Sociedad

ALEMANIA

Nueva oleada de ataques fascistas contra inmigrantes en Colonia y Leipzig

El domingo a la noche, un grupo de nazis protagonizó una verdadera “caza de inmigrantes”. Ya un día antes hubo desmanes por parte del movimiento derechista Pegida en Colonia. En Leipzig, una banda de 250 fascistas atacó varios lugares en el barrio de izquierda Connewitz. Estos ataques reafirman la necesidad de una autodefensa colectiva por parte de la izquierda, de los trabajadores y de los inmigrantes.

Marius Maier

Berlín

Martes 12 de enero de 2016 | Edición del día

Foto: EFE

En los días posteriores a las agresiones sexuales en Colonia el clima racista en Alemania dio un nuevo salto. No solo el gobierno ya planea nuevas leyes racistas. También las bandas fascistas actúan cada vez más abiertamente y dan caza a los inmigrantes. El domingo por la noche, alrededor de 20 nazis, probablemente relacionados con la escena de hooligans y porteros de discotecas, se concentraron para asaltar a un grupo de paquistaníes, dos de los cuales tuvieron que ser hospitalizados. Poco después, cinco nazis dieron una paliza a un refugiado sirio.

Ya el día anterior, el movimiento de derecha xenófobo Pegida hizo una fuerte demostración en colonia. Una manifestación con más de mil asistentes, en la que se escucharon eslóganes como “Rapefugees not welcome” y se vieron saludos hitlerianos, terminó disuelta por la policía con lanza-aguas que fue atacada con petardos y botellas.

El discurso racista que se escucha tras los sucesos en la Nochebuena de Colonia encuentra así nuevos “aliados” de las mujeres entre los nazis a los que normalmente no les importan en absoluto los derechos de las mujeres, sino todo lo contrario. Contra eso se organizaron varias protestas antirracistas y antisexistas, por ejemplo con un flash mob de mujeres bajo el lema: “No a la violencia contra mujeres, no importa si en Colonia, en el Oktoberfest o en el dormitorio.”

El lunes los ataques de los nazis continuaron, esta vez en Leipzig. En el centro de la ciudad, “Legida” (Pegida en Leipzig) se manifestó para celebrar su primer aniversario con Lutz Bachmann y 3.400 participantes. Al mismo tiempo una banda de 250 nazi-hooligans provocaron destrozos en el barrio alternativo y de izquierda Connewitz. Con bates de béisbol, barras de hierro y adoquines demolieron ventanas de tiendas y vehículos, atacaron bares de izquierda y lanzaron pirotécnica a departamentos, prendiéndose fuego uno de ellos.

Los fascistas dejaron huellas de devastación en varios cientos de metros antes de ser contenidos por la policía, que arrestó a 211 agresores y tomó sus datos personales. Todos ellos se identificaron como hooligans nazis del club de futbol Lokomotive Leipzig. Los vecinos enfurecidos y antifascistas atacaron a los fascistas arrestados y los vehículos de transporte de prisioneros, a lo cual siguieron escaramuzas de activistas de izquierda con la policía.

Hace tan solo algunas semanas que el alcalde socialdemócrata de Leipzig, Burkhard Jung, habló de “terror abierto” por parte de la izquierda después de que se había impedido una marcha del partido “La derecha” con barricadas. Pero ahora ha quedado claro en qué resulta si los nazis pueden marchar libremente por las calles.

En el clima racista actual, las movilizaciones de extrema derecha y las bandas fascistas violentas actúan cada vez más. Ya en los últimos meses, la violencia nazi contra los refugiados con atentados contra sus alojamientos se había incrementado masivamente. El terror que las bandas fascistas llevaron a la calle en los últimos días en Colonia y Leipzig es una muestra de su creciente autoconfianza. No hay todavía un movimiento fascista de masas como en 1938, como lo insinúan ahora algunos históricos burgueses, pero el actuar cada vez más abierto de los nazis adquiere lentamente una nueva calidad.

Cadenas humanas con velas no van a parar esa escalada desde la derecha. A la violencia fascista tenemos que responder con estructuras colectivas de autodefensa desde las organizaciones de izquierda, de inmigrantes y de trabajadores.

En este terreno no podemos confiar en el Estado burgués. La policía mostró una y otra vez que no tiene ningún problema en imponer con violencia la vía libre para las marchas de los nazis, y a la vez criminalizar a la resistencia antifascista. Así pasó también el lunes en Potsdam y Múnich, cuando los bloqueos exitosos contra Pegida fueron atacados por la policía con palos y gas pimienta para liberar el camino para los fascistas – entre ellos incluso asesinos –.

¿Y por qué deberían comportarse de manera distinta? A fin de cuentas, la policía lleva a cabo la política que los nazis demandan vehementemente, como son los controles racistas y las deportaciones. Una respuesta de la izquierda a la violencia fascista, por ende, también tiene que dirigirse contra el Estado que con sus leyes, el ajuste social y sus guerras le está haciendo el juego a los nazis.







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