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ÁFRICA // TRIBUNA ABIERTA

Namibia, 1904-1908: el primer genocidio del siglo XX (Primera Parte)

Entre 1904 y 1908 el imperialismo alemán llevó a cabo en el actual territorio de Namibia, en el sudoeste africano, el primer genocidio del siglo XX contra las etnias originarias herero y nama que se resistieron a la dominación colonial. Al igual que otros genocidios, permanece impune y sin ser reconocido como tal por sus ejecutores. En esta primera parte analizaremos la ocupación colonial de África Sudoccidental y las causas desencadenantes del genocidio.

Miércoles 26 de agosto de 2015 | Edición del día

La etnia herero pertenece al grupo bantú del sur de África y comprende varias subdivisiones con diferencias lingüísticas. En Namibia las principales son las tjimba y ndamurando en Kunene, los mahareo en los alrededores de Okahandja y los zeraua en Omaruru. El territorio que habitaban era conocido como Hereroland. Los nama –de donde proviene el nombre Namibia- son el grupo más numeroso entre las familias lingüísticas kxoe y khoikhoi del sur del continente, y se caracterizan por su corpulencia pequeña y la piel clara respecto a otras etnias africanas. Un tercer grupo étnico es el khoisan o joisan, subdividido entre los san (llamados bosquimanos) dedicados a la caza y recolección, y los khoi (llamados hotentotes) dedicados al pastoreo.

Los primeros europeos que arribaron a las costas de Namibia fueron los portugueses comandados por Bartolomé Díaz en 1486, pero la aridez del territorio no estimuló su conquista. Durante el reparto de África realizado por las potencias europeas entre 1884 y 1885, Gran Bretaña dejó en claro que no estaba interesada en el territorio por lo que se convirtió en Protectorado Alemán. En 1892 pasó a conformar la colonia de África Sudoccidental, el primer territorio alemán de ultramar. Desde el principio de la ocupación hubo resistencia de los khoisan con los que se logró una breve paz en 1894. Ese mismo año se designó a Theodor Leutwein como Gobernador, quién alentó el asentamiento de colonos alemanes, y el canciller Bismarck envió las Schutztruppe o fuerzas imperiales coloniales para garantizar su seguridad ante las resistencias indígenas.

Los colonos fueron alentados a asentarse en las mejores tierras, propiedad de hereros y namas, cuyos ganados fueron a menudo confiscados por el régimen colonial. Además se utilizaba a la población indígena como mano de obra esclava. En 1903 hubo un levantamiento nama comandado por Heindrik Witbooi que provocó la muerte de 60 colonos alemanes. El 12 de enero de 1904 se levantaron los hereros liderados por Samuel Maharero.

Las causas de estos levantamientos hay que buscarlas en el régimen de propiedad de la tierra. Más de una cuarta parte de las 13 millones de hectáreas de componían Hereroland ya habían sido ocupadas por colonos alemanes en 1903, y esto se agravó con la construcción de la línea del ferrocarril de Otavi que iba de la costa hasta los asentamientos alemanes de tierra adentro, lo que desembocaría en una nueva colonización. Ante esto, las autoridades coloniales proyectaron la creación de Reservas Indígenas para la población nativa siguiendo el modelo norteamericano.

Otra cuestión fue el cobro de impuestos y deudas aprobado en noviembre de 1903. Los comerciantes europeos prestaban dinero a la población herera a tasas de interés abusivo lo que generó un endeudamiento masivo. La condonación de deudas por parte del gobernador Leutwein no descomprimió la situación. Bajo la complicidad de autoridades coloniales, los comerciantes comenzaron a confiscar ganado y objetos de valor de las familias hereras.

Un tercer factor fue la tensión etnoracial entre los grupos. Varios colonos blancos defendían ideas de supremacía racial viendo a la población nativa como simple mano de obra o como grupo que se debía exterminar para que Alemania pudiera ocupar el “espacio vital” del que hablaba el geógrafo Friedrich Ratzei. La Liga Colonial Alemana declaró que en cuestiones jurídicas el testimonio de un blanco equivalía al de siete negros africanos.

Se ha señalado que la explotación de diamantes fue otro factor que determinó el genocidio. No obstante los primeros yacimientos fueron descubiertos en 1908 cuando se había producido el exterminio de la mayor parte de la población namibia.

Mapa del África Sudoccidental alemana. Fuente: Casper W. Erichsen, The angel of death has descended violently among them. Concentration camps and prisoners-of-war in Namibia, 1904-08, Leiden, African Studies Center, 2005, p. XIV.

La rebelión de Maharero provocó la muerte de 120 colonos y la destrucción de granjas. Las fuerzas hereras contaban con un alto nivel de organización y poseían armas de fuego. El gobernador Leutwein trató de negociar ya que solo contaba con 2.500 soldados entre sus tropas frente a 10 mil hereros, y logró que algunos grupos depusieran las armas. No obstante la rebelión continuó sitiando Okahandja, 70 kilómetros al norte de la capital Windhoek.

Ante la solicitud de ayuda del gobernador, el Gobierno de Berlín envió al general Lothar von Trotha –quién había participado en la represión de los rebeldes bóxer en China-, que arribó con un contingente de 14 mil hombres el 11 de junio. Leutwein quedó subordinado al Departamento de Colonias de la Cancillería, a cargo de Bernhard von Bülow. Trotha por su parte declaró que solo respondía al káiser Wilhelm II y no al gobernador o la Cancillería, por lo que rechazó el plan de derrotar a los rebeldes y negociar con el resto de la población, ordenando la ejecución del genocidio contra todo el pueblo herero.

En una carta a Leutwein, Trotha expresó: “Conozco suficientes tribus en África. Todos ellos tienen la misma mentalidad en la medida en que producen sólo por la fuerza. Fue y sigue siendo mi política para aplicar esta fuerza por medio del terrorismo despiadado e incluso la crueldad” (Casper W. Erichsen, The angel of death has descended violently among them. Concentration camps and prisoners-of-war in Namibia, 1904-08, Leiden, African Studies Center, 2005, p. 7).

El 11 y 12 de agosto en la Batalla de Waterberg las tropas de Trotha derrotaron una fuerza de entre 3 mil y 5 mil hereros. Los sobrevivientes y sus familias huyeron al territorio británico de Betchuanaland (actual Botsuana) en donde recibieron asilo con la condición de no continuar con la rebelión. Otros 24 mil huyeron por un hueco en el cerco militar alemán hacia el desierto de Kalahari con la esperanza de llegar al Protectorado Británico. Las patrullas alemanas encontraron luego cadáveres en pozos que habían excavado en busca de agua. Maharero y mil seguidores se refugiaron en Betchuanaland, donde el líder permaneció como vasallo de un jefe local hasta su muerte en 1923.

El 2 de octubre Trotha hizo un llamamiento al pueblo herero “La nación herera tiene que abandonar el país, y si no lo hace, la obligaré por la fuerza. Todo herero que se encuentre dentro de territorio alemán, armado o desarmado, con o sin ganado, será fusilado. No se permitirá que permanezcan en el territorio mujeres o niños, y se les expulsará para que se unan a su pueblo o serán pasados por las armas. Estas son las últimas palabras que dirigiré a la nación herera” (Peace Pledge Union, Talking About Genocide Namibia 1904).







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