Política

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Macri y Carrió

Una primera lectura del acuerdo del jefe de gobierno porteño y Elisa Carrió, para competir en las PASO.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 1ro de febrero de 2015 | 11:07

El sábado se conoció el acuerdo por el cual Mauricio Macri y Elisa Carrió van a competir en las primarias por la candidatura presidencial. Fue difundido por los dos protagonistas a través de sus respectivas redes sociales.

Es el primer movimiento importante en la política burguesa que “suspendió” la campaña por la muerte del fiscal Nisman, o mejor dicho no hizo campaña con otra cosa que no sea la muerte del fiscal Nisman.

Alguien comentó en Twitter que Macri dejó de alquilar radicales y fue por sus votos, y que además, el dato es un golpe para Sergio Massa.

Macri venía avanzando sobre el histórico espacio de representación radical y no por nada había hecho desaparecer al radicalismo de su bastión (la CABA) y construyó oposiciones relativamente fuertes en provincias con peso radical: Córdoba, Santa Fe y también en Mendoza (como bien lo señaló María Esperanza Casullo en la edición de enero de Le Monde Diplomatique).

Para esto dio un giro en su relato y se ubicó en el lugar del no peronismo, esquivando el antiperonismo. Ahora con Carrió suma la “pata” de antiperonismo rabioso.
El acuerdo otorga visibilidad e “intensidad” política a la interna del PRO (si a Carrió no se le sale la cadena en el camino) y es una oposición a la medida del kirchnerismo.
Queda por dilucidar si este acuerdo fue solo un paso más hacia una alianza con el radicalismo. Ernesto Sanz festejó el pacto, afirmando que es “un paso en la dirección correcta”. Quizá el paso siguiente sea su propia incorporación a la coalición y todo lo que pueda llevarse del radicalismo que reúne su Convención Nacional en marzo en Gualeguaychú.

Igualmente con esto, la alianza Macri-Carrió no resuelve la falta de candidatos con ascendencia en la provincia de Buenos Aires (que concentra al 40% del padrón electoral).

Sergio Massa quedó esperando la carroza de los garrocheros que no llegaron y terminó tragándose las “eses” para “federalizarse” con el mal consejo de algún Durán Barba de segunda (quienes vivimos alguna vez en el interior del país sabemos lo mal que caen las bizarras imitaciones de un porteño, sea por chistoso o por demagogo). Una espera que resultó más larga que la de Godot.

Con esta operación marketinera obviamente no resuelve la ausencia de peso nacional en todo el resto que no sea la provincia de Buenos Aires.

Pese a todas la crisis políticas y económicas, la coalición oficial se mantuvo y el grueso del peronismo no dio el salto y calcula que puede reacomodarse con el “candidato natural” (Scioli) y mirar al kirchnerismo como un pasado de buenos “servicios” prestados al país normal. Ese en el que el poder esté en manos de peronistas y radicales tradicionales.

Decíamos que es una alianza “a la medida” del oficialismo y por lo tanto va a ser fogoneada por todas las corpos mediáticas (K y no K), porque le otorga al kirchnerismo la oportunidad de “polarizar” con la derecha, eventualmente “abroquelarse” y resignarse a Scioli, con un poco menos de culpa y basado en ese razonamiento circular del menos malo (es gente capaz de responder: ¿Hitler o Videla?: “Videla, ni hablar”).

El “factor Nisman” hizo que Cristina tuviera un gesto hacia Scioli en su última cadena nacional, inédito en los últimos tiempos (relatando en público una anécdota “personal” sobre un comentario que le hizo Scioli sobre su pierna y el brazo que le falta al gobernador, con lo que no pueden dar ventaja), pese a que inauguró el acto hablando con Randazzo. La crisis política obligó a Cristina a recostarse “autoritariamente” en el peronismo. Antes que romper, los feudales y mazorqueros captan la posibilidad de imponer mayores condiciones.

La gran perdedora de todo este cambalache es la centroizquierda en sus dos vertientes. Humberto Tumini, de Libres del Sur-UNEN dijo que “Carrió trabajó para el proyecto ‘Macri presidente’ todo el 2014, por eso se dedicó a hacerle daño a UNEN. Este acuerdo es la prueba concreta”. Lo que se olvidó de decir es que el UNEN trabajó para el proyecto Carrió todo el último tiempo, es decir, indirectamente para Macri.

Por otro lado, la centroizquierda kirchnerista tiene con la crisis de Nisman (y de los espías), sumada a la flamante reforma de la ley de inteligencia presentada el viernes que “disuelve” la ex SIDE manteniendo todo su personal en la nueva AFI; una de las últimas derrotas del relato. Este cerrar filas, implica resignarse al “candidato de Clarín” en la coalición oficial. Después del “mimo” de Cristina a Scioli, Randazzo estaba pensado seriamente en alguna amputación.

Se comprueba como siempre que el mal menor es el camino más rápido al mal mayor. La centroizquierda -gorila o nac&pop- trabajó duramente y el resultado fue Macri y Scioli.

Para la izquierda clasista que siempre enfrentó a todos los males mayores y sus aliados, los males menores; es una posibilidad de avanzar sobre la base de la centroizquierda en quiebra, dialogando con las sanas aspiraciones de sus adherente, aunque sin compartir sus (des) ilusiones.







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