Sociedad

DIA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Marx sobre el capitalismo y la naturaleza

Cada 5 de junio se realizan actividades por el Día Mundial del Medio Ambiente, haciendo eje en crisis alimentaria, calentamiento global, ahorro energético, escasez del agua potable, deforestación. La responsabilidad de los capitalistas y el Estado en estas crisis.

Andrés Arnone

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)

Domingo 5 de junio de 2016 | 15:48

El Día Mundial del Medio Ambiente fue establecido por la ONU el 15 de diciembre de 1972 cuando se dio inicio a la Conferencia de Estocolmo cuyo eje central fue el Ambiente. Cada 5 de junio, se realiza una nueva conferencia centrada en un tema tratar, como ser la crisis alimentaria, calentamiento global, ahorro energético, escasez del agua potable, deforestación, etc. Las actividades del Día Mundial del Medio Ambiente de este año están organizadas por Angola, y el tema del 2016 es la lucha contra el comercio ilícito de fauna y flora silvestres.

Como en otros casos, el rol de sus Estados (miembros de la ONU) se contradice con los fenómenos a los que aparentemente quieren dar solución. Siendo parte del problema, al convalidar la mercantilización y apropiación en manos de una ínfima minoría de la tierra y demás fuentes de la riqueza social.

Muchas de estas crisis a las cuales intentan dar salida los distintos gobiernos, están ligadas a la misma escasez artificial generada por los mercados especulativos, y agravadas por la sobreexplotación y contaminación de los recursos vitales, generadas por los grandes propietarios. Para analizar estos fenómenos en la economía y el medio ambiente nos basamos en el materialismo dialéctico.

Capitalismo y naturaleza

Marx y Engels no fueron solo quienes explicaron la contradicción entre el capital y trabajo, las crisis ciclicas de la economia, la tendencia al empobrecimiento de los trabajadores y la concentración de la propiedad en cada vez menos propietarios, etc.

El mismo método científico para analizar la realidad del mercado, los llevo también a tener en sus manos distintos relevamientos sobre la fertilidad de los suelos de las explotaciones agrícolas. Esto ayudó a Marx a la creación del concepto de fractura metabólica, producida en la relación entre el hombre y la naturaleza, y explica la alienación con respecto a ella, es decir la contradicción entre capital y naturaleza.

Entre los párrafos donde analizan esta relación en El Capital podemos encontrar: “Todo progreso de la agricultura capitalista no es solo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de un periodo dado, es un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad [...] La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador”.

Esta visión productiva es la que en Argentina y muchos otros paises donde los agrotóxicos, la megaminería, el fracking y el modelo industrial en general, lleva a la multiplicación de enfermedades propagadas por el agua, el aire y los alimentos contaminados. El Estado, lejos de garantizar el “bien común”, garantiza los intereses de la clase propietaria de esos medios productivos, que bajo su administración adquieren un carácter paradójico de “medios de destrucción”.

Pero no todo desarrollo de las fuerzas productivas significa una alineación del trabajo o de la naturaleza. Por ejemplo, Marx en los Manuscritos de 1844 se refiere al comunismo como la “verdadera solución del conflicto que el hombre sostiene con la naturaleza y con el propio hombre…es la unidad esencial plena del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo consumado del hombre y el humanismo consumado de la naturaleza”.

Esto no puede darse sin la resistencia de los actuales propietarios de los medios de producción y sin poner de cabeza el actual Estado, trasformándolo. Ya no en una herramienta de administración de los negocios de los grandes propietarios, sino de los trabajadores.

Así como diariamente le damos vida al capitalismo con la sumatoria de todas nuestras manos, también somos capaces de cambiar la orientación social de todo el entramado productivo, tanto en el cómo como en el qué se produce, en el marco de una economía democráticamente planificada y desarrollo de nuevas tecnologías sin efectos colaterales hacia el pueblo trabajador.







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