Cultura

LITERATURA

Novelas para reírse de la patria, la familia y la propiedad

Advertencia al lector: ninguno de estos escritos debe leerse en situaciones que requieran una compostura seria, ni habiendo comido recientemente, ni mientras se atraviesa alguna afección ocular. La risa y sus diversas manifestaciones físicas son inevitables en su lectura.

Sábado 14 de febrero de 2015 | Edición del día

La caída del Museo Británico

Publicada en 1965, esta novela del escritor inglés David Lodge es protagonizada por un literato en trance de completar su doctorado, que todos los días concurre a la biblioteca del Museo Británico para trabajar su tesis:

Originalmente el tema de la tesis de Adam había sido “Lenguaje e ideología en la novela moderna”, pero gradualmente la comisión de estudios había ido reduciéndolo hasta su forma actual: “la estructura de las frases largas en tres novelas inglesas modernas”. La rebaja no parecía haberle simplificado en nada la tarea. Todavía no había decidido qué tres novelas modernas iba a analizar, ni tampoco cuán larga era una frase larga.

Casado y con tres hijos, apretado con los ingresos de su beca, vive obsesionado con la posibilidad de que su mujer vuelva a quedar embarazada: católicos, no se permiten otro control que no sea el cálculo en el calendario. La novela relata un día que empezó mal y amenaza con empeorar mientras crece en él la preocupación por ciertos síntomas que vio en su mujer esa mañana, quizás una nueva prueba de la falibilidad o el sadismo divino:

Qué distinta debe de ser, pensó, la vida de un padre normal no católico, libre de decidir –de hecho, de ser quien decide, tranquila y confiadamente– si tener o no un hijo. Qué distinta de su condición de casado, que Adam comparaba a una isla pequeña, sin ninguna montaña y superpoblada, rodeada por un dique medio desmoronado que él y su mujer se esforzaban desesperadamente en reparar mientras vigilaban, angustiados, el agitado mar de la fertilidad a su alrededor.

La conjura de los necios
Publicada en 1980 por insistencia de su madre –su autor, John Kennedy Toole se había suicidado en 1969, y ella encontraría el manuscrito entre sus cosas posteriormente–, esta novela trata de la vida de un treintañero que aún vive con –y de– la madre que, después de una década sabática debe “rebajarse” a buscar trabajo para saldar la deuda por daño a la propiedad privada que generó su madre, alcohólica, una noche. Con una “válvula” que se le cierra cada vez que lo contradicen o tiene que trabajar, reaccionario detractor de la Ilustración, obsesionado por la presencia de comunistas en todas las instituciones y por demostrarle a su novia “progre” que él puede ser realmente más revolucionario que ella, Ignatius Reilly irá pasando por distintos trabajos que no podrá conservar. Pero sin privarse en el camino de organizar huelgas, facciones terroristas y cruzadas, va dejando asentadas esas experiencias en diarios, cartas y proclamas, una crítica a la “sociedad moderna” que es radical… por lo absurda. En uno de estos materiales escribe:

No hay duda, desde luego, de que en mi breve carrera en Levy Pants Limitada he logrado introducir varias innovaciones prácticas y eficientes. Los lectores que sean también trabajadores administrativos y estén leyendo este penetrante diario en el descanso del café, o en otra circunstancia similar, deberían tomar buena nota de una o dos de mis innovaciones. Dirijo también estos comentarios a los funcionarios y a los ricachos en general. He dado en llegar a la oficina una hora más tarde de lo que allí se me espera. En consecuencia, me encuentro muchísimo más reposado y fresco cuando llego, y evito esa primera hora lúgubre de la jornada laboral en la que los sentidos y el cuerpo entorpecidos aún por el sueño convierten cualquier tarea en una penitencia. Considero que, al llegar más tarde, mejora notablemente la calidad del trabajo que realizo. (…) Nota sanitaria: Mi válvula se cerró violentamente esta tarde, cuando el señor González me pidió que le sumara una columna de cifras. Cuando vio el estado en que su petición me precipitó, sumó él mismo, consideradamente, dichas cifras.

Megafón, o la guerra
Publicada en 1970 tras la muerte del autor, que ya la había entregado a imprenta, esta tercera novela de Leopoldo Marechal adopta el modelo de rapsodias y personajes de la épica para referirse los hechos históricos y las discusiones que enmarcaron la etapa de la Resistencia peronista. Relata las batallas que emprende Megafón (apodo del protagonista ganado en el uso estridente de un megáfono en un club de box donde arbitraba) para reparar los desajustes de la época, parodiando las versiones difundidas de los mitos nacionales. “La invasión al Gran Oligarca” o la “Payada con el embajador” son algunas de las misiones que emprende Megafón después de plantear en una asamblea de un club barrial su tesis sobre la Patria:

Les enseñaron que la patria era sólo una geografía en abstracción, o algo así como un escenario de la nada. ¿Y qué otra cosa podría ser un escenario teatral si no tiene comedia ni actores que la representen? La verdad pura es que nos movemos en un escenario, que ustedes y yo somos los actores y que la comedia repre¬sentada es el destino de nuestra nación. ¡Compatriotas, yo les hablaré de un animal viviente, de una patria en forma de víbora! (…)
–Si acudí a la víbora fue por tres razones convincentes. Primera: la víbora es un animal del "suceder", como lo demuestra la del Paraíso; y la patria o es una serpiente del suceder o es una mula siestera (…) –Mi segunda razón –prosiguió el Autodidacto– se basa en el hecho de que la víbora tiene un habitat muy extendido en nuestro territorio, desde la yarará de Corrientes hasta la cascabel de Santiago y la anaconda de Misiones (…) –Sin embargo –añadió el Oscuro–, mi tercera razón es la que importa. La víbora cambia de peladura (…) al ofrecerse la imagen de una Patriavíbora, sostengo que tiene ahora dos peladuras: un cascarón viejo, tremendamente fósil, que se resiste a soltarse del animal; y la peladura nueva que se formó debajo y que batalla por salir a la luz. Compañeros, lo que nos aflige a todos es la tiranía del cascarón.







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