Economía

PANORAMA

Pánico financiero global: riesgos de naufragio para la negociación de la deuda argentina

¿Cómo pega en la Argentina el derrumbe financiero internacional?

Esteban Mercatante

@EMercatante

Lunes 9 de marzo | 12:11

La “guerra del petróleo” entre Arabia Saudita y Rusia, que no se pusieron de acuerdo para un freno de la producción de petróleo, lo que disparó caídas de más de 30 % en el precio del barril de crudo (el Brent llegó a cotizar en USD 31 dólares), empujó a nuevos desplomes de las bolsas de todo el mundo. Wall Street cayó esta mañana más de 7 % y suspendió operaciones, lo mismo que ocurrió en la bolsa de San Pablo cuando el derrumbe llegaba a 10 %. Todas las monedas de los países “emergentes” fueron arrastradas por el pánico financiero mundial.

Esto profundiza la tendencia bajista de las bolsas que se inició el lunes de la semana pasada. El detonante, es el nerviosismo sobre los impactos económicos del coronavirus. Pero el trasfondo son los débiles “fundamentals” de la economía mundial, entre ellos el deterioro de la inversión y el aumento del peso de la deuda, por los cuales hace tiempo se viene discutiendo si puede desencadenarse una recesión. El FMI llamó hoy a la coordinación entre los países para responder al pánico financiero, emulando lo hecho por las principales economías ante la crisis de 2008. Para esto jugó un rol central el Departamento del Tesoro de EE. UU., algo que hoy, con Trump liderando la principal potencia imperialista, parece más difícil de lograr.

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Esto pone en zona de riesgo la negociación de la deuda argentina llevada adelante por el gobierno de Alberto Fernández. De acuerdo al cronograma presentado por Economía a finales de enero, para el 31 de marzo debería haber un acuerdo de reestructuración de la deuda en dólares bajo ley extranjera (alrededor de USD 70.000 millones). El 1 de marzo Hacienda había dado a conocer los bancos encargados del acuerdo, que son nada menos que el HSBC y el Bank of America. Esto fue interpretado como un guiño a favor de los inversores, ya que se trata de bancos claramente sensibles a los intereses de los bonistas. Pero en la semana pasada los grandes fondos de inversión entraron en un estado de decepción, luego de visitar al ministro de Economía Martín Guzmán para discutir la oferta, de la que se llevaron pocas precisiones, y las que tuvieron fueron consideradas poco alentadoras (como una reducción de intereses a la mitad).

Con el riesgo país llegando a los 2.800 puntos y los bonos cayendo a una cotización promedio de menos de 40 dólares, empiezan a estar cada vez más a tiro de los buitres. Hoy el grueso de los papeles están en manos de los “lobos de Wall Street”, es decir, los principales fondos de inversión, como Templeton o Black Rock. Son fondos que quieren exigir al país el mayor compromiso de lo que pueda pagar, limitando las quitas y plazos de gracia. Pero a diferencia de los buitres prefieren evitar juicios que pueden demorar años. Cuanto más cae el valor de los bonos, empeora el negocio para estos fondos de inversión, y se hacen mayores las probabilidades de que decidan vender sus bonos a los buitres. Para estos últimos, el negocio es comprar bonos a precios de remate, como los que empiezan a tener ahora, e ir a juicio. En las cortes de Nueva York (habilitadas para discutir la deuda argentina porque hace décadas gran parte de esta se emite con claúsulas de prórroga de jurisdicción), siempre podrán encontrar un juez como Thomas Griesa que obligue al gobierno argentino a pagar con creces.

Todo esto pone cada vez más en zona de riesgo la estrategia del gobierno, cuya gran apuesta es que los acreedores le permitan ser un ajustador “con anestesia”. Lograr algo de quita y años de gracia lo obligaría de todos modos a buscar superávit fiscal y continuar con medidas “solidarias” como las que viene realizando con las jubilaciones, y ya esbozó que continuará con los tarifazos, aunque luego de que esto fuera anunciado por sus ministros el presidente lo desmintiera. El desplome de los bonos y la fuga de los inversores financieros hacia los activos considerados como más seguros, puede hacer más difícil alcanzar un punto de acuerdo entre la voracidad de los bonistas y las necesidades del gobierno. La cesación de pagos, no querida por el gobierno, se hace cada día más probable. Con la estrategia de Fernández, los escenarios alternativos para el pueblo trabajador consisten en ofrecer opciones entre lo malo y lo peor.

Pero la rendición incondicional a los bonistas y el default caótico no son las únicas alternativas posibles. Antes de que se concrete la catástrofe que nos amenaza, es necesario movilizarnos para imponer un repudio soberano de la deuda odiosa, acompañado de otras medidas de emergencia como la nacionalización de los bancos y el monopolio del comercio exterior, pasos iniciales fundamentales para empezar a encarar una serie de transformaciones de fondo para cortar con los nudos del atraso y la dependencia.







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