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Migración: cuando la vida pende de un hilo

Para los migrantes centroamericanos la vida pende de un hilo muy delgado. Sus opciones son permanecer en sus lugares de origen, expuestos a la muerte y el hambre, o intentar el aterrador viaje por tierra mexicana.

Bárbara Funes

México D.F |

Sábado 28 de marzo de 2015 | Edición del día

Los migrantes sufren ataques de miembros del crimen organizado o agentes de migración. A veces, de los dos sectores.

A quienes logran subir al tren de carga conocido como la Bestia, los extorsionadores, a punta de pistolas y distintas armas, les cobran una cuota de 100 dólares.

Si no tienen el dinero, los asesinan, los hieren, los arrojan del tren. Ése fue el caso de los hondureños Álvaro José Ordóñez, de 23 años, y de José Israel Bardales Velázquez, de 28, que sufrieron heridas de armas de fuego y también por la caída desde el tren. Un migrante más fue hallado muerto. No se conocen sus datos: es alguien a quien su familia buscará.

En Oaxaca, Chiapas y Veracruz, los denominados “caza migrantes” esperan a quienes intentan la dura travesía hacia el norte. Los extorsionan, los reclutan por la fuerza para el narco, redes de trata y de tráfico de órganos. O simplemente, cortan el delgado hilo de sus vidas, y los matan.

La ruta del terror

Desde 2014, Enrique Peña Nieto ordenó la implementación del Plan Frontera Sur, al que con descarado cinismo anunciaron como un programa para proteger a los migrantes.

En realidad, se trata de criminalizar a los migrantes, hostigarlos de diversas formas, evitar que suban a la “Bestia”. Es hacer el trabajo sucio de gendarme de Estados Unidos.

Distintos comités de Derechos Humanos en Centroamérica documentaron en el Salvador 350 desaparecidos, en Honduras 308, en Guatemala 79 y los bancos forenses dirigidos por el Equipo Argentino de Antropología Forense, 258 migrantes no localizados en el Salvador, 267 en Honduras y 86 en Guatemala.

A su vez, Ana Lorena Delgadillo Pérez, de la Fundación para la Justicia de México, según el artículo “¿Por qué es necesario un mecanismo trasnacional para migrantes?”, denunció que mientras “la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) documentó el secuestro de 20 mil migrantes durante un año y en las masacres de Cadereyta, Nuevo León y San Fernando, Tamaulipas, se encontraron 300 restos humanos, ‘en las estadísticas mexicanas los migrantes centroamericanos no existen’”.

Las familias de los migrantes desaparecidos se están organizando para exigir justicia, y denuncian la invisibilización de sus familiares. Las une el dolor y la indignación.

Mientras tanto, en días recientes, la diputada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) Patricia Peña Recio, de Coatzacalcos, Veracruz, señaló que “Los migrantes son ‘un peligro’ para México. Porque ‘asaltan a la gente’, ‘ejercen la prostitución’, y además ‘se matan’ entre ellos”. Y anunció que había ordenado cerrar un albergue para migrantes, de acuerdo con el artículo “Defensores analizan poner queja contra diputada que calificó a migrantes como ‘un peligro’”, publicado en Animal Político.

Esta representante de los partidos de la clase dominante en México expresa la impunidad de los poderosos, que se sienten con derecho a vivir en el lujo desmedido mientras el pueblo se ahoga en la miseria.

¿Un peligro los migrantes? Un peligro son los políticos como ella, que se enriquecen a costa del gasto público y de las dádivas que reciben de sus patrones, las trasnacionales y las empresas del país. Un peligro como fueron para los normalistas de Ayotzinapa que continúan desaparecidos, hoy a seis meses de ese oscuro y terrible 26 de septiembre de 2014.

Estados Unidos: aún indefinida la reforma migratoria parcial

Mientras se recrudecen los ataques en la frontera sur de México contra los migrantes, en EE.UU. se abre de nuevo la posibilidad de apertura parcial.

El pasado 24 de marzo, la Corte Federal de Apelaciones del Quinto Circuito en Nueva Orleans aceptó atender la apelación del gobierno de Barak Obama, para dejar sin efecto la suspensión dictada por el juez Hannen ante las medidas ejecutivas decretadas por el mandatario estadounidense.

Estas medidas de Obama sólo frenan la deportación de alrededor de la mitad de los migrantes que residen en Estados Unidos sin tener la residencia legal.

Pero, ¿por qué Obama insiste con esta limitada medida a pesar de la enconada oposición de los republicanos? ¿Por sentimientos humanitarios? Es claro que no. Sino porque el aporte de los migrantes a la economía estadounidense es cada vez más notable.

A su vez, mientras Obama intenta implementar esta “amnistía” a un sector de los migrantes, se recrudece la militarización de la frontera con México. Recientemente, por ejemplo, impidieron el ingreso al país de al menos 20 migrantes hondureños mutilados en el viaje arriba de la “Bestia”.

Una solución a la cuestión migrante

Distintos analistas sostienen que vendrá una nueva ola migratoria hacia Estados Unidos, ya que las condiciones de vida se endurecen cada vez más en los países centroamericanos y en México. Millones emprenderán la marcha a través de selvas y desiertos, con su vida pendiendo de un hilo. Muchos serán niñas, niños y jóvenes huyendo del horror.

Para que el hilo no se corte, es necesario que se ponga en pie un gran movimiento continental en defensa de los migrantes, encabezado por los familiares y los trabajadores, que hoy tienen sobre sí la amenaza de despidos y más precarización frente a las exigencias de las trasnacionales.

Sólo la unidad de los explotados centroamericanos, mexicanos y estadounidenses puede poner un alto a la militarización de las fronteras y a la criminalización y persecución que sufren los migrantes.

Sólo la unidad de los de abajo puede imponer el libre tránsito de personas desde Centroamérica a Estados Unidos.







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