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Neuquén: movimiento de piezas en el tablero sindical

Dos hechos importantes ocurrieron esta semana en el mundo sindical neuquino. La perpetuación de Guillermo Pereyra en la cúpula del sindicato petrolero, y el ataque violento de la conducción de ATE a referentes de la oposición.

Jueves 11 de agosto de 2016 | Edición del día

El viernes de la semana pasada la conducción del Sindicato de Petróleo y Gas privado de Neuquén convocó a una asamblea en Rincón de los Sauces, supuestamente para discutir medidas de fuerza ante el incumplimiento por parte de las cámaras empresarias del sector del último aumento salarial acordado con el gremio. La asamblea terminó siendo un acto donde se proclamó nuevamente al “caballo” Guillermo Pereyra, también senador nacional del MPN, como secretario general -cargo que ostenta ininterrumpidamente desde 1984- de una lista de “unidad”. Lo secundan el actual intendente de Rincón Marcelo Rucci y el ahora secretario adjunto del sindicato Ricardo Astrada.

Previo al anuncio de la lista de “unidad” se vivieron momentos de tensión, con abucheos e insultos cuando debía tomar la palabra Astrada. La gente de Rucci, jugando de local, se sentía ganadora, pero el “operativo clamor” de la fracción de Pereyra reclamó una nueva reelección del senador, y Pereyra sigue al frente del sindicato.

Este movimiento de Pereyra no hace más que postergar una dura interna entre la propia burocracia sindical que lleva tiempo dentro del principal sindicato de la provincia por su posición estratégica en la economía y la industria provincial. En momentos donde Vaca Muerta está muy por debajo de las expectativas de hace apenas tres años, y donde las petroleras aseguran haber enviado 600 telegramas de despidos y tener 600 más listos para despachar, es clave el “orden” dentro del sindicato. Patear la pelota para adelante parece ser hasta ahora la estrategia. El límite es que el tiempo calienta la interna, y Pereyra no es ningún “pibe” como para pensarse muchos años más estando a la cabeza.

Patotas sindicales

También sobre el cierre de la semana pasada, la conducción Verde de ATE, encabezada por Carlos Quintriqueo y Jorge Marillán, cerraba un acuerdo con el gobernador Gutiérrez de un pago de $ 2.500 por única vez para los estatales y el compromiso de mesas de negociación salarial por sector. Para el sector salud, la propuesta era un aumento aproximadamente del 16%. El acuerdo fue rechazado por diversos sectores, y en salud fue por mayoría, sólo “dibujada” en un plenario realizado el día lunes, con denuncias de haber fraguado mandatos.

Justamente durante ese plenario una patota identificada con la conducción Verde salió del gremio y atacó a los trabajadores y trabajadoras de la oposición, que no habían dejado ingresar al plenario y esperaban los resultados en la calle. Esta acción fue ampliamente repudiada por distintos sindicatos de la región, incluso por la propia conducción de ATE Nacional. A pesar de las agresiones, al otro día los sectores opositores de ATE como la Violeta Negra, agrupaciones combativas y la izquierda ganaron las calles y participaron de manera diferenciada en la marcha y el paro convocados por la CTA, dando el mensaje de que no se callan ante estos ataques.

Este accionar de patotas sindicales no es nuevo en Neuquén. Es moneda corriente en la UOCRA, se repite en petroleros, en el sindicato de la fruta, en aguas gaseosas, entre tantos otros. En ATE hace años viene en aumento, y ya se volvió una práctica “cotidiana” de la actual conducción, aplicada también con sus antiguos aliados, como la agrupación 27 de junio. Y el macartismo y los ataques verbales y físicos a la izquierda ya son una lamentable moneda corriente, que contrasta con la pirotecnia verbal y las pocas acciones de lucha contra un MPN cada vez más alineado con el macrismo. Emprendieron un rumbo que los asemeja cada vez más a la burocracia tradicional de los “gordos” de la CGT, por más que cada tanto hagan un paro y corten una ruta.







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