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Mini Cooper y Torino-IKA en el Rally Montecarlo: el cruce de dos leyendas

Se miden dos leyendas automovilísticas: el Mini Cooper británico que revolucionó la industria automotriz y el Torino-IKA argentino. El Rally de Montecarlo casi une estas dos leyendas...

Sábado 10 de septiembre de 2016 | Edición del día

El Mini Cooper revolucionó la industria automotriz y se convirtió en un ícono del imperio británico. Fue protagonista de la gran estafa del oro en una famosa película de culto y hasta Víctor Jara habló de él en sus canciones. El Torino-IKA nació a fines del ´66, en Argentina; asaltó los cielos en Nurburgring del ´69 y se convirtió en el mito más grande del automovilismo nacional. El Rally de Montecarlo casi une estas dos leyendas...

El Mini Cooper es parte de la cultura británica desde hace décadas. Es uno de los símbolos más poderosos de la identidad del Reino Unido. Construído en la fábrica British Motor Company (BMC) a fines de los 50´s, tuvo distintos nombres según el modelo, y luego de discontinuarse en los 70´s, regresó primero bajo la firma Rover y luego por BMW, con unos MINI que nada tienen que ver ya con el famoso auto.

Ese auto, un símbolo imperial, paradójicamente, nace de una debilidad de Gran Bretaña. El conflicto desatado en 1956 en el Canal de Suez, entre el Egipto de Nasser y la alianza franco-inglesa-israelí por el control del Canal de Suez, dejó en otras condiciones a Gran Bretaña. Sin mantener el dominio del Canal, lugar clave por donde hasta el día de hoy pasa la ruta del petróleo desde el Mar Rojo hacia el Mediterráneo, Gran Bretaña debió cambiar su "chip". Ya no dominaban el mundo, y acomodándose como cola de furgón de norteamérica, comenzaron a rediseñar su ingeniería industrial.

¿Qué tiene que ver ésto con el Mini Cooper? Austin (la BMC era un conglomerado de varios fabricantes, entre ellos también estaba Morris, el otro nombre por el que se lo conoce al Mini) en 1957 comienza a fabricar un auto con determinadas consignas específicas: dimensiones pequeñas, motor de poca cilindrada y sobre todo, poco consumo del derivado del crudo. Es así como comienza a experimentarse la fabricación del otrora legendario Mini Cooper. Un auto que revolucionará la concepción de los vehículos en la industria automotriz. Concebido para el ahorro, con un motor transversal de 850 centímetros cúbicos, tracción delantera y suspensión independiente en las 4 ruedas, su ingeniería se sigue utilizando hasta el día de hoy. Hubo distintos modelos, y su cilindrada no llegó a superar en sus deportivos los 1300 de cilindrada cúbica. Del tamaño mejor ni hablemos, 3,05 metros de largo (más corto que el “fitito”); 1,40 de ancho y 1,35 de alto.

Logró ubicarse como el auto de la familia standard en Gran Bretaña y conquistar el mundo con su participación y grandes triunfos en Rally como el de Montecarlo o el de los 1000 Lagos, gigantescas leyendas en la especialidad. Agrandó su fama con la gran estafa del oro turinés en la pelicula de culto The Italian Job (Michael Caine, 1969), donde puede verse a los Mini rodando por las escaleras de la catedral. Se fabricó en distintos lugares del mundo, incluso en Chile. Victor Jara le cantaba a los hijos de la alta sociedad que “fuma pitillos en el Austin Mini”.

Torino, un adelantado que llegó tarde

Mientras los británicos habían adelantado la industria automotriz en concepto, economía y rendimiento, 7 años después de la fabricación del Mini, a fines de 1966 Argentina sacaba a la luz el Torino-IKA. Un auto que en su versión deportiva era una bestia: tres carburadores doble boca que le daban de comer a un motor de 3700 centímetros cúbicos de cilindrada. IKA, la industria que lo fabricara, logró imponerlo como “El auto argentino”, aunque su base fue a partir de un motor y chasis norteamericano con un rediseño de tipo italiano. Fue el primer auto que en Argentina superaba los 200 kilómetros por hora, recién salidito de fábrica. Un verdadero adelantado.

Convencido que ese auto debía probarse en la arena mundial, Oreste Berta decide llevar el “Toro” al Rally de Montecarlo de 1968, piloteado por Héctor “Pirín” Gradassi. Una vez llegado a Europa, el Torino rodó por distintos tramos del Rally europeo, en una suerte de pruebas libres varios días previos al lanzamiento de la tradicional carrera. “Pirín” Gradassi se mostró rápidamente cómodo con la conducción bajo la nieve, y los tiempos de los diferentes tramos, según cuenta el mismo piloto, eran más bajos que los de un Ford Mustang que había competido el año anterior. Pero para Berta y todo el equipo, la preparación para el Rally sólo quedó en eso. El cruce con la leyenda del Mini Cooper no podría hacerse realidad.

Cuenta la historia que una vez sacada la conclusión de no participar del Rally, compartiendo en el hotel habitaciones con el equipo Citroen, Oreste Berta le pide a los pilotos franceses de ese equipo que prueben el Torino. Lucien Bianchi conocía el Rally y también manejar autos de poderosa potencia, como el Ford Escort MK, un maquinón; por lo que le resultó agradable tener bajo sus dos manos el potente Torino 380 W. Pero la conclusión se mantuvo incólumne: el Torino no estaba preparado para un Rally de estas características. Demasiada potencia, demasiados kilos y demasiado tamaño, para un rally envuelto de curvas bajo la nieve. Los pilotos franceses fueron los que aconsejaron a Berta de llevar el Torino a la Maratón de la Ruta en Nurburgring.

El Rally de Montecarlo de 1968 fue ganado por Porsche, que hizo "el 1 y 2". El Mini Cooper salío tercero, cuarto y quinto. Hasta el año anterior, el autito de 1275 centímetros cúbicos había ganado 4 veces consecutivas el Rally (aunque en el ´66 fue injustamente descalificado). Le había llegado su hora, desplazado por el auto alemán. El Mini Cooper dejaba de ser realidad, y comenzaba su larga leyenda.

Por su parte el Torino, luego de la frustración de Montecarlo, buscó nuevos horizontes en Europa y fue así que comenzó su leyenda en vida, las 84hs de Nurburgring de 1969, una historia que ya contamos en este diario. Gracias a esa hazaña, el Toro lograba ubicarse por 4 años consecutivos como el auto más vendido en Argentina. Corría 1973, año de la crisis del petróleo, y en nuestro país el auto más vendido era un gigante que exigía 12 litros de nafta cada cien kilómetros, a un promedio de velocidad de 80 km/h. mas del doble de lo que consumia el Mini Cooper. Sin dudas, su “vida util” ya estaba cuestionada a los pocos años de nacer. Fue un adelantado que llegó algo tarde…







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