Economía

PANORAMA ECONÓMICO

Más nubarrones en el horizonte

La tensa calma cambiaria que logró el gobierno es al costo de paralizar aún más la producción. Aun así, la inflación no se detiene. La baja del precio del petróleo introduce incertidumbre para el proyecto estratégico del saqueo de Vaca Muerta por las multinacionales petroleras. La única certidumbre es el ajuste sobre la clase obrera.

Pablo Anino

@PabloAnino

Martes 2 de diciembre de 2014 | Edición del día

En lo que transcurrió del año hasta octubre los datos oficiales dicen que la industria cayó 2,6%. Las estimaciones privadas exhiben que la caída es más profunda. Los indicadores de la construcción también muestran una retracción, pero relativamente moderada (-0,5%) . Los datos de octubre de estos indicadores señalan que la situación recesiva se está estabilizando. Por ahora no se profundiza la caída, pero tampoco hay reactivación a la vista.

En otras variables el resultado negativo es más profundo: el comercio exterior se derrumbó tanto por importaciones como por exportaciones, y las ventas minoristas se desplomaron 7,2% entre enero y noviembre en comparación con 2013. Por donde se lo mire persistente la recesión.

Precaria estabilidad cambiaria

Luego de la última corrida bancaria y el relevo de autoridades en el Banco Central se agudizaron las fricciones gubernamentales con las patronales.

Fueron denunciados y penalizados varios bancos de inversión por las operaciones de “contado con liqui” que se utilizan para fugar dólares, lo mismo que se profundizaron los operativos policiales en la “city” porteña para limitar la compra y venta del dólar paralelo. La AFIP denunció el falseamiento de declaraciones de importaciones y exportaciones para fugar dólares.

Pero más que la respuesta “policial”, las soluciones de mercado con el aumento de la oferta de divisas mediante el canje de monedas con China, la licitación de la banda 4G, el ingreso de dólares de las cerealeras y las alternativas de inversión atadas a la evolución del tipo de cambio (“dólar linked”, como el BONAD) fueron la clave para estabilizar coyunturalmente el valor del dólar.

El costo de esa estabilización es la agudización de la recesión.

La “gran” apuesta en duda

A la coyuntura recesiva ahora se le suman nubarrones en las perspectivas de largo plazo. La caída del precio del petróleo está introduciendo cada vez más interrogantes a las posibilidades de extraer petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta.

Este lunes el Mercado de Valores de Buenos Aires cayó varios puntos por el efecto de la baja de las acciones de YPF y otras empresas vinculadas al negocio petrolero. La gran apuesta de la burguesía está en duda. El hechizo del oro negro se está resquebrajando no sólo en argentina.

Tensiones con las patronales: síntoma de fin del ciclo

En este contexto recesivo, se agudizan cada día los enfrentamientos del gobierno con algún sector patronal.

En la mañana del lunes Jorge Capitanich atacó al Grupo de los Seis (el G6 está compuesto por la Unión Industrial, la Sociedad Rural Argentina, la Bolsa de Comercio, las cámaras de Comercio y de la Construcción, y la Asociación de Bancos) porque busca impugnar en la justicia la Ley de Abastecimiento.

Esa norma inquieta a las empresas que reaccionan contra un bonapartismo que es cada vez menos de mediar y más de imponer.

Pero las empresas pueden dormir tranquilas. En primer lugar, porque esa ley implica sanciones más “light” en relación a la ley anterior. Pero, en segundo lugar, y más importante aún, porque no está en la voluntad del gobierno aplicarla a rajatabla.

En los últimos años se vio claramente como el oficialismo convivió con las especulaciones de los sojeros que maniobran para no liquidar dólares sin requisar ni una sola tonelada del grano.

No sólo eso. Las grandes patronales son expertas en maniobras para subir los precios. Lo dijo el jefe de Gabinete, también refiriéndose al G6: “la conducta de muchos grupos empresarios en materia de formación de precios es una conducta mafiosa”. Es llamativo, Capitanich se preocupaba por la inflación mientras el ministro de Economía decía que estaba controlada.

A esa mafia patronal el gobierno dejó hacer en la “década ganada” todo tipo de fraudes, desde el trabajo en negro y la precarización laboral hasta evadir los controles gubernamentales, como ocurre en los “precios cuidados”: ocultamiento de productos, cambio de envases, ofrecimiento de sustitutos y un sinfín de maniobras. De ese modo, la “juntaron con pala”.

La denuncia contra el HSBC deja en evidencia cómo evade impuestos y fuga dólares la burguesía local y extranjera a través de una asociación ilícita de carácter internacional.

Es una muestra pequeña, pero contundente de lo que hacen las patronales todos los días. La conclusión del affaire del HSBC no será la expropiación de la banca nacional y extranjera (todos están involucrados en las maniobras) para terminar de raíz con la conspiración permanente contra la economía conformando una banca estatal única, sino en una presión para que los capitales sean blanqueados.

Así lo sugirió el titular de la AFIP al oficialista Página 12 y los jueces que se abstienen de intervenir en la causa.

La escalada del oficialismo con las empresas en el medio de la recesión es un intento de arbitrar la transición hacia el recambio presidencial para evitar que las empresas se pasen de la raya con despidos o cierres como sucedió con la empresa buitre Donnelley o hagan nuevos desafíos a la cotización del dólar.

En su desarrollo, las tensiones con las distintas patronales pusieron en evidencia la mugre oculta debajo de la alfombra en el funcionamiento cotidiano del capitalismo, pero están lejos de constituir un avasallamiento a la “libertad del mercado” que denuncian los empresarios.

Se trata de fricciones típicas en una situación económica que no encuentra la salida del túnel de la recesión en simultáneo que atraviesa el fin del ciclo de los gobiernos kirchneristas.

El ajuste en curso

El caso HSBC tiene lugar en el marco de las denuncias cruzadas entre oficialistas y opositores del mismo régimen económico y político patronal que de conjunto puja por un ajuste contra los trabajadores.

El juez Claudio Bonadio, que investiga a la familia Kirchner y los vínculos con Lázaro Báez, tiene ingresos enormes frente a cualquier trabajador, pero no paga el impuesto a las ganancias, al igual que todos los jueces, el capital financiero y los curas.

Como dejó en evidencia la denuncia contra el HSBC, las grandes patronales tejen ingenierías fastuosas para evadir los pagos de impuestos (no sólo ganancias, sino también a los bienes personales y el IVA, entre otros).

Pero lejos de ir a buscar recursos entre los grandes empresarios, Axel Kicillof puso en el centro de sus ataques en los trabajadores que piden no pagar el impuesto al salario. Es una “contribución solidaria” de los trabajadores, dijo el ministro de Economía.

El kirchnerismo inventó una nueva teoría donde la redistribución del ingreso no tendría curso entre grandes capitalistas y los trabajadores, sino entre el conjunto de los explotados y los más pobres de la sociedad. Un disparate.

A Jorge Capitanich se le salió la chaveta y dijo defender “filosófica e ideológicamente” el pago del impuesto al salario que afecta en su escala más baja a trabajadores que apenas alcanzan a cobrar la canasta familiar.

Lo que defiende el jefe de Gabinete es un sistema impositivo donde las grandes riquezas no pagan más de 1,25% por sus bienes personales mientras cotidianamente los trabajadores tienen que pagar el 21% de IVA para comprar un sachet de leche, donde un trabajador tributa más el impuesto al salario que las grandes patronales por ganancias. En Capitanich hay poco de filosofía y mucho de vulgaridad.

La inflación ronda el 40% anual mientras los salarios en las paritarias aumentaron entre 26% o 30%, según se considere o no la disminución del impacto por su aplicación en cuotas.

De esta forma, el salario real de los trabajadores en blanco está disminuyendo entre 10% y 15%. Ni que decir de los trabajadores en negro o precarizados que ni siquiera gozan del beneficio del aumento en paritarias.

El gobierno de la Alianza recortó 13% a los estatales de manera directa. El kirchnerismo logra lo mismo por el método del ajuste inflacionario.

Pero el ajuste en curso tiene una delimitación de clases. Aunque hay sectores del pequeño empresariado (como se ve en las caída de las ventas minoristas) que son afectados por la recesión, las grandes empresas siguen ganando como nunca. En la bolsa está habiendo ganancias récord. Esta es la verdadera “filosofía” del kirchnerismo.







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