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Masacre en Orlando reaviva el debate sobre homofobia y racismo en EE. UU.

Las cincuenta personas asesinadas eran, en su mayoría, homosexuales y latinos. En las redes sociales, millones repudiaron el ataque.

Domingo 12 de junio de 2016 | Edición del día

En la madrugada del domingo, un ciudadano estadounidense identificado como Omar Seddique Mateen irrumpió al club “Pulse” de Orlando donde tomaba lugar una fiesta en el marco del “mes del orgullo”. Allí el hombre de 29 años mató a 50 personas y dejó a otras 53 heridas –algunas de gravedad- antes de ser abatido por una bala policial. Las redes sociales se llenaron de repudios al ataque.

El Estado Islámico (EI) se adjudicó la autoría de la matanza, según informó la agencia de noticias Amaq aunque no hay ninguna prueba que lo respalde como debió aceptar el propio FBI. Igualmente, horas después del ataque cuyas víctimas fueron mayormente latinos LGTBI- las principales figuras de la política hablaron de un “acto terrorista”. Mientras tanto, el padre del agresor, de origen afgano, aseveró a NBC News que “esto nada tiene que ver con la religión” y destacó la homofobia de su Omar quien hace dos meses se habría enfadado al ver a dos hombres besándose.

Lo ocurrido en Orlando es considerado como la mayor matanza a tiros de la historia de Estados Unidos. No casualmente, la masacre que le sigue históricamente en cantidad de caídos es el incendio a otro bar gay en Luisiana durante 1973, que acabó con la vida de 32 personas y dejó 15 heridos. También se debe señalar que el mismo domingo que fue violentado el boliche “Pulse”, un hombre fue encontrado en Santa Mónica con explosivos, armas y municiones que planeaba utilizar, según confesó, contra la “marcha del orgullo” de Los Ángeles.

Los recientes hechos ponen sobre la mesa la discusión en torno al control de armas, la homofobia y la xenofobia en el país, en un momento de creciente polarización social.

En ese marco, a nadie sorprenden las afirmaciones del derechista Donald Trump. El candidato republicano, defensor de la Biblia y famoso por sus comentarios contra los inmigrantes, musulmanes, hispanos, las mujeres y el matrimonio gay, escribió en Twitter: “Agradezco las felicitaciones por estar en lo cierto sobre el terrorismo islámico”. Luego increpó a los demócratas: “Lo que ha sucedido en Orlando es sólo el comienzo. Nuestro liderazgo es débil e inefectivo. (…) Debemos ser duros”. Éstos, por su parte, comparten en el discurso –así como en los hechos- la mentada “guerra contra el terrorismo”.

El actual presidente Barack Obama no tardó en referirse a un “un acto de terror y odio” y aseguró que los servicios de inteligencia investigan la masacre como producto del “terrorismo”. Su candidata para las próximas elecciones, Hillary Clinton, siguió un camino similar. En su cuenta de Facebook, publicó: “Esto fue un acto de terrorismo. (…) Por ahora, podemos decir de seguro que tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para defender a nuestro país de estas amenazas aquí y en el exterior. Eso quiere decir derrotar redes terroristas internacionales trabajando con aliados y colaboradores para enfrentarlos donde quiera que se encuentren, confrontando sus intentos de reclutar personas aquí y en todos lados”.

Por su parte, Bernie Sanders -cuya carrera en las internas está llegando a su fin- fue probablemente el más ambiguo manifestando: “no sabemos si fue un acto de terrorismo, un terrible crimen de odio contra los gays o el acto de una persona muy enferma, pero extendemos nuestras sentidas condolencias a los familiares”.

Aquello no quiere decir que Sanders sea una alternativa anti bélica: como senador votó favorablemente la política exterior norteamericana respaldando los bombardeos israelíes y la resolución de Autorización del uso de la fuerza (aunque sus partidarios indiquen que se opuso a aspectos parciales de la misma).

De todas formas, junto a la islamofobia y su política guerrerista, lo que compartieron Obama, Clinton y Sanders fue una prédica progresista –enmarcadas en una ajustada campaña electoral- en favor de los derechos de la comunidad LGTBI. “Sepan que tienen millones de aliados por todo el país. Yo soy una de ellos. Continuaremos luchando por su derecho de vivir libre, abiertamente y sin miedo”, expresaba Clinton-quien, años atrás, había votado en contra del matrimonio igualitario-. Al mismo tiempo, el presidente y el senador por Vermont, también incluían esta arista como eje de sus declaraciones con videos y enunciados publicados en Internet.

Otro aspecto central del debate abierto a raíz de la masacre tiene que ver con el uso y control de armas. Omar Seddique Mateen tenía una licencia para utilizarlas y se valió de un rifle AR-15, el mismo modelo utilizado en los conocidos tiroteos de la escuela primaria Sandy Hook, en Connecticut, así como en el del cine de Aurora (Colorado) donde murieron 12 personas.

Donald Trump se ha pronunciado en contra de restricciones a la portación de armamento. De hecho, es el candidato predilecto de la Asociación Nacional del Rifle o NRA –de la cual es miembro y donde ha brindado actos de campaña- según ha afirmado su portavoz, Chris Cox. Esta organización tiene un fuerte peso en el país del norte y una poderosa influencia en el Congreso a través de favores económicos. Sólo por poner algunos ejemplos, los senadores republicanos Thom Tillis, Paul Ryan y John Boozman, recibieron de ésta uS$2.459.881, uS$35.000 y uS$24.618 respectivamente, de acuerdo a lo declarado en sus rendimientos de campaña.

Clinton aprovechó la ocasión, al igual que Obama, para ratificar uno de los puntos de sus campañas. Es decir, que “hay que evitar que las armas caigan en manos de los terroristas, abusadores domésticos y otros criminales violentos”. Pero, al igual que el Partido Republicano, los demócratas se benefician de los aportes de la NRA. Según una investigación del 2013 del Washington Post, por lo menos veinticinco legisladores del partido recibieron una cifra cercana a los uS$75.000.

Fuerte repudio a la homofobia y al racismo

El actual presidente y los tres principales candidatos piensan en el juego electoral y vuelven a levantar la amenaza del “terrorismo” y el Estado Islámico, cuyo desarrollo sólo fue posible por las intervenciones imperialistas en Medio Oriente y la derrota de la primavera árabe. Pero no olvidemos que las 50 personas asesinadas eran, en su gran mayoría, homosexuales y latinos, quienes más pagan la crisis del capitalismo norteamericano.







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