agrupada en el FIT, ha logrado avanzar en un importante reconocimiento político público. Es posible y necesario aprovechar ese hándicap para avanzar en organizar fuertes corrientes opositoras en estos gremios, en la perspectiva de recuperarlos para los trabajadores. Sólo eso permitirá evitar que, ante cada nueva crisis, sea la familia obrera la que pague las consecuencias.







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