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Motomel: el saqueo en moto

La historia del grupo Meller. Saqueadores seriales del pueblo trabajador, con la dictadura, Menem, Duhalde, los Kirchner y Macri. Siempre con el FMI, siempre contra los obreros.

Federico Berg

@fedeberg80

Lunes 21 de mayo de 2018 | 11:08

La fábrica de motos radicada en La Emilia (partido bonaerense de San Nicolás) ha sido expuesta varias veces como ejemplo de crecimiento económico. A pesar de ser una empresa relativamente mediana, con un plantel total de menos de 700 trabajadores, los dueños de Motomel han llegado a codearse con lo más granado de la alta burguesía. La última novedad fue la participación de Marcelo Meller en una reunión de 18 empresarios de IDEA con los ministros nacionales Luis Caputo y Francisco Cabrera con el motivo de apoyar las medidas del gobierno (devaluación y entrega de reservas) y festejar la vuelta del Fondo Monetario Internacional a la Argentina.

La historia del grupo Meller es la de los grandes saqueos de los últimos 50 años contra el pueblo trabajador. En todos ellos fue protagonista el FMI con la deuda externa como arma. En estos momentos, ya hay una crisis que se descarga sobre los sectores populares. Pero lo que estamos viendo es sólo la preparación de un nuevo saqueo mucho mayor que preparan contra el pueblo trabajador. Se preparan para participar del cuarto saqueo histórico.

Historia de tres saqueos

La familia Meller fue uno de los grupos económicos que, como los Macri, crecieron enormemente bajo el paraguas de la dictadura genocida. A través de sus negocios textiles y contratos con el Estado, accedió a créditos internacionales que terminamos pagando los trabajadores cuando Domingo Cavallo estatizó las deudas privadas en 1982. Así formaron parte del primer saqueo histórico, regado con la sangre del genocidio.

En medio del desempleo galopante de la década del ‘90, amparados por la convertibilidad que terminó con la hiperinflación y que selló el segundo saqueo histórico contra el pueblo argentino, la familia Meller se corrió hacia la importación de motovehículos y, posteriormente, reconvirtió lo que era una centenaria fábrica textil (La Emilia S.A.) en una planta de montaje de motos bajo la marca Motomel. La producción comenzó con dos modelos, llegando hoy en día a contar con tres líneas de producción, dos líneas de abastecimiento, una planta de fabricación de cascos, una planta de fabricación de kit de transmisión, una planta de fabricación de accesorios plásticos y una planta de fabricación de amortiguadores.

Tras la crisis del 2001 y la megadevaluación de Duhalde, que bajó los salarios reales un 30% de un golpe, Motomel aprovechó para ampliar su producción y aumentar su plantilla. Lo hizo mediante subsidios estatales y con las modalidades más precarizadas de contratación laboral, llegando a constituir un verdadero polo de trabajo inestable. No hubieran podido lograrlo sin la complicidad de la seccional San Nicolás de la Unión Obrera Metalúrgica, que ha legitimado este verdadero fraude laboral. Miles de jóvenes nicoleños han pasado por la planta de La Emilia, con contratos de 30 días renovados a último momento, sin ninguna garantía de continuidad. Sin elementos de seguridad e higiene, sin transporte ni refrigerio, cobrando salarios de hambre según el convenio más básico de los metalúrgicos, el secreto del éxito de Motomel radica justamente aquí: precarización laboral y ventajas del Estado. Los gobiernos kirchneristas fueron particularmente generosos con los Meller, celebrándoles los “éxitos” y dejándoles pasar las distintas tandas de despidos masivos que se fueron sucediendo en Motomel durante las últimas décadas.

El saqueo que se viene

Cuando comenzamos este artículo nos referimos a la participación de Meller en una reunión, el 14 de mayo, con ministros del gabinete nacional. Mientras los empresarios estaban alabando las políticas de Macri y extendían la alfombra roja para recibir al FMI, preparando las billeteras para morder cada uno a su turno, en la planta de La Emilia empezaba una tanda de despidos que en tres días llegó a dejar 150 trabajadores en la calle. Con la dudosa promesa de volver a contratarlos en 30 días si mejora el escenario financiero, Motomel ratifica su política: usar a los trabajadores como variable de ajuste para que paguen los costos de sus decisiones. El FMI promete más fexibilización laboral, ajuste y entrega nacional, y los Meller se frotan las manos adelantándose a este escenario.

El golpe que significó este despido masivo dejó a los trabajadores muy expuestos. La UOM se niega a pelear por sus reincorporaciones, avalando el fraude laboral de los contratos eventuales y protegiendo los intereses de la patronal. Los grandes partidos políticos nicoleños, no sólo el oficialismo de Passaglia sino también los opositores Unidad Ciudadana y Frente Renovador, no van a hacer absolutamente nada para revertir esta situación, porque quieren sacar provecho electoral de la crisis.

¡Se puede ganar! ¡Todos adentro en Motomel!

Al mismo tiempo vimos una gran solidaridad del pueblo trabajador. Estudiantes terciarios de San Nicolás y Villa Constitución lanzaron campañas, así como también docentes de la región que hacen llegar su apoyo a los obreros despedidos y a los que quedan adentro. En los comedores y vestuarios de las fábricas de la zona no se habla de otra cosa que de “los chicos de La Emilia”, negreados por la patronal y abandonados por el sindicato. En la cola del supermercado hay siempre al menos una o dos personas que conocen a alguno de los trabajadores de Motomel, y que saben cuáles son las condiciones en las que trabajan y lo fácil que se los saca de encima la empresa.

Hay fuerzas para enfrentar estos ataques. Los despedidos, para luchar por su reincorporación inmediata. Los que quedan adentro, para luchar por su pase a planta permanente y terminar con la precariedad y la inestabilidad. El pueblo de La Emilia, que ha demostrado varias veces que si se pone de pie hace temblar la ciudad. Los trabajadores y estudiantes de San Nicolás, que también venimos avanzando en conciencia y organización como cuando salimos a las calles en apoyo a los trabajadores de Pepsico, por justicia para Santiago Maldonado, o contra el saqueo a los jubilados de la reforma previsional de diciembre del ‘17.

Estas fuerzas tienen que organizarse. La UOM debe abandonar la tregua y convocar a asambleas abiertas en la puerta de Motomel, para que los trabajadores de adentro y los despedidos, junto a todas las organizaciones solidarias, puedan discutir un plan de lucha en serio. Todos los sindicatos que dicen estar en contra del ajuste deben ponerse a la cabeza de esta pelea, para de mínima paralizar la región hasta que ingresen los despedidos.

Paremos el saqueo ya mismo

Motomel es la punta de lanza de un plan mayor, ordenado por el FMI y cumplido por Macri y los gobernadores, que tiene por objetivo aumentar las ganancias empresarias a costa del pueblo trabajador mediante una gran crisis económica. Para eso quieren profundizar el endeudamiento y la entrega del país al imperialismo, y aplastar todas las resistencias. No lo podemos permitir.

Desde nuestro Partido de los Trabajadores Socialistas, como integrantes del Frente de Izquierda y del Movimiento de Agrupaciones Clasistas, exigimos que las centrales sindicales abandonen la tregua y convoquen a un paro nacional activo como comienzo de un plan de lucha para enfrentar los despidos, derrotar los tarifazos, romper los techos salariales y reabrir las paritarias cerradas en miseria. Al calor de estas peleas, tenemos que construir fuertes agrupaciones clasistas y prepararnos para recuperar los cuerpos de delegados, las comisiones internas y los sindicatos de manos de la burocracia sindical. Necesitamos coordinar todos los sectores en lucha.

Frente a los tarifazos, es necesario no sólo pelear por su anulación, sino también por la nacionalización del sistema energético y de transporte bajo gestión de los trabajadores y control de los usuarios populares. Contra los especuladores que saquean el país jugando a la timba financiera con la vida del pueblo trabajador, es necesaria la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior, como medidas indispensables de autodefensa nacional. No al pago de la deuda externa.

Pero para una salida de fondo real necesitamos construir un gran partido de la clase trabajadora, que permita que las grandes luchas que dará el pueblo trabajador contra el ajuste terminen esta vez con una salida favorable a las grandes mayorías. Necesitamos una salida anticapitalista y revolucionaria, y no que seamos otra vez nosotros los que paguemos los costos de la crisis con inflación, hambre, desocupación y precarización del trabajo y de la vida.







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