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Octavio Crivaro: "Los trabajadores no podemos dejarles la calle a los amigos de Vicentin"

En esta nueva edición de #SinVueltas desde Santa Fe, Octavio Crivaro te cuenta la situación del movimiento obrero en la provincia.

Domingo 19 de julio | 21:49

#SinVueltas | Octavio Crivaro: los trabajadores no podemos dejarle la calle a los amigos de Vicentin - YouTube

El mundo entero está conmovido por la pandemia del coronavirus que empeora la ya delicada situación de millones de trabajadores en todo el planeta. Y argentina no es la excepción.

Ante una crisis tan grande como la que atravesamos, los empresarios, apoyados por la derecha de Cambiemos, se juegan a empeorar más aún nuestras condiciones de vida, nuestros salarios, nuestros derechos laborales, nuestra posibilidad de trabajar.
Frente a estos empresarios que afilan el lápiz de su voracidad, las medidas del gobierno no apuntan a resolver las problemáticas populares sino que dejan que estos sectores poderosos y concentrados avancen. Para ser gráficos, el pasado 9 de julio Alberto sentó en su mesa a lo más destacado de las cúpulas patronales del país, lo que llegó a valerle las críticas desde su propio espacio.

En la región el descontento crece y empezó a tener expresiones muy fuertes. Médicos, enfermeros, docentes, estatales, aceiteros y algodoneros empleados de los estafadores Vicentin, choferes de colectivo, precarizados de las apps, gastronómicos, e incluso empresas que amenazan con dejar muchas familias en la calle como el caso de Verbano en Capitán Bermúdez.

Probablemente el paro histórico de choferes en Rosario, que también se da en otras ciudades importantes del interior, sea un punto de inflexión en esta realidad que decimos. Y no solo es un punto fuerte por la importancia esencial del transporte, sino porque en estados donde el transporte no es un derecho público y sin fines de lucro, sino un negocio, se pasan la pelota entre empresarios que viven de los subsidios y los tres niveles de gobierno, que juegan con un derecho del pueblo trabajador, mientras se niegan a tocar la plata de los que más tienen. En el medio quedan los y las choferes, que no cobran o cobran mal, y miles de trabajadores, que son considerados esenciales, pero a los que el Estado no les garantiza ni siquiera la posibilidad de viajar en colectivos, que ya brindan un pésimo servicio.

El conflicto de los colectivos, además, es la primera gran expresión de una crisis fiscal en los estados y muestra la falta de respuesta de los gobiernos a la hora de garantizar los salarios de miles de trabajadores y trabajadoras. Es lo mismo que vemos de fondo cuando Perotti y los gobernadores congelan los sueldos y otorgan aguinaldos en cuotas. ¿Recuerdan que el gobierno anunció un impuesto a las grandes fortunas para que la crisis no afecte a los laburantes? ¿Dónde fue a parar ese proyecto?

El tema Vicentin también abrió la puerta a un debate mucho más profundo de lo que pretendía el gobierno: las riquezas que generan los trabajadores del campo y de las grandes aceiteras, se la llevan los empresarios a través de los puertos. El feriado del 9 de julio la federación de aceiteros realizó una caravana junto otros sindicatos y organizaciones políticas en defensa de los puestos de trabajo y en apoyo a la intervención que planteó Alberto Fernández. Pero como dijimos, es el propio Alberto el que junto a Perotti fueron retrocediendo paso a paso frente al chantaje de Vicentin, de las entidades ruralistas y de la derecha, llegando Alberto al colmo de decir que había sido un error del que se arrepentía.

La única manera de garantizar la defensa de los puestos de trabajo es enfrentar a Vicentin y sus intereses, como hacen los trabajadores y las trabajadoras de la algodonera Avellaneda, que hace semanas que paran y pelean por sus salarios de hambre. Para que cada trabajador de Vicentin conserve su laburo, es fundamental apuntar a la expropiación sin pago de esos estafadores, para que la empresa funcione bajo gestión estatal y control de los trabajadores. Medidas de fuerza, con paro y movilizaciones, de los aceiteros, podrían volver realidad este planteo.

El Ministro de Trabajo de Omar Perotti, Roberto Suckerman, afirmó que en la provincia se perdieron 25 mil puestos de trabajo en un año. Lo que no dice el gobierno es porque en medio de una pandemia y habiendo un DNU contra los despidos, hay 10 mil nuevos desempleados en Santa Fe desde que comenzó la cuarentena. Eso si contamos sólo a los trabajadores registrados.

En sintonía con el “siga siga” para los grandes empresarios, al gobernador no parece no conmoverlo el reclamo de miles de docentes, estatales, médicos y enfermeros en la provincia.

Sin mesas de discusión salarial, con aguinaldos en cuotas, con más de 20 mil reemplazantes abandonados a su suerte y presionados con la vuelta a clases en agosto que exige la Ministra de Educación Cantero, la docencia santafesina pasa momentos de tensión. La conducción sindical de Sonia Alesso extiende su manto de pasividad para garantizar la “gobernabilidad” de Perotti sobre el abandono de las demandas de las maestras. Por su parte las seccionales opositoras de AMSAFE lanzaron la convocatoria a asambleas docentes para debatir y votar cómo continuar sus reclamos.

Los y las trabajadoras de la salud también la ven complicada. La precarización del sector, que precede a la pandemia, se profundizó exponencialmente con el avance del virus. Médicos residentes que cubren jornadas de hasta 36 horas sin francos, o reemplazantes en centros de salud que vienen supliendo licencias desde marzo con los llamados “contratos COVID”. Muchísimos trabajando como monotributistas, no rentados, o directamente en negro, sin ART ni aportes jubilatorios, a la par que avanzan los casos de contagios en el sector, como ocurrió en Rosario o en Venado Tuerto hace algunas semanas. Tanto desde ATE, como desde Siprus vienen denunciado esta situación, lamentablemente sin respuestas. Es un verdadero crimen lo que el gobierno está haciendo con trabajadores de la primera línea, que pasaron de héroes a desprotegidos casi en el mismo acto.

En Capitán Bermúdez hay 120 familias que vienen reclamando de forma urgente la continuidad de su fuente laboral. Son las y los trabajadores de la ex Verbano. Si bien el sindicato ceramista de Capitán Bermúdez anunció que a partir del lunes comenzarán a reingresar algunos trabajadores a la planta, el panorama aún es incierto para más de un centenar de personas.

Los ataques patronales y las respuestas de trabajadores también se hacen sentir en el sector gastronómico: laburantes del icónico bar El Cairo, y del reconocido Rockandfellers, ambos de Rosario, protestaron dentro de sus lugares de trabajo exigiendo el pago de horas adeudadas, los aguinaldos, y denunciando la precariedad laboral a la que se ven sometidos, con exposición al coronavirus. Estos trabajadores, muchos de ellos jóvenes, se suman a la ola de descontento que viene teniendo a los repartidores de las apps como punta de lanza, como así también a pibes y pibas que se organizan dentro de la Red de precarios e informales.

Como vemos, hay amplios sectores de la clase trabajadora que reflejan la voluntad de pelearla, y sobre todo, que hay fuerza para poder hacerlo. El gobierno hace gestos de querer avanzar sobre los llamados poderes reales, pero se queda ahí, en gestos, y a veces ni siquiera eso. Ante cada mínima presión de la derecha termina cediendo.

Hay que ocupar ese lugar que la derecha pretende usurpar para defender a estafadores y la propiedad privada de un puñado de parásitos que hacen negociados a nuestras costillas, siempre de la mano de los gobiernos.

¿Cuánto más avanzarían los ataques de los empresarios y las medidas antipopulares de Perotti, si enfrente tuviera la fuerza de los grandes sindicatos de la provincia y la fuerza de los trabajadores? Poco probablemente. Pero hoy esos sindicatos avalan o directamente apoyan la política del oficialismo, a costa de permitir ataques.
Ahí es donde las organizaciones que están hoy en la calle, pueden jugar un rol movilizador clave. Un gran paro regional, convocado por los aceiteros de Rosario, las seccionales opositoras de Amsafe, por Siprus, por ATE y demás sindicatos podría plantear esa necesidad como algo concreto ¿Cuánto duraría la derecha en la calle, fogueada por el macrismo, si a las trabajadoras y trabajadores organizados se sumaran los desocupados con sus reclamos de asistencia y trabajo genuino, o los miles de estudiantes que tienen que abandonar sus carreras y renunciar a sus proyectos porque los atrapó la crisis?

Desde el PTS en el FITU, creemos que estos sindicatos tienen la fuerza para convocar al paro e impulsar la unidad con otros sectores que no están dispuestos a pagar la crisis. Como son los chóferes. El sindicato aceitero ocupa un lugar estratégico en la economía nacional, sus trabajadores generan uno de cada tres dólares que entran al país. Lo mismo los y las del sector salud, que en un contexto como el actual resalta aún más su carácter de esenciales; o los miles de docentes que sostienen la educación pública en toda la provincia. Con esos sectores como punta de lanza, podría convencerse a los trabajadores de actividades con dirigencias sindicales vendidas, e imponer a esas organizaciones la necesidad de pelearla, algo a lo que, hasta hoy, se niegan.

Pelear por torcer la realidad con los métodos de la clase trabajadora, junto a desocupados, estudiantes, jubilados, cada día que pasa se convierte más en una necesidad, porque a la salida de la pandemia hay una crisis enorme que los capitalistas ya están descargando sobre nuestros hombros, y los gobiernos no paran de demostrar de qué lado se van a posicionar. Por eso depende de nosotros. Muchas gracias por acompañarnos en una nueva edición de sin vuelta. Hasta la semana que viene.







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