Cultura

ENTREVISTA

María O’Donnell: “Cuando Montoneros regresa a la clandestinidad ya estaba en marcha Operación Mellizas”

La periodista acaba de publicar el libro Born, investigación sobre el secuestro de los empresarios Jorge y Juan Born por Montoneros en 1974. Esta muy buena narración trae la voz de uno de los protagonistas de esa historia. La Izquierda Diario dialogó con María.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Miércoles 1ro de julio de 2015 | Edición del día

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Fotografía:Rodrigo Wilson

Fotografía:Rodrigo Wilson

¿Cuál es el tema del libro y por qué decidiste escribir sobre el mismo?

María: el libro es Operación Mellizas, el secuestro de Bunge y Born. Se trata de los hermanos Jorge y Juan Born, directivos y herederos del grupo Bunge y Born. Sigue siendo, hasta el día de hoy, el rescate más caro de la historia jamás pago. Son 60 millones de dólares de entonces, 250 millones al día de hoy.

Es un secuestro que tiene un drama humano muy grande detrás. Porqué había un padre que no quería pagar, dos hermanos con actitudes distintas frente al cautiverio y, además, tiene mucha significancia histórica por el momento clave en el cual Montoneros, que había acompañado al gobierno de Cámpora y el regreso de Perón, pasa a la ilegalidad. Ya había muerto Perón para ese entonces. Cuando Montoneros anuncia el regreso a la clandestinidad ya estaba en marcha Operación Mellizas.

Montoneros no podía regresar a la clandestinidad sin tener financiamiento. La manera que eligió de financiar su vuelta a la clandestinidad fue un golpe grande, importante, significativo y que iba a tener secuelas por muchos años, por el volumen del secuestro.

¿Por qué decidiste abordar el tema?

María: Estaba haciendo un libro sobre el finamiento de la política y me interesaba contar casos en los cuales, poniendo plata en la política, obtuvieran algo a cambio. Uno de los hechos que siempre me interesó era que Montoneros había puesto entre dos y tres millones de dólares para la campaña de Menem, que fue quien les concedió el Indulto. Conversando acerca del origen de ese dinero descubrí que provenía del secuestro de los hermanos Born. Me interesó muchísimo. Me pareció que pintaba mucho una época determinada.

Jorge Born: el protagonista

A diferencia de otras obras que hacen mención al secuestro, esta es la primera vez que uno de los secuestrados, en este caso Jorge Born, da su testimonio. Este solo hecho constituye una verdadera novedad en relación al material bibliográfico previamente existente. Intentamos indagar sobre la personalidad de Born, sus ideas, así como también sobre el grupo económico que integraba y sus lazos con el poder estatal.

¿Podrías definir a Jorge Born? ¿Cuáles son sus ideas, sus concepciones, su visión de Montoneros y de la sociedad?

Él se presenta como un tipo pragmático, sin rencores y sin muchos escrúpulos. De sus captores, hace una diferenciación todo el tiempo entre quienes lo tenían preso y la cúpula montonera. Pero no tuvo ningún empacho en su momento en negociar con Galimberti y contar abiertamente que había pagado coimas para recuperar parte del dinero bajo la lógica de “el dinero me pertenecía”.

En el libro, cuando habla él mismo, afirma que cuando vino Kirchner “todo volvió hacia atrás” en relación a la discusión de los años 70’

María: Por un lado critica la represión ilegal. “Yo nunca justifiqué la salsa” -así dice- que le dieron después a Montoneros. Pero por otro lado, defendió fervientemente los indultos, tanto a militares como a guerrilleros, y toda esta idea de Menem de la “pacificación”, de cerrar la puerta y no mirar para atrás. Cree que Kirchner, en ese sentido, es un retroceso en el tiempo, porque reabrió los juicios. No le encuentra sentido.

También dice en un momento que habló “mucho con Camps”. Se refiere al Jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires en el proceso. ¿Eso no evidencia un vínculo estrecho?

María: Obviamente. En un momento ellos tenían la causa abierta por haber pagado el secuestro y, para poder regresar con garantías, cuenta que Alberto Hirsch (socio de su padre en la empresa) fue a verlo a Videla y hablarle sobre todo esto. Born es un hombre criado con una íntima amistad con Álvaro Alsogaray padre, conoce a María Julia Alsogaray, pertenece a esos círculos sociales e ideológicos.

A mí me inquietó el relato de cuando ellos contratan como agente de seguridad a (Miguel) Etchecolatz, que les proveía, entre enormes comillas, la seguridad privada en tiempos de Alfonsín. Él decía que quedaba espantado de escuchar la manera en que Etchecolatz hablaba de que había que aniquilar a la guerrilla.

¿Cómo influye esta carga ideológica de Born en su visión sobre Montoneros? Hay una crítica sobre la “eficiencia” que despliegan.

Entendía que eran idealistas con proyectos impracticables en la realidad. Les decía todo el tiempo que iban a ser incapaces de manejar esa fortuna y la iban a dilapidar.
Está convencido que tuvo razón, que fue visionario respecto de cómo iban a administrar ese dinero los Montoneros.

En el libro Born plantea reiteradas veces que los discursos de Montoneros acerca de la “justicia popular” son una cobertura con el único objetivo de obtener el rescate.

Me lo dijo el propio Perdía (dirigente Montonero, NdR): ellos necesitaban la plata. A raíz de un trabajo de inteligencia dan con un botín doble, con dos riquísimos herederos de un imperio económico, con la posibilidad de dar un golpe con doble rescate.

A partir de ahí construyen el “juicio político” bajo la acusación de que Bunge y Born, una de las principales cerealeras argentinas, había sido uno de los grupos más afectados por la creación del IAPI y lo señalan como uno de los apoyos de la Revolución Libertadora que derrocó a Perón en el ’55. Era además el grupo industrial dominante en las principales áreas: textiles, pintura, alimentos, etc.

La decisión de secuestrar a los hermanos fue el resultado de la necesidad de conseguir plata para el retorno a la clandestinidad, pero luego también le encontraron una justificación ideológica, basada en el perfil de Bunge y Born, con fines de propaganda.

El juicio les sirvió también para amedrentar a los cautivos, porque el juicio político de Aramburu había terminado con su asesinato.

En una presentación reciente dijiste que así Montoneros podía mostrar que tenían el poder de tocar al principal grupo económico del país.

El propio (Mario) Firmenich dice “hemos dado una batalla” como mostrando que lo habían sometido a una humillación pública. Por eso publican fotos de Jorge Born barriendo en calzoncillos, en situaciones de sumisión. Ellos planteaban que dentro de la “cárcel del pueblo” las relaciones de poder se invertían.

¿Qué visión tenés vos sobre Montoneros?

Cuando empecé a escribir este libro quería contar la historia, y para eso me metí en la historia de Montoneros. A lo largo del proceso, noté que la conducción nunca dio una explicación a sus propias filas respecto de cuestiones fundamentales, como qué se hizo con la plata del secuestro o sobre las dos Contraofensivas. Han ensayado alguna vez una tímida autocrítica, pero nunca una mirada profunda sobre el pasado. Con los años se impuso una versión edulcorada respecto de lo que fueron los años 70’.

Quienes reivindican la lucha armada bajo ciertas condiciones históricas han sido incapaces de explicitarlo y de revisar su pasado con un sentido de autocrítica.

A lo largo de la investigación, también me impresionó la severidad que tenía la cúpula de Montoneros hacia sus propios militantes. La idea de que no podían, en ninguna circunstancia, entregar datos, ni aún bajo tortura, aunque hubiese pasado tiempo suficiente para que las personas o los bienes comprometidos se pusieran a resguardo… Hay muchos temas tabú.

El Juicio a las Juntas y los juicios que se pudieron retomar después de un período de impunidad son grandes logros para la forma de encarar nuestro pasado. Indudables para alcanzar justicia en los crímenes que no prescriben.

Sin equiparar una y otra situación, porque eso sería caer en la “teoría de los demonios” hay que decir que las víctimas civiles de la guerrilla no tienen lugar en nuestra historia reciente. Aunque esos crímenes hayan prescripto para la ley, lo cierto es que nunca nadie las reconoció como víctimas.

La responsabilidad del Estado es siempre mayor, pero con ese argumento no se puede ignorar a las víctimas civiles de la guerrilla. Hablar de ellas no equivale, de modo alguno, a reivindicar la represión ilegal, pero por esa asociación que muchos hacen, han quedado anuladas de la revisión del pasado.

Galimberti

Rodolfo Galimberti es uno de los personajes más controvertidos de esta historia.

Responsable técnico del secuestro de los hermanos Born en 1974, se convertirá en la década de los 90’ en un empresario millonario asociado, precisamente, a Jorge Born.
En el año 2000, en una entrevista con los periodistas Marcelo Larraquy y Roberto Caballero les dijo: “yo me puse en la cabeza que mi mejor homenaje es tener éxito, demostrar que en esa época quisimos hacer la revolución y hoy podemos ser empresarios o multimillonarios”.

Hablemos de Galimberti, que es un personaje que se despliega en el libro, tanto en el momento del secuestro como en los años 90’.

Galimberti dirigía, en el momento del secuestro, la Columna Norte, que era la que tenía más penetración territorial en las fábricas.

Los Montoneros se hacen peronistas por entender que peronista era la clase obrera y que, para la revolución, la necesitaban. El acercamiento de estos jóvenes universitarios, con otra extracción social, fue a través de las fábricas, en las que lograron adhesiones en la zona norte del conurbano. Galimberti era el líder de esa columna, secretario militar, muy carismático, con un cariz muy militarista, que tuvieron los Montoneros.

Quedó muy resentido por la imposibilidad de acceder al dinero. Galimberti reclamaba parte del botín para la Columna Norte. Tenía cierta lógica porque se llevó el peso del secuestro y con sus líderes en un exilio cómodo, ellos pedían dinero para proteger a los militantes acorralados por la dictadura y eso no ocurrió.

Galimberti va a decir que, en la historia, las organizaciones guerrilleras pierden primero la plata y después sus hombres, pero que Montoneros es al revés: perdieron sus hombres y les quedaba plata. Eso es un cuestionamiento moralmente fuerte.

En el libro de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, el tipo se define como un mercenario

Sí, se autodefine como un mercenario. La verdad es que me parece que el retrato de Larraquy y Caballero en Galimberti, lo pinta mucho.

Perón, Montoneros y la historia

La relación entre Montoneros y Perón constituye una cuestión central de la trama política y social que está detrás del secuestro.

Volvamos a la relación de Montoneros con Perón. ¿Qué te parece el vínculo que establecen en este período?

El libro prueba algo interesante. Montoneros empieza a trabajar en el secuestro de los hermanos Born antes de pasar a la clandestinidad. Si uno se pone a ver el tiempo de robar las camionetas y preparar la cárcel, entre otras cosas, el trabajo de inteligencia arranca con Perón vivo. Estimo que fue después de que Perón los echa de la plaza el 1º de Mayo del 74’. La decisión de desafiar a la conducción precede a la muerte de Perón. Todo lo que viene después es la secuela de esa decisión.

¿El regreso de la clandestinidad se podría haber dado con Perón vivo entonces?

Es contra-fáctico pero es una pregunta interesante, porque ellos le achacan a Isabel lo que ya había hecho Perón, que es inclinarse a López Rega, haber elegido a la burocracia sindical y estar apoyando, incluso, el accionar de la Triple A, que precede a la muerte de Perón.

En la explicación histórica de Montoneros, ellos pasan a la clandestinidad y hay un único reconocimiento y autocrítica, que Isabel tenía legalidad, pero ellos no le reconocían la legitimidad.

Montoneros, en la solicitada que hace pública con la liberación de Jorge Born, se plantea como los continuadores de Perón

Eso era discursivo.

Ellos ni conocieron a Perón. Son una generación que nace a la militancia a finales de la dictadura de Onganía. Conocen un Perón en el exilio. No vivieron la experiencia ni del primero ni del segundo peronismo y Cámpora fue la ilusión de que Perón era eso. Pero cuando volvió, lo hizo con Isabel y López Rega.

Falta escribir una historia de Montoneros. Hay algunos libros sobre Montoneros que me parecen muy buenos. Está el de (Richard) Gillespie, un escritor británico. Los propios de ex Montoneros, como Recuerdo de la muerte (de Miguel Bonasso, NdR.).
El libro de Perdía es dogmático y no cuenta mucho a mi gusto. Es cierto que cuando escriben lo hacen con cierta distancia del rol que ellos jugaron, como (Juan) Gasparini, que ni siquiera se admite como ex Montonero. No han contado mucho los ex Montoneros su propia historia.

Born. Buenos Aires: Sudamericana,2015.


Colaboró: Tomás Máscolo







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