Géneros y Sexualidades

INTERNACIONAL

Mujeres gitanas: defender y desafiar la tradición

El 8 de abril es el Día Internacional del Pueblo Roma, más conocido como “gitano”, en conmemoración del Primer Congreso Mundial que se celebró en Londres en abril de 1971. En esa ocasión, se establecieron el himno y la bandera de esta nación sin territorio de más de 12 millones de personas, de las cuales el 84% habita en Europa (1). Desde aquella reunión internacional, pasaron muchos años hasta que las mujeres romaníes organizaron, en 2011, su primera Conferencia Internacional.

Miércoles 8 de abril de 2015 | Edición del día

Foto: Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad

Una historia de persecución y discriminación

En su Conferencia Internacional, las mujeres expresaron temor por el crecimiento del anti-gitanismo en Europa, que no sólo se expresa en los estereotipos que transmiten los medios de comunicación, sino también en la creciente organización de grupos nacionalistas y fascistas que amenazan, atacan físicamente y hasta promueven movilizaciones contra las familias gitanas en diversos países.

No es algo nuevo en la historia del pueblo roma. Su diáspora se inició en el siglo IX, desde la India, aunque se desconocen los motivos; pero a poco de llegar a Europa, fueron víctimas de la represión y el racismo. En la Edad Media, muchos gitanos rumanos fueron esclavizados por la Iglesia, los terratenientes y las cortes, donde se los castraba para servir como cocheros de las mujeres de la aristocracia, “sin riesgo para sus maridos”. Uno de los castigos de España y Portugal contra el pueblo roma consistía en expulsarlos de sus territorios embarcándolos forzosamente en las campañas de conquista.

En el siglo XX, bajo el régimen nazi, en Alemania, se esterilizó y castró a miles de gitanas y gitanos, prisioneros en los campos de concentración; muchísimos fueron asesinados en las cámaras de gas y centenares de niñas y niños fueron utilizados para “experimentos” racistas. Al término de la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente el 70% de la población romaní había sido aniquilada. Con la caída del Muro de Berlín, en 1989, el pueblo roma volvió a ser el centro de los ataques xenófobos y racistas, a partir de una nueva oleada de inmigración proveniente de Europa del Este hacia los países centrales. Pero también salió a la luz la política de “limpieza étnica” que habían sufrido bajo los regímenes estalinistas de Yugoslavia, Hungría, Checoslovaquia y otros estados subordinados a la ex Unión Soviética, donde las mujeres romaníes fueron sometidas a la esterilización forzada.

Defender la identidad y enfrentar tradiciones patriarcales

Ya desde muy pequeñas, las niñas romaníes deben colaborar con las tareas domésticas y el cuidado de sus hermanos menores, bajo la fuerte autoridad del padre de familia, lo que explica, en parte, los altos índices de deserción escolar, superior a los de los niños varones. Eso sin contar con que las propias instituciones escolares reproducen la estigmatización y discriminación del pueblo roma, su lengua, su cultura, expulsando a los niños y niñas de la institución, lo que aumenta la marginalización, con las consecuencias de analfabetismo, precarización laboral, pobreza, etc.

Pero si las mujeres romaníes debieron afrontar largos siglos de persecución, racismo, siendo las víctimas de brutales políticas de limpieza étnica en diversos países, también hicieron frente a variadas tradiciones que perpetúan su opresión y desigualdad en la propia comunidad.

Una de esas tradiciones es la prueba de virginidad que se impone a las mujeres antes de la boda, conocida como el “ajuntamiento” o “prueba del pañuelo”. Una mujer mayor y respetada de la comunidad introduce un pañuelo blanco en la vagina de la joven soltera, para romper el himen y asegurarse, por las manchas de sangre (“las tres rosas”) que ha llegado virgen al matrimonio. La importancia que se le atribuye a la virginidad es, probablemente, la tradición más arraigada y expresiva de la concepción de los géneros para el pueblo roma.

Es por eso que en la Conferencia de Mujeres de 2011 se pronunciaron por rechazar “prácticas perjudiciales como el matrimonio anticipado / arreglado / forzoso, el depósito de novias, las pruebas de virginidad y la discriminación por identidad de género que siguen produciéndose en determinadas comunidades romaníes de toda Europa.” También se pronunciaron por el derecho a la autonomía del movimiento de mujeres romaníes y la lucha porque fuera reconocida su “discriminación múltiple e intersectorial”.

Si bien las propias mujeres feministas romaníes señalan que, en los últimos años, se destaca el crecimiento de los matrimonios consentidos, por libre elección de las parejas, como también el crecimiento de la tasa de mujeres profesionales y con estudios secundarios y universitarios, un mayor cuestionamiento a los roles tradicionales de género, etc., es todavía muy grande la tarea que tienen por delante en la lucha por sus derechos, defendiendo su cultura y sus tradiciones estigmatizadas por la persecución racista y desafiando el orden patriarcal que rige también en sus comunidades.


(1) En Argentina, habitan 300 mil personas de origen romaní, de las cuales 20 mil están establecidas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 50 mil en el conurbano. Comunidades importantes se encuentran en Comodoro Rivadavia, Córdoba y Mar del Plata. En la década del ’40, el gobierno de Perón obligó a las familias gitanas, por ley, a abandonar el nomadismo y establecerse en un territorio, contrariando una de sus costumbres más acendradas, después de casi doce siglos de diáspora.







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